
miércoles, 20 de junio de 2018
Oración por la vida
La restauración de la cultura cristiana
Centro Jurídico Tomás Moro, 18.06.2018
La crisis del catolicismo actual se puede explicar de
múltiples formas, y se puede argumentar y sustentar desde una gran amplitud de
perspectiva, pero en síntesis podríamos resumir la crisis del catolicismo como
lucha entre el entreguismo a la modernidad, o la fidelidad de la tradición.
John Senior en su libro “la restauración de la cultura
cristiana” aborda precisamente la crisis religiosa de occidente planteando al
lector la única solución posible: la vuelta a los principios. La principal
tesis (la única tesis posible) que nos plantea Senior para restaura la cultura
cristina es volver nuestros ojos y nuestra experiencia a la realidad,
redescubrir el mundo desde el contacto directo con la naturaleza, con la
realidad del ser humano, y alejarnos de tecnologías que no han servido para
liberar al hombre, sino más bien todo lo contrario, han servido para desplazar
al hombre desde el centro de la creación a los recónditos espacios de lo
accesorio.
La editorial Homo Legens nos presente uno de los
libros claves para entender al sorprendente John Senior, que ya en la década de
los 70 del siglo pasado demostró que la restauración de los valores cristianos
era una realidad posible y alcanzable. Su experiencia en la instauración del
Programa de Humanidades Integradas Pearson, demostró que solo era necesario
acercar la tradición a la juventud universitaria (de la Universidad de Kansas)
para que la semilla de la tradición germinara en cientos de conversiones al
catolicismo entre una población que vivía instalada en el relativismo y la
artificialidad.
En uno de los pasajes magistrales de su libro, Senior
llega a afirmar que “ninguna restauración seria de la Iglesia o de la sociedad
podrá ocurrir sin el retorno a los primeros principios, pero antes que a los
principios debemos retornar a la realidad ordinaria de la que se alimentan los
principios”.
En este camino a los principios el católico se tiene
que armar de intelecto y voluntad, intelecto para depurar lo esencial de lo
accidental, la modernidad de la tradición, y voluntad para enfrentarse a un
mundo hostil con la verdad y la belleza.
Como cristianos la tarea de la restauración no es
nueva, ya que el desafío es similar al que enfrentaron los cristianos en el
siglo V con las invasión bárbara; no obstante nuestra situación actual es más
compleja por cuanto la caída del Imperio Romano fue provocada por pueblos que
conservaban la capacidad de creer y que conservaban el contacto con la naturaleza,
sin embargo en el presente los barbaros viven instalados en el relativismo
(religioso, moral, económico, social …) e instalados en una sociedad
artificial. Senior llega a afirmar que nuestros tiempos son similares a los de
San Jerónimo, dado que los bárbaros han destruido nuestras instituciones
culturales, aunque esta vez desde dentro.
El grito desesperado de Senior no recuerda a las
palabras pronunciados por San Juan Pablo II, en su discurso en Santiago de
Compostela (9 de noviembre de 1982), al reconocer que “Europa está además
dividida en el aspecto religioso: No tanto ni principalmente por razón de las
divisiones sucedidas a través de los siglos, cuanto por la defección de
bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal
y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza equilibrio a las
personas y comunidades” discurso que finalizó con aquella famosa admonición
dirigida a Europa “Vuelve a encontrarte. Sé tú misma.”
No obstante, por desgracia constatamos que algunas de
las afirmaciones realizadas por Senior han sido tristemente superadas, así para
el profesor estadounidense la crisis de fe “no se trata de una merma de fe
entre los humildes sino de una desintegración de la razón en las clases
dirigentes, entre los jueces, los escritores, los profesores y, sobre todo,
entre los clérigos”, crisis que por desgracia hoy en día ya afecta a los
humildes y a los cristianos de base, que viviendo tantos años sin pastores
dignos de ese nombre van perdiendo poco a poco el sentido natural de la fe,
contagiándose del relativismo destructor de la verdad.
“La restauración de la cultura cristiana” denuncia
igualmente el relativismo instalado incluso en la vida universitaria, y lo que
es más peligro, instalado incluso en las universidades católicas en donde “la
religión cristiana puede ser estudiada siempre y cuando no se crea en ella”.
Senior ya en el siglo pasado nos anticipaba que el relativismo ha tomado un
carácter totalitario que cercena cualquier tipo de libertad científica,
artística, y desde luego cualquier posibilidad de libertad religiosa.
La obra que la editorial Homo Legens nos presenta, no
es solo una obra de denuncia, sino una obra de esperanza al aportarnos su autor
el único verdadero camino de la salvación social: volver a la tradición, volver
a los orígenes, creando círculos de resistencia en las familias y las
comunidades convencidas del triunfo definitivo de la verdad y la belleza.
martes, 19 de junio de 2018
Otro antecedente sobre Mons. Angelelli
viernes, 15 de junio de 2018
Comunicado de la CEA
VALE TODA VIDA
La Cámara de Diputados de la Nación ha aprobado el
proyecto de despenalización del aborto. Nos duele como argentinos esta
decisión.
Pero el dolor por el olvido y la exclusión de los
inocentes debe transformarse en fuerza y esperanza, para seguir luchando por la
dignidad de toda vida humana.
Seguimos sosteniendo la necesidad que en el debate
legislativo que continúa, pueda haber diálogo. La situación de las mujeres
frente a un embarazo no esperado, la exposición a la pobreza, a la marginalidad
social y la violencia de género, siguen sin tener respuesta. Simplemente se ha
sumado otro trauma, el aborto. Seguimos llegando tarde.
Tenemos la oportunidad de buscar soluciones nuevas y
creativas para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto. La Cámara de
Senadores puede ser el lugar donde se elaboren proyectos alternativos que
puedan responder a las situaciones conflictivas, reconociendo el valor de toda
vida y el valor de la conciencia.
Es necesario un diálogo sereno y reflexivo para
responder a estas situaciones. Vivir el debate como una batalla ideológica nos
aleja de la vida de las personas concretas. Si sólo buscamos imponer la propia
idea o interés y acallar otras voces, seguimos reproduciendo violencia en el
tejido de nuestra sociedad.
Como Pastores, este último tiempo nos ha servido para
reconocer debilidades en nuestra tarea pastoral: la educación sexual integral
en nuestras instituciones educativas, el reconocimiento más pleno de la común
dignidad de la mujer y el varón, y el acompañamiento a las mujeres que se ven
expuestas al aborto o que han sido atravesadas por dicho trauma. Todas estas
son llamadas de la realidad que nos convocan a una respuesta como Iglesia.
