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domingo, 29 de octubre de 2023

A 30 AÑOS

 


 DE VERITATIS SPLENDOR, LA IGLESIA SE REBELA CONTRA LA GRAN ENCICLICA

 

POR AGUSTÍN DE BEITIA

 

La Prensa, 29.10.2023

 

En el decimoquinto año de su pontificado, en 1993, Juan Pablo II concretó un proyecto postergado: escribir una encíclica dedicada a explicar los fundamentos de la teología moral. Venía madurando esa idea desde hacía al menos seis años. Lo había anticipado, por ejemplo, en la carta apostólica Spiritus Domini, de 1987, escrita con motivo del segundo centenario de la muerte de San Alfonso María de Ligorio, maestro de la moral católica. Si postergó su redacción fue, en parte, porque quiso que antes viera la luz el compendio del Catecismo de la Iglesia católica, con el que este texto dialogaría. Firmada, finalmente, en la fiesta de la Transfiguración del Señor el 6 de junio de 1993, esa gran encíclica que fue Veritatis Splendor fue una respuesta al riesgo creciente de que las verdades fundamentales de la doctrina católica terminaran deformadas o negadas por numerosos teólogos. Un daño que ya estaba a la vista. Tanto era así que no dudaba en hablar de una verdadera “crisis”, porque lo que había empezado, en sus palabras, como “contestaciones parciales y ocasionales”, había dado paso, a esa altura de los acontecimientos, a un clima de desconfianza y rechazo global y sistemático contra el patrimonio moral de la Iglesia.

 

Ese clima de rechazo, Juan Pablo II lo atribuía a corrientes de pensamiento que buscaban emancipar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad. Una mentalidad que veía extenderse incluso en seminarios y facultades teológicas.

 

MUY ACTUAL

 

Treinta años transcurrieron desde la aparición de esa encíclica y el paso del tiempo no ha hecho más que demostrar que el valor doctrinal de ese documento resulta más actual que nunca. Porque la rebeldía de los teólogos, en medio del subjetivismo y el relativismo imperante, no ha dejado de extenderse en estos años. Hasta el punto de que el rechazo a la doctrina tradicional sobre la ley natural, la negación de que los preceptos tienen un carácter universal, y la convicción de que se puede tolerar en el ámbito moral un pluralismo de opiniones y comportamientos, dejados al juicio de la conciencia subjetiva, han escalado dentro de la propia Iglesia hasta alcanzar, como nunca antes, a su más alta jerarquía, empeñada hoy, también ella, en sumarse a la rebelión contra este documento del pontífice polaco y, en última instancia, contra la verdad misma.

 

ANTIDOTO

 

Este aniversario puede entonces servir, providencialmente, como un nuevo llamado a la reflexión, como una ocasión de volver a la sana doctrina, como un antídoto frente a la confusión del presente. Algo tanto más importante cuando está en marcha en estos días una preocupante Asamblea General del Papa con obispos de todo el mundo en el Vaticano que ha sido descrita como una "caja de pandora", de donde se espera que surjan más cuestionamientos e innovaciones en diversos asuntos morales.

 

La décima encíclica de Juan Pablo II, que por todo esto cobra súbitamente otra vez actualidad, no fue una exposición de las enseñanzas morales de la Iglesia -que para eso está el compendio del Catecismo- sino una reflexión sobre las cuestiones de fondo: la relación entre libertad y verdad, entre libertad y naturaleza, entre la conciencia y la ley. Una reflexión, en definitiva, sobre la raíz última que hace que un acto humano sea moralmente bueno. Meditación que se alimenta de las enseñanzas de la Sagrada Escritura, las de Santo Tomás de Aquino y la Tradición viva de la Iglesia.

 

El Santo Padre presenta el fundamento de la teología moral en un horizonte amplio, lejos de rigorismos y casuísticas. Explica que la verdad no solo ilumina la inteligencia, sino que además puede modelar la libertad del hombre, que así es ayudado a conocer y amar al Señor.

 

En este sentido, Wojtyla recuerda que la Iglesia, iluminada por la palabra del Maestro, cree que el hombre está llamado a la salvación mediante la fe en Jesucristo y que se santifica obedeciendo a la verdad. Claro que, reconoce, esa obediencia no siempre es fácil. Y admite que la capacidad del hombre para conocer la verdad puede estar, también, ofuscada por las tinieblas del error o del pecado. Lo que, a su vez, debilita su voluntad para someterse a ella.

 

 

SENTIDO DE LA VIDA

 

El mensaje de esperanza que trae Juan Pablo II es que, aún en medio de las tinieblas, el hombre conserva en el fondo del corazón algo de esa luz de Dios creador, una nostalgia de la verdad, una búsqueda del sentido de la vida, presente y futura, que además puede ver que existe una relación íntima entre una y la otra.

 

El punto de partida de las reflexiones del Santo Padre, desarrolladas en tres capítulos, es una penetrante meditación sobre el diálogo que entabla el joven rico con Jesús, de acuerdo con el relato de san Mateo, y que empieza con la pregunta: “Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?”. De la hermosa exégesis que se nos propone a continuación surgen cuestiones medulares sobre el tema. La primera de todas es que la pregunta del joven está orientada a la consecución del Bien absoluto, que es algo que atrae a todo hombre y que es, en realidad, un eco de la llamada de Dios.