Queremos agradecer a todas las personas que, con
auténtico respeto hacia el otro, han expresado sus ideas y convicciones aunque
hayan sido distintas a las nuestras.
Valoramos la honestidad y valentía de todos aquellos
que en distintos ambientes de la sociedad han sostenido que vale toda vida y,
de un modo particular, a los legisladores que han expresado esta mirada.
Con humildad y coraje, nos proponemos seguir
trabajando en el servicio y el cuidado de la vida.
Que María de Luján, que conoció la incertidumbre de un
embarazo inesperado, interceda por el Pueblo argentino, especialmente por todas
las mujeres que esperan un hijo, y por todos los niños y niñas que están en el
vientre de su madre.+
Buenos Aires, 14 de junio de 2018
Comisión Ejecutiva
Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF)
Conferencia Episcopal Argentina
miércoles, 13 de junio de 2018
La fe católica disminuye en el mundo
Por Aciprensa | 13 junio, 2018
Casi la mitad de los católicos se encuentran en
América, el 13,3% en Brasil. África sigue siendo un lugar de crecimiento.
Disminuye ligeramente el número de sacerdotes. Son los datos que se desprenden
tras la publicación del Anuario Pontificio.
La Tipografía Vaticana publicó ayer 12 de junio el
Anuario Pontificio 2017 y el Anuario de Estadísticas de la Iglesia 2015, en
donde se dan a conocer las últimas cifras sobre el número de católicos en todo
el mundo.
Entre las cifras más importantes, presentamos estas
cinco:
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1.- Hay 1299 millones de católicos, que suman el
17,67% de la población mundial
En el año 2015 esa cifra era de 1285 millones. Aunque
el aumento ha sido de 14 millones, en porcentaje se aprecia una ligera
disminución ya que se pasó del 17,73% de la población del mundo al 17,67%.
En abril de 2015, el Pew Research Center publicó una
investigación que señalaba que la población cristiana (católicos y otras
denominaciones) llegaba a 2300 millones, seguidos por los musulmanes con 1800
millones, y los que afirman no tener religión con 1200 millones de habitantes.
El mismo estudio indica que para el año 2035 los
musulmanes superarán en nacimientos a los cristianos con 235 y 224 millones
respectivamente.
2.- América tiene al 48,6% de católicos
De este porcentaje, informa el diario del Vaticano,
L’Osservatore Romano, el 57,5% está en América del Sur.
Europa aparece en segundo lugar con casi 22%, mientras
que en África está el 17,6%, seguido de Asia con el 11%.
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Oceanía, con un aproximado de 10 millones de
católicos, aparece en último lugar con un aproximado de 0,76%.
3.- Brasil es el país con más católicos en el mundo
En Brasil viven alrededor 173,6 de millones de
católicos, lo que representa el 13,3% de fieles del mundo y el 27,5% de América
del Sur.
4.- Hay 687 sacerdotes menos
El año 2016 marca un descenso en el número de
sacerdotes respecto a 2015. Ahora hay 687 presbíteros menos ya que los
sacerdotes pasaron de ser 415,656 a 414,969.
De los sacerdotes, el 67,9% pertenece al clero
diocesano, mientras que el otro 32,1% es parte del clero religioso.
5.- El aumento de los católicos se debe a África
L’Osservatore Romano explica que África, con el 17,6%
de los católicos del mundo, se caracteriza por “una difusión de la Iglesia
Católica muy dinámica: el número de católicos pasó de poco más de 185 millones
en 2010 a más de 228 millones en 2016, con una variación de 23,2%”.
En África, la República Democrática del Congo está en
el primer lugar de católicos con más de 44 millones, seguidos por Nigeria con
28 millones; y Uganda, Tanzania y Kenia que registran cifras similares.
Artículo publicado en Aciprensa (gráficos de Fiorella
Garrido)
lunes, 11 de junio de 2018
Creí, por eso hablé
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo emérito de
La Plata, en la Misa de despedida de la arquidiócesis
(Iglesia catedral, 10 de junio de 2018)
Aica, 11-6-18
El Génesis, primer libro de la Torá hebrea, comienza
con la palabra Bereshit, en el principio. El texto, en el que se transmite la
revelación divina sobre la protohistoria de la humanidad, asume tradiciones,
estilos y elementos culturales muy diversos, como corresponde a la encarnación
de la Palabra. El Evangelio de Juan comienza con la misma expresión: En arjé,
en el principio era el Lógos, el Verbo, y este principio es el de la nueva
creación. El fragmento del capítulo tercero del Génesis, que escuchamos como
primera lectura de esa liturgia, expone las consecuencias dramáticas de lo que
la teología católica llama pecado original. La protohistoria da paso a la
historia, que empieza mal, con la pérdida de la situación edénica, paradisíaca;
la cercanía con Dios queda perturbada por el hombre mismo, que pretende ponerse
en el lugar de su creador. Entonces sobreviene el exilio de los desterrados
hijos de Eva; habrá que esperar que la Mujer, la nueva Eva, y su descendencia
que es Cristo, aplasten la cabeza de la serpiente. Entre tanto, y aun después
de la realidad efectiva de la redención de la que gozamos, falta que podamos
echar mano, finalmente, al árbol de la vida, en el post exsilium en el que
María nos muestre el rostro de Jesús, como aspiramos en la Salve Regina.
Los símbolos que se destacan en el relato genesíaco
son ancestrales, tienen raíces en las más diversas culturas. A la luz de la
fenomenología de las religiones, la historia comparada de éstas, y sobre todo a
la luz de la fe cristiana, las figuras empleadas resultan fácilmente comprensibles.
En el ambiente cultural de la época de la redacción, fecha que es todavía
discutible, el árbol, la serpiente, la mujer y su relación con el varón
corresponden a conceptos arraigados en la experiencia humana, y de valor
sagrado. En el libro del Apocalipsis (12, 9) se habla de la antigua Serpiente,
llamada Diablo o Satanás, seductor del mundo entero; allí se la identifica
también como Dragón. Al lector de la antigüedad no podían sorprenderle estas
expresiones, simbólicas o míticas, que hablan de una realidad, la de ese
siniestro entrometido en la historia humana, cuya existencia y actuación son
indiscutibles para la fe que profesamos; y comprobable en los hechos, en
muchísimos hechos que resultarían incomprensibles si se descartara este dato.
Quiero decir que el diablo existe.
Las consecuencias del pecado son registradas como un
inmediato desequilibrio: el temor ante la voz de Dios, y la conciencia de la
desnudez, hoy día desafiada por los estúpidos alardes nudistas en las playas o
en las selfies. Aquel miedo, razonable para la razón caída fuera del ámbito
restaurado de la fe, puede ser acallado misteriosamente, por ejemplo, en las
incredulidades ligeras, contagiosas, de quienes promueven hoy la apostasía de
los paganos bautizados, aquí en La Plata.
Es llamativo el orden inverso que el redactor observa
al registrar la cobarde acusación del hombre a la mujer, y de esta a la
serpiente; y, por otra parte, en la maldición del Creador al tentador, seguido
del castigo a la mujer, el dolor del parto y el dominio machista del marido, y
la pena que cae sobre el hombre. Y que es ganar el pan con el sudor de su
frente. En el original hebreo, al varón se lo llama adam, o ish, y a la mujer,
varona, ishshá. El pasaje escogido para esta liturgia omite, de la segunda
serie, el castigo del varón y la varona, y concluye con la auspiciosa profecía
del triunfo final de la mujer y su descendencia, objeto de nuestra esperanza;
ese triunfo resolverá la enemistad que explica en profundidad la dialéctica de
la historia humana.
Me he detenido en el comentario del pasaje del
Génesis, porque en los domingos del tiempo ordinario, la primera lectura,
tomada del Antiguo Testamento –profecía del Nuevo– es elegida para preparar el
Evangelio anticipando la temática en éste expuesta.
El texto del capítulo tercero de San Marcos que se ha
proclamado exigiría un detenimiento en varias cuestiones que parecen de detalle
y que han suscitado problemas en la historia de la interpretación; sin embargo,
prefiero centrarme en el mensaje, el kérygma, en relación con el anticipo
ofrecido en el pasaje del Génesis. Es la respuesta del Señor a la cuestión
ridículamente calumniosa que plantean los escribas judíos, doctores de la Ley,
que hurgaban en la Sagrada Escritura. Se encontraba Jesús, probablemente en
casa de Pedro. Conocían la actividad taumatúrgica del Señor, que curaba a los
enfermos y expulsaba a los demonios del cuerpo de los posesos; no podían negar
el carácter extraordinario de los hechos y del poder que los causaba.
Incapaces de reconocer la obra de Dios, o mejor dicho,
enceguecidos y empecinados en no hacerlo, lo atribuían al mismo Sátanas,
príncipe de los demonios. Belzebul es un nombre discutido; quizá significa
“Baal de las moscas”, el dios pagano de Eqrón, con él se quiere indicar al
enemigo por excelencia. Jesús refuta el planteo de los escribas con una
sencilla parábola, y pronuncia una condenación definitiva contra los blasfemos
de la peor especie, los que lo hacen contra el Espíritu Santo. El término
blasphemía[c] pasa tal cual al castellano; en el griego clásico significaba ya
una injuria, una impiedad contra los dioses. Más técnicamente: eran las
palabras que desvirtuaban los ritos como un mal augurio, como una plegaria
inconsiderada, como maldición, y se introducían en la ceremonia de un
sacrificio religioso.
En el Catecismo de la Iglesia Católica aparecen seis
referencias a la blasfemia, una de ellas citando el pasaje que vamos
comentando; también para ilustrar la existencia del infierno y su eternidad;
otra vez como ejemplo de los actos intrínsecamente malos, siempre gravemente
ilícitos por razón de su objeto, y como muestra misma del pecado mortal. Al
explicar el segundo mandamiento, el Catecismo extiende la prohibición de la
blasfemia [c]a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas
sagradas (2148). Resulta ahora que para la tilinguería cultural de la pobre
Argentina que vivimos, es una obra de arte la torta que representan a Cristo
yacente, y arte en acción el comérsela. La blasfemia hace valer sus derechos al
condenar la justa protesta del Cardenal Primado y al reprochar como cobarde la
retórica disculpa del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pero
volvamos al texto del Evangelio.
Jesús es el hombre fuerte que ató al Enemigo y saqueó
sus bienes, esto es, la masa de hombres que él tiranizaba. Por eso recibimos
los creyentes el perdón de los pecados y podemos formar parte de la verdadera
familia de Jesús, integrada por aquellos que como Él hacen la voluntad del
Padre; los que creen, como María, dichosa porque creyó y por eso, por su fiat,
fue Madre. Satanás no se dividió, no se levanta contra sí mismo; al contrario,
intenta filtrarse por cualquier rendija que encuentra en la Casa de Dios que es
la Iglesia, y en el corazón de cada uno de nosotros. La simple comparación
evangélica permite advertir la inteligencia, la astucia del Enemigo, que se
empeña en una obra de desgaste de nuestra fe, de entibiamiento de nuestro amor;
él sabe armar un tinglado para el engaño y cuenta con marionetas ingenuas o
voluntarias que ejecutan sus designios.
Cultura se llama al conjunto de conocimientos, modos
de vida y costumbres que tienen vigencia en una época o sociedad determinada.
Cuando este complejo se descristianiza, y la Iglesia por falta de recursos o
por incuria lo abandona, se retira, se recluye, la cultura queda a merced del
príncipe de este mundo, del padre de la mentira. Él es un inspirador invencible
de ese tipo de diálogo o encuentro en el cual los hombres son inducidos con
arte refinado a la blasfemia contra el Espíritu Santo. Solo los santos
advierten plenamente, con perspicacia sobrenatural, tan delicadas artimañas, y
no le dejan al que te dije el campo abierto.
En el fragmento de la Segunda Carta a los Corintios,
que nos presenta también la liturgia de este Domingo, San Pablo habla de su
ministerio apostólico, que tiene por base la fe. En ese servicio que el Señor
le ha encomendado, el poder de Dios se manifiesta a través de la fragilidad del
enviado, que es un recipiente quebradizo de tierra cocida. Un exégeta del siglo
XX, el Padre E. B. Állo, comentando esa Carta escribía: el apóstol cree con
toda su alma en la acción divina de Cristo en él y por medio de él; por eso no
teme hablar, con una apertura y una audacia que escandaliza. Su propósito es
defender su manera sin compromisos de predicar el Evangelio.