 

En este sentido, Juan Pablo II resalta que la pregunta, y la respuesta de Cristo, que es aclararle que “uno solo es el Bueno” y que lo que debe hacer es cumplir los mandamientos, permite penetrar en el núcleo de la moral evangélica y comprenderla.

 

Así, por ejemplo, el Santo Padre hace notar que en la pregunta del joven está ya la intuición de que hay una conexión entre el bien moral y el pleno cumplimiento del propio destino. Y apunta también que, en la respuesta de Jesús está contenida la ligazón que hay entre la vida eterna y la obediencia a los mandamientos, y entre aquella y el seguimiento de Cristo, que es el “fundamento esencial y original de la moral cristiana”.

 

CAMINO DE PERFECCION

 

Se trata, pues, de un camino de perfección que supone mucho más que el mero cumplimiento legalista de los mandamientos, que sería apenas la primera etapa de ese recorrido.

 

Del razonamiento surge con claridad por qué es necesario que el hombre de hoy vuelva su mirada a Cristo para obtener de él la respuesta sobre lo que es bueno y lo que es malo. Del mismo modo que aparece con claridad cómo la debilidad del hombre, herido por el pecado, restringe su libertad, lo esclaviza. Esto es así porque, alejado de Dios, no gana libertad, sino que la pierde. Es la famosa diferencia entre la “libertad de los hijos de Dios” y la libertad como pretexto para la carne.

 

Sobre lo primero, es decir, la necesidad de volver la mirada a Cristo, la explicación de la encíclica es que “no se trata solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino” (19). Es el llamado a imitar el amor de Jesús al Padre y a los hombres, que es total, hasta el extremo de dar la vida.

 

Respecto de lo segundo, es decir, la imposibilidad para el hombre de imitar y revivir el amor de Cristo por sus solas fuerzas, el texto nos introduce en la relación de reciprocidad que existe entre la ley (antigua) y la gracia (ley nueva). Es lo que San Agustín resume, de modo magistral, así: “la ley ha sido dada para que se implorase la gracia; la gracia ha sido dada para que se observase la ley”.

 

El segundo capítulo está dedicado al discernimiento de una serie de tendencias peligrosas de la teología moral en la cultura contemporánea.

 

Se ocupa primero de las tendencias que debilitan la dependencia de la libertad con respecto a la verdad, porque piensan que el sometimiento a normas no creadas por el hombre -como la “ley natural”- sería incompatible con su dignidad.

 

LA CONCIENCIA

 

Luego se adentra en la relación que hay entre la conciencia y la verdad. Hermosos son, especialmente, los pasajes referidos a la conciencia como “el espacio santo donde Dios habla al hombre”, y también aquellos en los que se alude a su posibilidad de un error de juicio, incluido el caso de la “ignorancia invencible”.

 

Entre muchos otros postulados, se examinan los de aquellos autores que, interesados en revisar la relación entre la persona y sus actos, quieren introducir una distinción entre la “opción fundamental” del hombre y “los comportamientos concretos”. Y también se analizan las teorías éticas llamadas “teleológicas” (proporcionalismo, consecuencialismo), que ponen la moralidad en la intención, como si eso bastara, olvidando que la moralidad del acto humano depende sobre todo del objeto elegido racionalmente por la voluntad deliberada.

 

En este repaso de errores se colocan bajo el microscopio diversas corrientes de cuño subjetivista e individualista, como las que atribuyen a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, desasida de la exigencia de la verdad; o también las que postulan la completa autonomía de la razón y así pretenden erigir una moral solamente humana; o bien aquellas que quieren distinguir entre “un orden ético” mundano y “un orden de la salvación”, lo que lleva a negar la universalidad de la moral.

 

Luego de analizar estas tendencias, el último capítulo señala la importancia de la moral para la sociedad, sin la cual se facilitaría la destrucción de la convivencia y los atropellos a la dignidad humana. Y apunta a la razón última de todas las rebeldías: porque deja constancia de que la separación radical que se quiere introducir entre libertad y verdad es consecuencia de otra dicotomía anterior, y más grave, entre fe y moral.

 

En la encíclica -que invoca con mayor abundancia al Concilio Vaticano II, aunque también cita a Santo Tomás de Aquino, San Ambrosio y San Agustín- hay un reconocimiento explícito del Santo Padre de que la cultura contemporánea, impregnada de un relativismo y un secularismo creciente, que impulsa a vivir como si Dios no existiera, ha hecho que la noción de la verdad desapareciera de la vista del hombre, que así muchas veces ya no sabe ni quién es, ni a dónde va. “La fuerza salvífica de la verdad es contestada y se confía solo en la libertad, desarraigada de toda objetividad”, señala.

 

Juan Pablo II identificaba allí la misión de la Iglesia: no quedarse en la mera denuncia o el rechazo de estas teorías, sino “guiar con amor a todos los fieles” en la formación de su conciencia moral. Demostrar que la integridad y la radicalidad de la vida cristiana no es un mero ideal sino algo a lo que están llamados todos los hombres y que es posible con ayuda de la gracia.