Pablo cita un versículo del Salmo 115 con el que desea
expresar su confianza. Las traducciones actuales del Salterio varían levemente,
sin alterar demasiado el sentido. Por ejemplo: Tenía confianza, incluso cuando
dije: ‘¡Qué grande es mi desgracia!’; o bien: “yo creía cuando decía: qué
desdichado soy”. El texto de la Segunda Carta a los Corintios reproduce la
versión griega llamada de los LXX, según la cual el salmista dice epísteusa,
diò elálesa: creí, por eso hablé. Del mismo modo entiende el pasaje la Vulgata
latina: credidi, propter quod locutus sum. El Apóstol se apropia de esa
confesión: también nosotros creemos -dice- y por lo tanto hablamos (2 Cor 4,
13). Muy de lejos, modestamente, me atrevo a sumarme a ese “nosotros”;
epísteusa, diò elálesa, yo también: creí, por eso hablé.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata
domingo, 10 de junio de 2018
El Papa agradece a Gutierrez
Por Carlos Esteban
Infovaticana, | 09 junio, 2018
En su 90 cumpleaños, el sacerdote y teólogo Gustavo
Gutiérrez ha recibido una cariñosa felicitación del Papa en la que Francisco le
agradece su “contribución a la Iglesia y a la humanidad”. ¿Cuál?
Que Su Santidad mande una cariñosa carta de
felicitación a un sacerdote por su 90 cumpleaños es noticia, aunque solo sea
porque no es algo que haga habitualmente con todos los sacerdotes longevos,
pero una noticia menor. Más significativo, en cambio, es cuando este sacerdote
especialmente elegido es Gustavo Gutiérrez, ‘padre’ de la Teología de la
Liberación.
La carta es esta:
“Estimado hermano:
Con motivo de tu 90 cumpleaños, te escribo para
felicitarte y pasa asegurarte mi oración en este momento significativo de tu
vida.
Me uno a tu acodo de gracias a Dios, y también a ti te
agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de
tu servido teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados
de la sociedad. Gracias por todos tus esfuerzos y por tu forma de interpelar la
conciencia de cada uno, para que nadie quede indiferente ante el drama de la
pobreza y la exclusión.
Con estos sentimientos, te animo a que sigas con tu
oración y tu servicio a los demás, dando testimonio de la alegría del
Evangelio.
Y, por favor, te pido que reces por mi.
Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide”.
..............
No es que sea el primer detalle de Francisco con
Gutiérrez, con quien Su Santidad se reunió en la Nunciatura Apostólica de Lima
durante su último viaje a Perú, donde vive el nonagenario teólogo.
Tampoco es que le hayan faltado buenos amigos en la
Curia de Francisco, presentes o pasados. En febrero de 2015, por ejemplo, nada
menos que el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y
hoy cada vez más distante de este pontificado, el Cardenal Gerhard Müller,
invitó a Gutiérrez -con quien es coautor de un libro- a hablar en el Vaticano.
Müller hizo en su momento un ‘lavado de imagen’ de
este curioso movimiento teológico que dominó la acción eclesial en
Latinoamérica durante décadas, asegurando que “está basada en una teología de
la palabra y no es una ideología humana”.
En esto hay que decir que el cardenal alemán disiente
de San Juan Pablo II, que aprovechó diversas ocasiones para señalar que la
teoría marxista había tenido una influencia decisiva -y nefasta- en la obra de
Gutiérrez y sus seguidores.
Según el propio Gutierrez, Ratzinger sí “entendía” la
Teología de la Liberación, y se la intentó explicar al entonces Papa Juan
Pablo.
Y es cierto que Benedicto, como indicó en su momento
Gutiérrez, contribuyó a organizar un encuentro de obispos lationoamericanos
para discutir la cuestión en Aparecida, Brasil, en 2007, donde el actual Papa
fue ponente.
Pero esa interpretación de Gutiérrez se compadece mal
con la instrucción que Joseph Ratzinger, en su condición de prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, hizo pública en 1984 sobre los peligros
de este movimiento. En ella, el que luego fuera Papa Benedicto XVI advierte:
“Conceptos adaptados acríticamente de la ideología marxista y el recurso a tesis
de una hermenéutica bíblica marcadas por el racionalismo constituyen la base de
la nueva interpretación que está corrompiendo lo que pudiera haber de auténitoc
en el generoso compromiso inicial a favor de los pobres”.
El texto sigue explicando la “desastrosa confusión”
del ‘pobre’ de que habla la Escritura con el ‘proletariado’ de acepción
marxista, pervirtiendo el significado cristiano y transformando la lucha por
los derechos del pobre en lucha de clases. “Para ellos, la ‘Iglesia de los
pobres’ significa la Iglesia de la clase que ha tomado consciencia de los
requisitos de la lucha revolucionaria como paso hacia la liberación y la cual
celebra esta liberación en su liturgia”.
Después de leer las palabras del predecesor de
Francisco uno entiende que el actual pontífice se complazca en ser llamado
“revolucionario”, aunque la referencia, para otros sectores de la Iglesia,
puede resultar más ominosa.
Amazonía
Los medios dan por hecho que el Sínodo de la Amazonía
abolirá el celibato sacerdotal
Infovaticana, 10 junio, 2018
Dimos en estas páginas el documento que da el
pistoletazo de salida al Sínodo de la Amazonía, un encuentro en el que Su
Santidad ha puesto una evidente ilusión y considerable esfuerzo, quizá
desproporcionado dalo lo exiguo de la población a la que afecta. Aunque enorme
en área, la zona está muy escasamente poblada.
El Sínodo de la Amazonía, un experimento
En el momento de su anuncio, no pocos comentaristas
apuntaron que lo que se presenta como núcleo -la evangelización de los nativos-
es, en realidad, pretexto, y que su transcendencia para la Iglesia estriba en
que servirá de ‘laboratorio’ para una innovación eclesial que lleva décadas
proponiéndose desde los sectores más progresistas.
Y, de hecho, aunque el documento inicial no es en
ningún momento explícito en este sentido, la prensa secular de todo el mundo,
los grandes medios, lo dan por hecho:
Europa Press: ‘El Vaticano afirma que “es urgente
evaluar y replantear los ministerios” pensados para mujeres en la Amazonía’
Reuters: ‘Documento vaticano sugiere papel para
sacerdotes casados, mujeres en el Amazonas’
Associated Press: ‘Vaticano pide ideas “valientes”
para combatir falta de curas’. En este caso, hay que entrar en el texto para
descubrir de qué ‘valentía’ estamos hablando: “La Santa Sede alienta el debate
sobre si hombres casados de probada virtud -los llamados viri probati- pueden oficiar
la misa cuando hay escasos sacerdotes”.
CNN (en español): ‘Vaticano propondría incluir a
mujeres y hombres casados en roles sacerdotales’.
Lo dijimos: La “Iglesia con rostro amazónico” pasa por
la ordenación de hombres casados.
El documento no hace más que referirse a ideas
‘valientes’, a una ‘acción ministerial inclusiva’ y vaguedades por el estilo,
pero quienes organizan y preparan el sínodo han hablado con mayor claridad, por
lo que podemos descartar que estas ‘ideas valientes’ se refieran a establecer
el tipo de órdenes y congregaciones que están fomentando un mayor número de
vocaciones sacerdotales en todo el mundo, como la -ahora defenestrada-
Fraternidad de los Santos Apóstoles de Bélgica.
Es el caso de uno de los principales organizadores de
la reunión, Erwin Kräutler, Obispo Emérito de la Prelatura Territorial de
Xingu, en el estado brasileño de Pará. Kräutler ha dejado muy claro que las
reformas a las que vagamente se refiere el documento incluyen los sacerdotes
casados y no descarta el sacerdocio femenino.
“No hay nada imposible”, sugiere el obispo Kräutler
Kräutler, cuya mano disciernen mucho tras la encíclica
ecológioca Laudato Sì y que ha participado en la redacción del documento
preparatorio del sínodo, ha sugerido ya en el pasado la posibilidad de
ordenación de mujeres.
En una entrevista concedida en 2016, Kräutler aseguró
que la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis de 1994, que descarta el
sacerdocio femenino y cita el Cardenal Luis Ladaria para insistir sobre esta
prohibición ‘in aeternum’, “no es un dogma no tiene siquiera el peso de una
encíclica”.
Y preguntado sobre la posibilidad de que se emprenda
una revisión de este texto magisterial, el obispo se limitó a responder: “¡Aquí
no hay nada imposible!”.
Los dominicos
desafían el consenso secular en las
universidades de élite
(Catholic Herald/InfoCatólica), 9-6-18
La lucha por el
alma de Estados Unidos se está librando, y, al parecer, se pierde en los campus
universitarios. Según una encuesta realizada en 2017 por el Pew Research
Center, es más probable que los millennials se identifiquen como demócratas que
republicanos por un margen de 20 puntos. Una encuesta aún más asombrosa,
realizada en 2016, encontró que solo el 37 por ciento tenía una visión «muy
desfavorable» del comunismo. El 64 por ciento estuvo de acuerdo con el mantra
marxista: «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus
necesidades».
Los cristianos luchan por enfrentar esta tendencia
hacia la izquierda que se avecina. La derecha evangélica ha forjado fuertes
alianzas políticas con políticos como Donald Trump (que difícilmente puede
llamarse tradicionalista) con la esperanza de obtener concesiones sobre la
libertad religiosa. Otros han abogado por un retiro de la sociedad dominante,
al igual que Rod Dreher en su best-seller The Benedict Option.
Pero la Orden de Predicadores están redoblando sus
esfuerzos para retomar el mundo académico. Hace diez años, la Casa de Estudios
Dominicana (DHS) en Washington, DC estableció el Instituto Tomístico con el fin
de llevar su carisma a los estudiantes estadounidenses y británicos. ¿Qué es
ese carisma exactamente? «Compartir con los demás la verdad acerca del Dios a
quien contemplamos en nuestros corazones».
Y así lo han hecho. El Thomistic Institute (TI) tiene
capítulos dirigidos por estudiantes en 30 campus, incluido Oxford, en
asociación con dominicos ingleses. Según el P. Thomas Petri, decano de la
Facultad Pontificia de la Inmaculada Concepción del DHS, el Instituto alienta
«la formación intelectual sobre temas sustantivos y asuntos que están en juego
en la sociedad actual».
De hecho, algunos de sus caminos más importantes
últimamente han estado en la Ivy League: esas famosas universidades de élite
que son omnipresentes con la política liberal-progresista. Eso no sorprende al
P. Dominic Legge, el nuevo Director del Instituto. «Las universidades seculares
contemporáneas no siempre hacen un buen trabajo al abordar las preguntas
existenciales más importantes de los estudiantes», me dijo por correo
electrónico.
«Hemos encontrado que los estudiantes se sienten muy
capacitados cuando pueden traer un orador al campus que aborda las preguntas
que otros profesores no tocan, especialmente si se hace de una manera
inteligente y responsable, aprovechando las riquezas de la tradición
intelectual cristiana».
Asistí a un simposio del Instituto Tomista en Harvard
en marzo sobre el tema «Liberalismo y cristianismo». Los oradores incluyeron
algunos nombres importantes (y controvertidos) de la derecha estadounidense,
incluidos RR Reno de First Things y Julius Kerin de American Affairs. Esperaba
interrupciones, o al menos protestas. Sin embargo, la conferencia se desarrolló
sin problemas. No hubo ni una sola burla, ni una pregunta grosera y puntiaguda
durante la sesión de preguntas y respuestas.
¿Cuál es su secreto? El Instituto Thomistic no
necesita irritar a los izquierdistas para generar debate. Su estilo de
catolicismo gentil pero intelectualmente riguroso es tan ajeno a la experiencia
de muchos estudiantes que no pueden resistir la oportunidad de conocerlos.
Según el predecesor de Legge, el padre Thomas Joseph White, los estudiantes a
menudo acuden a su universidad para preguntar sobre la fe. «Las preguntas que
generalmente encontramos se refieren a la compatibilidad de la ciencia y la
religión, y la naturaleza de las afirmaciones objetivas de la verdad moral,
pero también hay un gran interés en el dogma católico básico», me dijo.
Los dominicos, la orden religiosa más intelectual excepto,
tal vez, los jesuitas, son los únicos en evangelizar en este clima. «La mayoría
de los estudiantes tienen poca capacitación formal en teología o, en algunos
casos, incluso en catequesis básica, pero son intelectualmente sofisticados»,
continúa el P. White. «Tratamos de dar las introducciones a la teología de una
manera apropiadamente adecuada a su nivel. Esto ha demostrado ser bastante
popular».