 

UNA PRAXIS

 

El entonces cardenal Joseph Ratzinger, al presentar el texto, dijo que el documento tenía una doble motivación. Por un lado, un motivo interno, ligado al mismo fin del cristianismo: enfatizar que la fe no es pura teoría, sino un “camino”, es decir, una praxis. “La fe, que incluye la moral, es antes que nada una determinada manera de vivir”, por la que los primeros cristianos se diferenciaban de los otros en el mundo antiguo. Y por otro lado, habló de un motivo externo: señalar que la cuestión moral es hoy más que nunca una cuestión de supervivencia de la humanidad.

 

En esa presentación, Ratzinger manifestó que el tercer capítulo de la encíclica, donde se desarrolla la conexión que existe entre la conciencia y la ley, debía contarse entre los textos más significativos del Magisterio del siglo XX, lo que da una idea de su relevancia.

 

Cuando fue publicada tres décadas atrás, la encíclica despertó críticas de un amplio rango de teólogos progresistas que vieron peligrar sus esfuerzos para someter las enseñanzas morales católicas a un encuadre más “humano” o “compasivo”, donde esas enseñanzas pudieran evolucionar, o acomodarse a circunstancias culturales, comentó hace poco el arzobispo estadounidense Charles Chaput.

 

Esos mismos teólogos, que ahora son académicos de la Iglesia y pastores -apuntó-, todavía buscan formas de evadir esas enseñanzas. Y así, según su acertada apreciación, el debate actual en la Iglesia sobre materias como la identidad sexual, la conducta sexual, la comunión de los divorciados en nueva unión civil, o la naturaleza de la familia, exhuman las ambigüedades y aproximaciones flexibles a la verdad que la encíclica había enterrado.

 

El hecho de que se haya permitido florecer esos debates hasta “hacer un lío” y confundir a los fieles, está -como bien dice el arzobispo- entre las notas más deplorables del actual pontificado.

 

En efecto, hoy una parte muy visible de la Iglesia ya no quiere proponer esa radicalidad de vida de la que habla Veritatis Splendor. Este abajamiento habla de un doble desprecio: hacia el hombre, a quien ya no se ve en capacidad de aspirar a la perfección y, peor aún, hacia el poder de la gracia para elevarlo.

 

¿Cómo no reparar en la dramática paradoja de que ahora sea también la Iglesia la que tienta al hombre para que aparte su mirada del Dios vivo? ¿Cómo no dolerse ante la triste realidad de que la propia Iglesia sea la que priva a los fieles de la luz verdadera que ilumina la mente para sumirlos en las tinieblas? ¿Cómo no meditar en lo que todo eso puede significar y que nos fue anticipado? Si todo eso compromete, en definitiva, la salvación del cristiano y la supervivencia de la humanidad entera.

martes, 14 de marzo de 2023

ALEMANIA

 

 el cisma ha empezado

 

P. Santiago Martín

 

Infocatólica, 12/03/23

 

 

Los historiadores suelen situar el inicio del cisma de Lutero en el momento en que éste clavó sus 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittemberg. Era el año 1517 y Lutero aún tardó cuatro años en ser excomulgado. Cuatro años que, también según los historiadores, fueron excesivos y que le permitieron fortalecerse y dieron la oportunidad a su herejía de extenderse por Europa. Lo que acaba de ocurrir este fin de semana en Alemania, puede ser considerado también como el principio de un nuevo cisma, mucho más peligroso y grave aún que el de Lutero.

 

Ha concluido ya el Sínodo alemán. No ha habido ni el más mínimo intento por parte de sus promotores por acercar posiciones con las de la Iglesia católica. Al contrario. De forma consciente han ido al choque. Lo han hecho usando métodos dictatoriales, como prohibir el voto secreto, para impedir que votaran en contra los obispos que no estaban de acuerdo con lo que se iba a aprobar; claro que podían haberlo hecho -unos pocos lo hicieron-, pero los que se abstuvieron tenían miedo a sufrir el acoso que los “tolerantes” infringen a los que no están de acuerdo con ellos.

 

Han aprobado, entre otras cosas, pedir el fin del celibato sacerdotal, la celebración de bautizos y bodas, así como la predicación de las homilías, por laicos (entiéndase sobre todo por laicas). Han aprobado la bendición de parejas homosexuales y de todo tipo de parejas que no estén casadas. Han aprobado la ideología de género, aceptando que el sexo de la persona no tiene nada que ver con su biología, sino que es una cuestión ligada a su voluntad y, por si fuera poco, cambiante todas las veces que lo permita la ley civil. Como consecuencia, han aprobado que las mujeres que se sienten o dicen sentirse hombres -los transexuales- puedan ser ordenadas sacerdotes, lo cual implicaría de hecho la existencia de sacerdotisas, pues no sólo estos “sacerdotes” serían físicamente mujeres, sino que, una vez llegados al sacerdocio, podrían decir que vuelven a sentirse mujeres. Usando las palabras de uno de los pocos obispos alemanes que han decidido seguir siendo católicos, por mucho menos que todo esto se acaba de producir un cisma dentro de la Iglesia anglicana y eso que en la Iglesia anglicana se puede ser de todo y creer en todo, con tal de que no te metas en lo que hacen o creen los demás.