Entonces, incluso los estudiantes no católicos están
agradecidos por este remanente de la idea de una universidad del cardenal John
Henry Newman. En su libro del mismo nombre, Newman escribió que la educación
terciaria «le da a un hombre una clara visión consciente de sus propias
opiniones y juicios, una verdad al desarrollarlos, una elocuencia para expresarlos
y una fuerza para exhortarlos».
Deberíamos notar que la «idea» de Newman no se trata
del discurso por sí mismo. Aquellos que critican los prejuicios izquierdistas
en el campus a menudo lo hacen en nombre de una especie de relativismo.
Cristianismo o marxismo, conservadurismo o socialismo: todos deberían ser
tratados como igualmente válidos. Otra cosa es proporcionar un foro para el
debate cuyo objetivo es evitar el error y afirmar la verdad. Luego TI entra en
la refriega, como Jenofonte, superado en número en un país hostil, preparado
para luchar en nombre de la fe.
El renacimiento intelectual católico que estos
dominicos están llevando a cabo es ciertamente asombroso. También podría ser un
modelo funcional para las universidades católicas: en lugar de diluir la Fe,
pueden abrazarla con consideración y caridad.
Pero la misión del Instituto también tiene
implicaciones para los no católicos. Pocas otras instituciones están dispuestas
a oponerse a esta nueva cultura académica, que se aleja cada vez más del debate
por temor a ofender a una u otra parte. Mientras el Instituto Tomista
permanezca en la refriega, la guerra por los campus de América continuará.
sábado, 9 de junio de 2018
El proceso de beatificación y canonización
Por: Pedro María Reyes Vizcaíno | Fuente: Catholic.net
Por canonización se entiende el acto pontificio por el
que el Santo Padre declara que un fiel ha alcanzado la santidad. El proceso de
canonización es uno de los procesos especiales que están regidos por una norma
específica. Por la canonización, se autoriza al pueblo cristiano la veneración
del nuevo santo de acuerdo con las normas litúrgicas. La canonización
actualmente es un acto reservado exclusivamente a la autoridad pontificia.
Pero
-sin dejar de ser de competencia exclusiva del Pontífice- al acto de la
canonización precede un verdadero proceso judicial de los más rigurosos que
existen en el mundo. Baste decir que una causa de canonización se desarrolla
generalmente durante decenios, y no es extraño encontrar causas que han durado
siglos; para llegar a la canonización de un fiel se siguen varios procesos ante
diversos tribunales -muchas veces en países distintos- e intervienen diversos
organismos de la Santa Sede. Con el paso de los años, hasta llegar a la
declaración de canonización, pueden haber intervenido decenas de jueces y
oficiales especializados de la Santa Sede que examinan con detalle todos y cada
uno de los pasos que se han dado.
El acto de canonización se suele celebrar en una Misa
presidida por el Papa, y constituye una de las ceremonias más solemnes de la
Iglesia Católica. Hasta fechas muy recientes las canonizaciones se han
celebrado siempre en el Vaticano -en la Basílica de San Pedro, o en la plaza de
San Pedro si la congregación de fieles es muy numerosa- pero Juan Pablo II ha
celebrado varias canonizaciones en sus viajes apostólicos, y en algunos casos
la canonización ha supuesto uno de los acontecimientos más importantes en la memoria
colectiva de una nación: así ocurrió con la canonización del Hermano Pedro (San
Pedro de Bethencour) en Guatemala, o la de San Juan Diego en México.
Canon 1403 § 1: Las causas de canonización de los
Siervos de Dios se rigen por una ley pontificia peculiar.
El procedimiento que se debe seguir en las causas de
canonización está recogido actualmente en la Constitución Apostólica Divinus
perfectionis Magister, de 25 de enero de 1983 (AAS 75 (1983) 349-355) y en las
Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in causis sanctorum
promulgadas por la Congregación para las Causas de los Santos el 7 de febrero
de 1983 (AAS 75 (1983) 396-403). Estas normas modifican y actualizan lo relativo
a las causas de canonización, normas que recogen a veces experiencias muy
antiguas.
En una causa de canonización de un fiel, se
desarrollan varios procesos. En primer lugar, se debe proceder a la
beatificación, que a su vez -normalmente- requiere dos procesos, uno de
virtudes heroicas y otro por el que se declarar probado que Dios ha obrado un
milagro por intercesión del fiel que se pretende beatificar. Una vez
beatificado, para proceder a la canonización se debe declarar probado un nuevo
milagro por intercesión del beato.
A continuación se describe el proceso de
beatificación y canonización.
Fase previa al proceso de beatificación
La Iglesia pide que se introduzcan causas de
beatificación de fieles que hayan fallecido con fama de santidad, y que ésta
sea constante y difundida en diversos lugares. Por ello, para introducir una
causa de beatificación se exige que transcurra un plazo. El derecho exige
actualmente que haya transcurrido un plazo de cinco años desde la muerte del
fiel, y que no hayan pasado cincuenta años. Anteriormente el plazo era de más
de cincuenta años; la legislación actual ha decidido reducir el plazo para
evitar la desaparición de pruebas. En este tiempo, y hasta que se proceda a su
beatificación, la Iglesia prohibe que bajo cualquier aspecto se dé siquiera la
apariencia de culto público al fiel que ha muerto con fama de santidad.
Quienes deseen promover la beatificación de un fiel,
pueden editar y distribuir estampas, hojas informativas y otros impresos en las
que se contengan oraciones al fiel, pero en ellos debe constar la finalidad de
la devoción privada de dicho material impreso.
La espera de cinco años o más, sin embargo, puede ser
muy fructífera. Los promotores de una causa de beatificación pueden aprovechar
estos años para recoger testimonios de personas que conozcan la vida del
candidato a santo, así como para redactar una biografía de exquisito rigor
histórico y con buen aparato crítico y cuidada documentación, que eventualmente
pueda servir para presentarla en los procesos competentes. Además será muy útil
que difundan la devoción privada al fiel cuya canonización desean promover. Se
suele hacer mediante la difusión de estampas u hojas informativas, y
actualmente se incorporan nuevos medios: documentales y vídeos, páginas web, etc.
También se pueden editar libros y folletos, como la biografía que se ha
preparado para el proceso, u otras más sencillas para la divulgación, con tal
de que sean rigurosamente históricas.
Fase diocesana del proceso de beatificación
Existen dos vías para la beatificación: se puede
introducir un proceso de beatificación por virtudes heroicas, o bien puede
incoarse un proceso de martirio. Los recorridos procesales, en ambos casos, son
distintos.