 

Previendo todo esto y, sin duda, con la información de que iba a ocurrir lo que ha ocurrido, el Papa hizo pública a principios de semana la composición del nuevo Consejo de cardenales que le asesorarán en el gobierno de la Iglesia. Lo más llamativo fue que dejó fuera de él al cardenal Marx, arzobispo de Münich. Es verdad que incluyó a otro cardenal -Hollerich, de Luxemburgo- que sostiene tesis parecidas a las de los alemanes en algunos puntos, pero la eliminación de Marx era una señal de que no le gustaban ni sus consejos ni sus hechos. A los alemanes les ha traído sin cuidado esa advertencia del Papa. Están dispuestos a llevar a la práctica lo que han aprobado, sin modificar una coma. Algunas cosas serán de efecto inmediato y otras tardarán un poco más. Pero hacerlo, lo van a hacer.

 

Es el Papa y sólo él quien tiene la responsabilidad histórica de intervenir cuanto antes. Él es el único que tiene el ministerio petrino. Ya no es suficiente con que algunos de los ministros del Pontífice de más alto nivel -como los cardenales Parolín o Ladaria- intervengan. Hacen falta decisiones claras y prohibiciones expresas, de forma que quede muy claro que el obispo que aplique las medidas aprobadas por el Sínodo queda automáticamente destituido. El tiempo que se perdió con Lutero no puede perderse ahora. Si no se toman medidas, lo ocurrido en Alemania se extenderá por el mundo y no tardarán norteamericanos, belgas, suizos e incluso latinos en hacer lo mismo, pues se interpretará la pasividad del Vicario de Cristo como un permiso tácito. ¿Qué harán los cardenales y obispos que no están de acuerdo, por ejemplo, con la existencia de sacerdotisas transexuales cuando éstas existan? ¿Qué harán los fieles? ¿Todo el mundo callará como si no pasara nada? ¿Hasta ese punto de pasividad habremos llegado? Hay que seguir rezando, pero ahora hace falta algo más que rezar.

jueves, 23 de junio de 2022

EL CARDENAL MULLER


 dice que la mayor parte de la Iglesia en Alemania no solo ha entrado en el cisma sino en la apostasía


(CNAd/InfoCatólica) 23-6-22

 

En un artículo de opinión para el portal austriaco kath.net, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se refirió a las recientes declaraciones del Papa Francisco sobre la «vía sinodal». En este contexto, el Santo Padre había advertido al obispo Georg Bätzing: «En Alemania hay una muy buena Iglesia protestante. No necesitamos dos».

 

Müller escribe que el Papa apunta a la «pérdida de la hermenéutica (epistemología) católica», «con la que el comité 'Camino Sinodal', pero también dos tercios del episcopado alemán, no sólo han entrado en cisma, sino que han entrado directamente en una contradicción apostática con el Credo católico y han devaluado el adjetivo 'católico' a una mera frase tradicional».

 

El «ministerio de los obispos, presbíteros y diáconos» no es «en absoluto bíblicamente infundado y sólo una forma especial o errónea de su propio desarrollo», subrayó Müller, «sino la continuación de la misión de Cristo desde el Padre (Juan 20:21) en la autoridad del Espíritu Santo (Hechos 20:28)».

 

Y añadió:

«También la lucha tenaz contra el celibato de los sacerdotes y la infame sospecha del celibato carismático libremente elegido por el Reino de los Cielos como fuente y causa de las perversiones sexuales hasta las agresiones criminales a los adolescentes, es una prueba contundente del alejamiento del pensamiento católico y en general de la negación de la gracia, que no contradice la naturaleza, sino que la purifica, eleva y perfecciona».

 

Müller hizo un llamamiento a la «Iglesia» en Alemania para que se arrepienta y se refirió en este contexto a la epistemología del Concilio Vaticano II.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

San Ambrosio y San José

 


Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Católicos on line, diciembre 2020

 

El arzobispo emérito de Philadelphia, monseñor Chaput, ha intervenido en una cuestión que está generando mucha polémica en Estados Unidos: la posibilidad de que el nuevo presidente, Joe Biden -en caso de ser finalmente investido como tal- pueda recibir la comunión. Biden es católico y, según él, católico practicante. Sin embargo, está a favor del aborto y ya ha anunciado que va a revertir todas las leyes anti aborto que promulgó su predecesor, como la de financiar esa práctica fuera de Estados Unidos, apoyar a organizaciones como Plannet Parenthood o incluso exigir que las congregaciones religiosas paguen el uso de medios abortivos a sus empleados.

 

Mientras el cardenal George, arzobispo de Washington, no ve incompatible eso con dar la comunión a Biden, monseñor Chaput ha recordado que la actual legislación de la Iglesia considera excomulgados a los políticos que promueven o apoyan leyes abortistas y que, por lo tanto, causaría un gravísimo escándalo y haría daño a muchos católicos si Biden pudiera comulgar. La valiente postura de monseñor Chaput me ha recordado a San Ambrosio. En el año 390, el emperador Teodosio, católico, masacró sin piedad a la población de la ciudad de Tesalónica porque había habido allí un levantamiento contra él. Cuando se presentó en Milán y quiso entrar en la catedral, el arzobispo le impidió el paso y el emperador sólo pudo acceder al templo después de hacer pública penitencia. Obispos así no sólo son santos, sino que dan prestigio a la Iglesia y animan a los fieles a luchar por sus principios, entre los cuales figura la defensa de la vida. Los otros, sólo saben rendirse ante el poder, aunque el precio a pagar sea el de entregar el Cuerpo de Cristo a quien no lo debe recibir.

 

Otro asunto llamativo de esta semana ha sido la polémica sobre el papel del Papa emérito. Curiosamente, un representante de la izquierda atea, Eugenio Scalfari, periodista amigo del Papa Francisco, publicó un artículo diciendo que cuando haya dos Papas, el que está en ejercicio no debe aprobar nada sin estar de acuerdo con el emérito. La respuesta ha venido del cardenal Pell, que ha dicho que el Papa emérito debe volver a ser cardenal, renunciar a la sotana blanca y permanecer en silencio sin hacer declaraciones públicas. Todos han puesto la mirada en Benedicto y se han sorprendido de que la izquierda le apoye y la derecha le critique. Pero, ¿en realidad, ambos, Scalfari y Pell, están hablando del pasado o anticipando el futuro? ¿no estará reclamando el periodista un papel decisivo para el próximo emérito y pidiendo el cardenal total libertad para el próximo Papa?

 

Sin embargo, la noticia más importante de esta semana ha sido la promulgación de un año jubilar dedicado a San José. Con motivo del 150 aniversario de la proclamación por el Papa Pío IX del patronazgo del santo esposo de la Virgen María sobre la Iglesia universal, el Papa Francisco ha declarado un Año Santo dedicado a San José. Es una magnífica ocasión para profundizar en sus virtudes, muy bien expuestas por el Pontífice, y, sobre todo, para ganar la indulgencia plenaria por nuestros difuntos, especialmente por aquellos que han muerto durante la pandemia. En muchos casos no habrá sido posible ni despedirse de ellos e incluso no se habrá podido ni celebrar el funeral. Ahora se tiene la oportunidad de ganar la indulgencia plenaria para ellos, con algo tan sencillo como llevar a cabo una obra de misericordia o rezar una oración al santo, entre otras opciones. Claro que para eso hay que tener fe en la vida eterna y también creer en la existencia del purgatorio y en la eficacia de la oración. Ahí es donde está el mayor problema, porque ¿cómo se van a enterar los fieles de que pueden ayudar a sus difuntos si los pastores no les informan de esta gran oportunidad que ha concedido el Papa? Una vez más, la cuestión está en saber si esos pastores siguen teniendo fe o si los fieles están como ovejas sin pastor.

martes, 12 de noviembre de 2019

Cardenal Burke:



«Se ha producido un colapso de la autoridad magisterial central del Romano Pontífice»

El cardenal estadounidense Raymond Burke ha concedido una entrevista a Ross Douthat, del New York Times, en la que aborda su postura ante la deriva a la que el papa Francisco está llevando a la Iglesia. El purpurado advierte que aunque no piensa formar parte de ningún cisma, el propio Pontìfice lo encabezaría si aprobara algo contrario a la Tradición en la exhortación sobre el Sínodo para la Amazonia.

(NYT/InfoCatólica) 12-11-19

Extractos de la entrevista de Ross Douthat al cardenal Burke:

Empecemos con un tema personal, en lugar de con uno teológico. Cuénteme cómo llegó a ser sacerdote.

Bueno, crecí en una pequeña vaquería en el campo de Wisconsin. Mis padres eran buenos católicos. Era una cosa normal en aquellos tiempos: todos los niños pensaban alguna vez en ser sacerdotes.

Cuando estaba en el segundo curso de educación primaria, en 1955, a mi padre le diagnosticaron un tumor cerebral canceroso y le operaron en la Clínica Mayo, pero realmente no había mucho que pudieran hacer. Permaneció en casa durante los últimos meses de su vida y un sacerdote solía venir a confesarle y traerle la Sagrada Comunión. En aquellos días, cuando el sacerdote venía a una casa a dar la Comunión, iba a la puerta y le recibía con una vela encendida. Tuvimos una pequeña procesión hasta el dormitorio donde estaba mi padre en su lecho de enfermo y el sacerdote escuchó la confesión de mi padre y después nos invitó a entrar para que estuviéramos en el rito de la Sagrada Comunión. Esto me causó una tremenda impresión. Solo con el correr de los años comprendí por completo el significado del sufrimiento y la muerte de mi padre, pero en la medida en que un niño podía hacerlo entendí lo que estaba sucediendo. Vi que este sacerdote traía lo que me parecía la ayuda más importante para mi padre.