El proceso de beatificación por la vía de virtudes
heroicas tiene como finalidad la declaración de que el fiel vivió las virtudes
cristianas en grado heroico. Al introducir el proceso, se establece la duda
procesal de si el fiel vivió las virtudes cristianas en grado heroico. Mientras
que si el proceso se desarrolla por la vía de martirio, la duda sobre la que se
establece el proceso es si el fiel sufrió martirio por su fe.
En todo proceso -y también en el de beatificación y de
canonización- hay un actor, que es quien asume la responsabilidad de impulsar
el proceso hasta terminarlo. Puede ser actor del proceso de beatificación
cualquier persona, física o jurídica, aunque en estos procesos, dados los
grandes plazos de tiempo que se requieren, lo normal es que sea una persona
jurídica: una diócesis, la familia religiosa a la que pertenecía el fiel, etc.
En algunos casos se han constituido Asociaciones con el fin de promover la
beatificación y canonización de una persona que han sido quienes se han
personado como actores. Quien desee promover una canonización, ha de tener en
cuenta que es una tarea que excede a una sola persona, por los plazos de tiempo
que requiere y por el trabajo que exige.
El actor, además, ha de nombrar un postulador de la
causa. El postulador tiene la función de representar al actor en la causa: es
él quien de hecho se encarga de impulsar la causa. Según las Normae servandae,
promulgadas por la Congregación para las Causas de los Santos, el Postulador
debe residir en Roma en el momento en que la causa se lleve a la Congregación.
Pueden ser Postuladores sacerdotes, miembros de Institutos de Vida Consagrada o
laicos, peritos en historia, teología y derecho canónico y expertos en la
práctica de la Congregación. Se pueden nombrar Vicepostuladores, que ejercen
sus funciones en las diversas partes del mundo como delegados del Postulador.
El tribunal competente para iniciar la causa de
beatificación es el del lugar en que ha fallecido el fiel (Normae, 5, a). El
postulador ha de presentar una biografía del fiel, todos los escritos del fiel
-publicados e inéditos, como cartas, notas de conciencia, etc.- y una lista de
personas que puedan testificar sobre la vida del fiel. También ha de añadir las
razones que avalan la petición: difusión de la devoción privada, atribución de
favores por su intercesión, etc. Desde el momento de la introducción de la
causa, al fiel cuya canonización se pretende se le llama siervo de Dios. El
hecho de que un fiel sea siervo de Dios no prejuzga de ningún modo su santidad;
es más, se pueden ofrecer sufragios (Misas de difuntos y oraciones) por su
alma.
Una vez introducida la causa por el actor, el Obispo
ha de designar censores teólogos que examinen los escritos del siervo de Dios,
los cuales deben certificar que en ellos no se contiene ninguna doctrina
contraria a la fe y a las buenas costumbres. Una vez examinados los escritos, y
si el examen de los escritos es negativo (no hay nada contrario a la fe y las
buenas costumbres), el Obispo debe tomar la decisión de abrir o no el proceso.
De todas maneras, si urge tomar declaraciones a los testigos para que no se
pierdan pruebas, se puede seguir adelante sin esperar a que los censores emitan
su dictamen. Esto es importante en las causas de siervos de Dios que tienen
muchos escritos.
La decisión de Obispo debe tener en cuenta el bien de
la Iglesia universal, para lo cual le puede ayudar conocer la fama de santidad
del siervo de Dios y la difusión de su devoción. Si decide que la causa de
beatificación se inicie, promulga un decreto por el que constituye un tribunal,
nombrando al menos un juez y un promotor de justicia. El promotor de justicia
tiene la función de buscar la verdad del caso: a veces se le ha designado “el
abogado del diablo”, porque en otras épocas no buscaba la verdad, sino que su
función era poner dificultades. Muchas veces participa también en el tribunal
un secretario-notario. En el decreto el Obispo ordena también la recogida de
pruebas y de testimonios.
El objetivo del proceso es establecer si el siervo de
Dios vivió en grado heroico las virtudes cristianas y su fama de santidad; para
ello se examina la vida del siervo de Dios, y se intenta averiguar, por los
hechos de su vida, el modo de vivir las virtudes. Nótese que importan poco los
hechos extraordinarios que puede haber habido en la vida de un siervo de Dios:
una causa en las que el postulador aporte sólo hechos extraordinarios, y no
aporte pruebas del modo en que el siervo de Dios vivió las virtudes,
difícilmente prosperará. Existe la práctica de considerar que se han vivido las
virtudes heroicas, si el siervo de Dios luchó por vivirlas al menos los últimos
cinco últimos años de su vida. Este criterio se ha flexibilizado recientemente
en las causas de niños.
Naturalmente, lo dicho vale para las causas por
virtudes heroicas: si la causa es de martirio, se centrará en el momento de la
muerte del siervo de Dios, pues se trata de demostrar que murió por odio a la
fe. No importarán, por lo tanto, el modo de vivir las virtudes heroicas. Las
pruebas que se han de aportar se referirán, por lo tanto, al momento de su
muerte.
Una vez constituido el tribunal, en él se interrogan a
los testigos, los cuales preferiblemente deben ser de visu (de vista); si no
existen, o alguno aporta datos importantes, se pueden proponer testigos ex
auditu (de oído). Se deben proponer un número notable de testigos que no
pertenezcan al mismo instituto de vida consagrada del siervo de Dios, si es el
caso, y también a personas contrarias a la causa.
Una vez terminada la fase probatoria, se redacta un
documento en el que se examinan los datos recogidos (la llamada positio) y se
envían todas las actas a la Congregación para las Causas de los Santos.
Fase romana del proceso de beatificación
En la Santa Sede es competente la Congregación para
las Causas de los Santos. Dentro de la Congregación, existe un Colegio de Relatores.
Su función es recibir las causas que llegan e impulsarlas, de acuerdo con las
normas de la propia Congregación y con el máximo rigor.
Una vez recibida la causa, se asigna a uno de los
Relatores, el cual preparara las ponencias sobre las virtudes o sobre el
martirio del Siervo de Dios. Esta tarea se suele prolongar durante muchos años,
pues depende ante todo de la importancia de las causas; y la importancia la
determina principalmente la fama de santidad. Por eso si el postulador quiere
impulsar un causa, puede recoger relatos de favores atribuidos a la intercesión
del siervo de Dios, si es posible con documentación que avalen el milagro como
informes médicos, declaraciones juradas, etc. También son útiles otros
documentos que avalen la fama de santidad, como cartas que escriben los fieles.