Así que la idea simplemente fue creciendo en mí. Cuando estaba en octavo curso, pregunté a mi madre si podía ir al seminario menor de la diócesis. Ella se preocupó un poco. Yo era el más joven de seis hermanos, no era muy fuerte y el seminario era algo así como una escuela militar. Pero me dijo que sí.

Volviendo al Santo Padre, usted ha dicho que le han acusado de ser el enemigo del Papa. ¿Cree usted que Francisco le considera un enemigo?

No lo creo. Nunca me lo ha dicho. No me encuentro con él muy a menudo, pero cuando le he visto nunca me ha regañado ni acusado de tener pensamientos o actitudes de enemistad hacia él.

Pero sí que le degradó.

Sí.

Sin embargo, desde el Sínodo de la Familia, usted ha criticado acciones específicas y tendencias generales de este pontificado.

Sigo diciendo que ese es mi deber como cardenal. Siempre intenté hablar directamente con el Papa sobre ello. No me gusta jugar con la gente y fingir que pienso una cosa cuando pienso lo contrario. Nunca critico al Papa personalmente, pero cuando vi lo que me pareció una dirección nociva de la Iglesia, cuando vi todo este debate en el Sínodo de la Familia que cuestionaba los cimientos de la doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad, tuve que alzar la voz, porque era mi deber.

¿Cómo resumiría su crítica de la forma en que el Papa está gestionando los debates que ha abierto?

Supongo que podría resumirse así: se ha producido un colapso de la autoridad magisterial central del Romano Pontífice. El Sucesor de Pedro desempeña una misión esencial de enseñanza y gobierno y el Papa Francisco, en muchos sentidos, se ha negado a ejercer esa misión. Por ejemplo, la situación en Alemania: la Iglesia Católica en Alemania está en proceso de convertirse en una iglesia nacional, con prácticas que no están en consonancia con la Iglesia universal.

El cisma nunca puede ser la voluntad de Cristo. Cristo nunca puede querer que se produzca una división en su Cuerpo. Hay gente que viene y me dice ‘Mire, cardenal, ya es hora, tenemos que hacer un cisma’. Y yo les digo ‘No, no es posible. Nuestro Señor no puede querer eso y yo no voy a formar parte de ningún cisma’.

¿Cree que Francisco es el Papa legítimo?

Sí, sí. La gente me ha presentado todo tipo de argumentos, cuestionando la elección del Papa Francisco, pero yo le nombro cada vez que ofrezco la Santa Misa y le llamo Papa Francisco. Para mí no son meras palabras. Creo que es el Papa. E intento decírselo siempre a la gente, porque tiene usted razón: también yo he notado que la gente cada vez responde de forma más extrema a lo que está pasando en la Iglesia.

Sobre el Sínodo de la Amazonia

En relación al reciente sínodo amazónico, el cardenal dice:

Si bien el documento final es menos explícito en adoptar el panteísmo, no repudia las afirmaciones del documento de trabajo que constituyen una apostasía de la fe católica.

El documento de trabajo no tiene valor doctrinal, pero ¿qué pasaría si el Papa aprobase ese documento? La gente dice que, si no lo aceptara, estaría en un cisma, pero yo mantengo que no sería yo quien estaría en un cisma, porque el documento contiene elementos que se apartan de la Tradición apostólica. Así que, en mi opinión, es el documento el que es cismático, no yo.

Pero ¿cómo puede pasar eso? Está dando a entender que, en ese caso, el Papa estaría a la cabeza de un cisma.

Sí.

¿No contradice eso profundamente la forma en que los católicos entienden el Papado?

Por supuesto, exactamente. Es una contradicción completa. Y ruego que no suceda. Y, para ser sincero, no sé cómo afrontar algo así. Hasta donde puedo ver, no hay ningún mecanismo en la legislación universal de la Iglesia para afrontar una situación de ese tipo.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Oración por el Papa



Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Católicos-on-line, noviembre 2019

El año 2010 fue un “annus horribilis” para el Papa Benedicto XVI. Los medios de comunicación liberales, que son la inmensa mayoría, se pusieron de acuerdo para pedir su dimisión, alegando que no había actuado don diligencia contra algunos sacerdotes pederastas. La inmensa mayoría de los católicos calló y fuimos muy pocos los que alzamos la voz en defensa del Papa. Entre otras cosas, puse en marcha una vigilia mensual de oración por el Papa, en la que además de rezar meditábamos sobre textos del Pontífice.

Cuando en 2013 presentó la dimisión, antes de saber quién iba a ser el sucesor, pedí a todos que no se volviera a repetir lo sucedido y que nunca más dejáramos sólo al Pontífice ante los ataques que previsiblemente iban a tener lugar. Por eso, los franciscanos de María hemos seguido haciendo las vigilias de oración por el Papa. Además, ha sido y es una característica del actual vicario de Cristo pedir que se rece por él.