Otro hecho que impulsa la causa es que se haya iniciado ya el proceso de un
presunto milagro.
La ponencia sobre las virtudes o sobre el martirio se
presenta a la Comisión de Teólogos, los cuales emiten su voto. Si éste es
favorable, se entrega a los Cardenales y Obispos miembros de la Congregación.
Si su voto también es favorable, se presenta al Santo Padre la propuesta de que
se apruebe el decreto de virtudes heroicas del siervo de Dios: una vez
aprobado, el siervo de Dios recibe el título de Venerable.
Las normas
litúrgicas no permiten dar ningún culto a los siervos de Dios declarados
Venerables, pero desde el momento de su declaración han de cesar los sufragios
por su alma, puesto que la Santa Sede ha juzgado que ha vivido en grado heroico
las virtudes cristianas.
Si la causa de beatificación se sigue por vía de
martirio, no se procede a la declaración de Venerable. Como se sabe, para la
beatificación de los mártires no es necesario el proceso del milagro. Una vez
aprobada la ponencia por las dos grupos -Comisión de Teólogos y Congregación de
Cardenales y Obispos- se presenta al Santo Padre, el cual, si lo estima
conveniente, procederá a promulgar el decreto por el que se aprueba el martirio
del siervo de Dios, y ordenará su beatificación.
El proceso del milagro
Es competencia del Obispo del lugar en que haya
ocurrido la investigación del milagro que se atribuye a la intercesión de un
siervo de Dios. Se considera milagro a estos efectos un hecho que no es
explicable por causa naturales, y que se atribuye a la intercesión de un siervo
de Dios. La mayoría de los milagros son de naturaleza médica, pero es posible
investigar milagros de otro tipo; en cualquier caso, el milagro debe ser
físsico: "la práctica ininterrumpida de la Iglesia establece la necesidad
de un milagro físico, pues no basta un milagro moral", según recordó
Benedicto XVI en el Mensaje al prefecto de la Congregación para las Causas de
los Santos. Así, un milagro no médico que ha valido para una beatificación ha
sido una multiplicación de arroz: a modo semejante a la multiplicación de los
panes y los peces, una gran multitud pudo comer con el contenido de un poco de
arroz. El hecho ocurrió el 25 de enero de 1949 en Olivenza (Badajoz, España)
por intercesión de San Juan Macías, y de tres tazas de arroz echados en una
olla salieron bastantes ollas de arroz hervido. Fueron testigos todos los
habitantes del pueblo. El milagro sirvió para la canonización del santo.
Al igual que en el proceso de virtudes heroicas, el
postulador iniciará el proceso en el tribunal competente y propondrá las
pruebas pertinentes. En el caso de milagros médicos, son útiles las pruebas
médicas anteriores a la curación y posteriores, así como el testimonio de los
médicos. No se debe olvidar demostrar que la curación fue por intercesión del
siervo de Dios: deberá testificar, por lo tanto, la persona que haya pedido el
favor al siervo de Dios (que puede ser el beneficiado por el milagro, u otra
persona).
Sólo serán relevantes los milagros que bajo ningún
aspecto pueda ser explicable por causas naturales. En el caso de las
curaciones, por ejemplo, se debe descartar una curación por causas médicas que
aún no se explican, pero quizá algún día se conocerán. El postulador deberá
buscar asesoramiento de un buen médico con recto criterio antes de iniciar el
proceso.
Al igual que en el proceso ordinario, se redacta una
positio y se envían las actas a la Congregación para las Causas de los Santos.
En este caso, sin embargo, no se interviene un relator. Los milagros atribuidos
se estudian en una Comisión de peritos (que será de médicos, si el favor es una
curación), después en un Congreso especial de los teólogos, y por fin en la
Congregación de los padres cardenales y obispos. Si los informes de los tres
grupos es favorable, se presenta al Papa, que es quien tiene la competencia de
determinar lo que sea conveniente.
Si el Santo Padre lo estima conveniente, emite un
decreto por el que se aprueba el milagro y se ordena la beatificación. Tanto en
este caso, como si la beatificación es de un mártir, la fecha de la
beatificación se decidirá más adelante en un Consistorio de Cardenales.
Para la beatificación, el Papa suele designar un
Cardenal que la realice en su nombre. Desde el Año Santo de 1975, Pablo VI
comenzó a realizar personalmente las beatificaciones, costumbre que continuó
Juan Pablo II. Benedicto XVI ha retomado la norma de delegar a Cardenales la
beatificación de los siervos de Dios.
El 29 de septiembre de 2005, la Congregación para las
Causas de los Santos emitió un comunicado en el que indica que la
beatificación, siendo un acto pontificio, será realizada por un Cardenal en
nombre del Santo Padre, que normalmente será el Prefecto de la misma
Congregación. De acuerdo con estas normas, el rito tiene lugar en la diócesis
que ha promovido la beatificación o en otro lugar considerado idóneo, aunque a
petición de los Obispos puede ser en Roma. La beatificación se celebra dentro
de la celebración eucarística.
La canonización
Una vez beatificado el siervo de Dios, para llegar a
la canonización se debe hacer un nuevo proceso. El procedimiento para la
canonización es similar para los beatos mártires y los beatos por vía de
virtudes heroicas.
En la canonización se espera a la intervención de
Dios: es decir, lo que se debe probar es que ha habido un milagro atribuible a
la intercesión del beato. Por lo tanto, se requiere un milagro para proceder a
la canonización de un beato. El milagro debe ser posterior a la beatificación.
Si se da un hecho extraordinario que puede ser milagro, se procede de modo
similar al milagro anterior a la beatificación: se inicia un proceso de
milagro, que es similar al proceso del milagro para la beatificación. Vale por
lo tanto todo lo dicho en su lugar. Una vez terminado el proceso en el que se
prueba que ha habido un milagro, el Santo Padre -si lo estima procedente-
promulgará el decreto por el que se ordena la canonización, y la fecha se decide
en un Consistorio de Cardenales.
Por lo tanto, para proceder a la canonización de un
siervo de Dios, se ha debido probar en juicio que ha habido dos milagros. Sin
embargo, si el proceso es por vía de martirio, se debe probar sólo un
milagro.
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