Ante la grave situación que vivimos, con una confusión como no se producía desde hace siglos, he pensado que hay que intensificar la oración por el Vicario de Cristo. Me ha gustado mucho una que ha compuesto un religioso dominico, Fray Nelson Medina, al que no conozco personalmente, pero al que leo con gusto. Espero que no le moleste que difunda una parte de su oración. Dice así:

“Señor Jesucristo, apelando a tu Sagrado Corazón y a la eficaz intercesión de tu Santísima Madre, que ha sido saludada como Madre de la Iglesia, esto te pedimos para el Papa Francisco:

- Que tus Llagas Santas, Jesús, no se aparten de sus ojos; que simplemente no pueda olvidar el precio de amor que has pagado para que el demonio sea derrotado, los ídolos derribados, la muerte vencida, el pecado perdonado, y se abran las puertas de la gloria eterna a quienes creen y confiesan la fe.

- Que sus oídos sientan una alarma fuerte cada vez que las trampas del enemigo quieran persuadirlo de mezclar las aprobaciones del mundo o las presiones de la sociedad con la grandeza y pureza del Mensaje de Salvación que tú le has encomendado como Sucesor de Pedro.

- Que su boca reciba una gracia renovada, de modo que su palabra, apartándose de toda ambigüedad, defienda con claridad la sana doctrina, mientras sigue llamando a todos a la unidad en Cristo, para la gloria de Dios Padre.

- Que sus pies se orienten sin cesar hacia tu gloria, Jesús: buscándote en el silencio del Sagrario; reconociéndote en el testimonio de las Escrituras; predicando tu Evangelio con palabra diáfana y ardiente; y siempre sirviéndote, especialmente en los más pobres, es decir, los que menos saben de ti, Señor, puesto que no hay mayor miseria que ignorar cuál Dios nos ha amado tanto.

- Que su mente reciba una gracia singular del Espíritu Santo para reconocer y discernir, según el carisma propio de San Ignacio de Loyola, cuáles inspiraciones son de Dios, cuáles vienen de los intereses puramente humanos y mundanos, y cuáles tienen su raíz en el espíritu de las tinieblas, que ronda buscando a quién devorar.

- Que sus manos realicen cada vez mejor la labor de cuidar el rebaño tuyo, Jesucristo, de modo que sea físicamente incapaz de firmar o apoyar lo que ensucia, confunde, degrada o niega la fe, la que defendieron los mártires, y en cambio tenga pulso firme para guiar el timón y conducir de nuevo la nave de la Iglesia a su ruta propia, más allá de los escollos e intereses de este mundo que pasa.

- Y finalmente, te pedimos, Señor Jesús, que el corazón del Papa sea sumergido en el fuego de tu propio Corazón, de modo que pueda corregirse de sus faltas, ya que todos las tenemos, y pueda predicarnos con fuerza y mucha luz sobre las raíces de nuestros pecados, y de los males que hoy se ciernen sobre la Tierra”.

Recemos por el Papa. Y esto lo pido a todos. También a los que no les gusta lo que está haciendo. No le dejemos solo, como muchos hicieron con Benedicto XVI. Si defendemos la fe católica contra sus enemigos es porque creemos en ella y, si creemos en ella, debemos creer en el poder de la oración. Los otros, los que quieren cambiarla, ya no creen. Ese es su problema y su desgracia. No caigamos nosotros en la misma trampa. Recemos, hablemos con amor cuando hay que hablar, aunque nos cueste el honor y la vida y, sobre todo, confiemos en Dios y en su divina misericordia.

viernes, 30 de junio de 2017

La despedida de Tomás Moro a su hija Margarita


escrita en la cárcel poco antes de su martirio

"Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mi, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor".

"Aunque estoy convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes de prestar juramento en contra de mi conciencia".



martes, 25 de abril de 2017

Congreso en Roma


LAICOS PIDEN CLARIDAD SOBRE AMORIS LAETITIA

(La Nuova Bussola/InfoCatólica), 25-4-17

El evento se celebró en un salón del Hotel Columbus, muy cerca de la plaza San Pedro, organizado y promovido por La Nuova Bussola Quotidiana y Il Timone.

Un congreso convocado por laicos, con oradores laicos de todo el mundo. Fueron muchos los periodistas presentes, entre los que se encontraban los vaticanistas italianos Sandro Magister, Luigi Accattoli, Giuseppe Rusconi y Aldo Maria Valli. También asistió Edward Pentin, del National Catholic Register. Alrededor de 200 personas siguieron la intensa jornada.

Precisamente el papel de los laicos es la nota más relevante a destacar del Congreso A un año de Amoris Laetitia. Para poner claridad, realizado en el hotel Columbus, como acertadamente ha señalado Valli en un artículo suyo antes del Congreso y publicado en su blog.

«Rara vez se ven laicos católicos reunidos por sí mismos, sin la dirección de un cardenal, un obispo, un Monseñor o al menos un simple sacerdote, para debatir temas que afectan principalmente a los contenidos fundamentales de la fe. Y aún más raro es ver a laicos que deciden dar un paso al frente y volverse a sus pastores con una advertencia que suena asi: «Lo sentimos, pero según creemos, en lo que han aprobado hay algo que no funciona y que puede llegar a ser peligroso no sólo en sentido abstracto, sino para la salvación de las almas».

La ponente Anna Silvas, profesora universitaria australiana, en su intervención ha aludido a la gran saga de Tolkien afirmando que los laicos son como los Hobbits de la Tierra Media. «Poco poderosos, pero con un papel clave en la batalla por el triunfo del bien». 

El director del Congreso, Ricardo Cascioli, ha recordado en su apertura cuáles son las preocupaciones que han animado su organización. «En la disputa sobre la Amoris Laetitia está implicado el significado de tres sacramentos: el matrimonio, la penitencia y sobre todo la Eucaristía. Tenemos conferencias episcopales, obispos y sacerdotes que en las cuestiones más sensibles dan interpretaciones e incluso directrices opuestas. Estamos en el absurdo de que, por poner un ejemplo, las instrucciones a los fieles sobre el acceso a los sacramentos varían no sólo de país en país sino también de diócesis a diócesis y de una parroquia a otra». De ahí la petición de claridad que ha llevado a la presentación de cinco dubia por parte de cuatro cardenales al Papa, a fin de que desate los nudos que hay sobre cuestiones fundamentales relativas a la doctrina moral católica y a la práctica pastoral que de ella se sigue.

Los ponentes que han intervenido, ha dicho Cascioli, «provienen de diferentes culturas, de diferentes experiencias eclesiales, expresan también diferentes sensibilidades e incluso su modo de abordar la actual situación no es idéntica. Pero todos tienen en común la percepción de la gravedad de la crisis en la Iglesia y el deseo de ejercer nuestra responsabilidad personal hasta el fondo, para contribuir al bien de la Iglesia, para reclamar a los pastores el cumplimiento de su deber».

Las exposiciones fueron abiertas por Jurgen Liminski, Director del Instituto de Demografía, bienestar y familia (Alemania), que ha subrayado el valor social de la indisolubilidad del matrimonio. «El matrimonio duradero -ha dicho-, garantiza un clima de confianza en los vínculos afectivos y la confianza es un cimiento de la sociedad. Por ello las relaciones estables y no fluctuantes, son un capital cultural útil a la sociedad y también a la economía».

Ha estado muy bien articulada la relación de Douglas Farrow, profesor de filosofía cristiana en Montreal. Ha recordado algún «riesgo gnóstico en dividir un Dios juez de un Dios misericordioso. Y el desafío para la Iglesia de hoy es el de levantar sus ojos a un Dios que no tiene necesidad de atenuar la justicia para conceder misericordia». Si la tradición «no puede contradecirse, el parágrafo 303 de Amoris laetitia plantea el problema de cómo se entiende la conciencia respecto a lo que enseña el parágrafo n ° 56 de la encíclica Veritatis Splendor de San Juan Pablo II».

También la intervención del filósofo parisino Thibaud Collin ha señalado que esta cuestión de la relación entre la conciencia y la ley natural, entre el orden objetivo y la responsabilidad subjetiva, está en el corazón de las cinco dubia que los cardenales han dirigido al pontífice. «La ley de Dios - dijo Collin- no puede convertirse en un elemento entre otros para reflexionar partiendo de las situaciones particulares». El informe de Collin, muy cuidadoso, se publicará en su totalidad en Italiano en los próximos días, junto con los de otros oradores. El francés también ha abordado la cuestión del posible desarrollo que Amoris Laetitia había aportado en la continuidad de Familiaris Consortio y Veritatis splendor, observando un número de incongruencias que habría que resolver.

Silvas también había insinuado un cierto espíritu de la modernidad que parece ser seguido por muchos pastores, como el de «conseguir fáciles aprobaciones». Parece imperar, ha dicho, «un espíritu hegeliano, el espíritu profundo de la modernidad». Ha concluido su exposición diciendo que hasta que las dubia de los cuatro cardenales no hallen respuesta «será difícil evitar la confusión de interpretaciones, porque el texto de Amoris Laetitia, objetivamente, deja aberturas evidentes.« Entre otras cosas mencionó el extraño caso de la nota 329: »Apela a Gaudium et Spes en un fragmento que se refiere a los novios que se preparan para el matrimonio, pero lo aplica a las parejas que no están casadas. ¿Por qué?».

El profesor Claudio Pierantoni, de Chile, afirmó que, en cierto sentido, las dubia son inéditas, ya que «piden algo sobre lo cual el magisterio ya se había expresado claramente». En Amoris laetitia, segun Pierantoni, «la indisolubilidad del matrimonio se reafirma, pero nos encontramos con renovaciones en la práctica que la contradicen».

La contribución de Jean Paul Messina, profesor de Camerún, se ha centrado principalmente en la cuestión de la poligamia en África como un riesgo real para el Evangelio de la familia y del matrimonio cristiano.


«Este Congreso», reiteró Cascioli, «no es un acto de rebeldía contra el Papa, ni tiene la intención de presentar un ultimátum ni tiene tampoco intenciones cismáticas. La crítica a ciertos pasajes, -especialmente contenidos en el capítulo VIII – de Amoris Laetitia, así como a ciertas interpretaciones de las conferencias episcopales como la de Alemania y Malta y de ciertos cardenales, obispos, religiosos, son simplemente un testimonio de claridad».