miércoles, 16 de diciembre de 2015

Adviento, ante las elecciones



 Antonio CAÑIZARES, cardenal arzobispo de Valencia

catolicos-on-line, 16-12-15

Cuando escribo este artículo semanal, los españoles estarán pensando y decidiendo cuál será el sentido del voto que depositarán en las urnas el próximo domingo, 20 de diciembre.

Todos tenemos la responsabilidad de votar, es un deber y un derecho, y una responsabilidad que todos tenemos. Todos anhelamos y deseamos lo mejor para nuestra querida España. No puedo olvidar, por lo demás,que nos encontramos en Adviento. Mi reflexión, por ello, sin desentenderme de los acontecimientos, se centra en el tiempo de Adviento. 
En él, la Iglesia pide que se rasguen los cielos, que se abran, y venga a nosotros la salvación, el Salvador, que tantísimo necesitamos. Me centro en el Adviento porque los cristianos podemos y debemos hacer mucho, en cuanto cristianos, en la hora crucial y crítica que vivimos. Somos muchos en España, la mayoría.

Como cristianos, somos invitados a cruzar con el Adviento el umbral de la esperanza, máxime con las puertas abiertas del Año de la Misericordia: tenemos una responsabilidad muy especial, que surge de la fe y la esperanza que anuncia el Adviento, y nos impele a ser consecuentes con lo que somos y esperamos. El cristianismo no es una ideología más o menos duradera. Es la presencia de un hecho único, irrevocable, sin parangón en la historia de los hombres. Este hecho es una Persona: Cristo, que nos ha traído a Dios y nos ha revelado que Dios es Amor, lo ha apostado todo por el hombre y no se reserva ni escatima nada. En medio de signos sombríos, para muchos resultará difícil la esperanza y confiar en palabras proféticas tales como las que escuchamos en el Adviento: «De las espadas se forjarán arados, y de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo».

¿Confiar acaso en ellas cuando vemos cómo las armas de la injusticia originantes de falta de trabajo, hambre, tantas calamidades, se ceban dramáticamente sobre los que padecen esta situación? Por eso, los cristianos escuchamos una llamada para dirigir nuestra mirada a Cristo, abrir de par en par nuestras puertas a Él, dejar pasar la luz y caminar en la luz que viene de Él. La llamada que escuchamos los cristianos esa caminara la luz de Jesucristo, a dejar las obras de las tinieblas y de la oscuridad, es decir, a dejar de una vez: el egoísmo, el rencor, el medro personal por encima de todo, el afán y ambición de poder, la pasión de acumular para sí por encima de los otros, el olvido del bien común y la falta del respeto debido a la dignidad personal e inalienable que tiene todo ser humano, la búsqueda de bienestar a costa que de lo que sea y de quien sea, la mentira, el engaño, el relativismo, la injusticia, el cerrar las entrañas ante la necesidad y miseria del hermano necesitado, del inmigrante o del refugiado, la destrucción de la familia o de la vida, el vivir de espaldas a Dios, etc. Este año el Adviento llama con apremio a los cristianos a pertrecharnos de la misericordia.

Por encima de todo está Dios y el hombre, está la familia, está la verdad, está el bien común, está sencillamente el bien, está el amor al hombre que sólo de Dios podemos aprender para amar con ese amor: total, sin medida, desinteresado, gratuito, hasta el extremo, indefectible, que no nos deja solos ni en la estacada, cuya predilección son los pobres y los últimos, siempre perdona y disculpa, ese amor que tantísimo todos estamos necesitando. Sin ese amor por el hombre nada va a cambiar, nada puede cambiar. El Adviento interpela a los cristianos a que abramos de par en par las puertas al amor de Dios. El Adviento este año en los cristianos, sobre todo, debería resaltar/reavivar la caridad y elamor, en su doble einseparable faceta de amor a Dios y a los hermanos, que tiene en Dios-con-nosotros (Emmanuel) su hontanar y su meta.

En realidad, la certeza y experiencia viva de lo que Dios ha hecho por los hombres lleva a los cristianos, en la situación actual, a desear apasionadamente y a trabajar por que la forma de vida de todos sea la caridad, la misericordia, la justicia, la amistad que colabora y no se echa atrás en la  búsqueda y la aportación de soluciones al bien común y de la persona, por encima de barreras, de intereses, de aspiraciones individuales, de miedos o temores. Este amor es una realidad posible, se abre y se extiende sin cesar, reconoce la verdad y el bien de que es portadora o reclama toda persona, aprecia la razón y la libertad detodos, facilita la búsqueda libre y honesta del bien común, y la cooperación de todos a ese bien. Ese amor, que es amistad, solidaridad, más aún que es caridad,más imperativo todavía que la justicia y la solidaridad, es posible si nos acercamosmása Dios.

Esto, especialmente para los cristianos, se traduce ahora en colaborar decididamente en «políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas, que propicien el trabajo para todos», para tantas familias y jóvenes singularmente afectados; en estar en primera fila de compromiso con «políticas que favorezcan la iniciativa social en la producción y que incentiven el trabajo bien hecho, así como la justa distribución de las rentas», corrijan errores y atiendan a las necesidades de los más vulnerables.


El momento reclama también de los cristianos estar en primera fila en la tutela, promoción y testimonio de la familia y de su verdad, en la defensa y promoción de la vida, y de cuanto haya que hacer ante la emergencia educativa que padeceremos y ante la urgencia de una cultura fiel a sus raíces, en un proyecto común. Todo ello entra dentro de la caridad, con su dimensión social y política. El Adviento pide estar vigilantes y despiertos, no cruzados de brazos como espectadores: exige preparar los caminos al Señor que llega, lo cual también comporta cooperar decididamente en la regeneración humana, moral, social, política y cultural de nuestro pueblo. Con Dios, ¡manos a la obra!

lunes, 14 de diciembre de 2015

La misericordia se ríe del juicio


Santiago MARTÍN, sacerdote

catolicos-on-line, 14-12-15

El Año santo de la Misericordia ha comenzado. Es, como ha dicho el Papa, un tiempo de gracia en el que la Iglesia quiere mirar hacia Dios para verle como modelo de ternura y compasión. Un modelo que después tenemos que aplicar en nuestra vida. Por eso el Santo Padre, el inaugurar esta semana este gran acontecimiento ha puesto como referente a la figura del Buen Samaritano, aquella maravillosa parábola en la que Cristo expone las características de la caridad que quería que tuvieran sus seguidores. También ha expresado el Papa su deseo de que en este Año Santo la misericordia se imponga sobre el juicio.

Estas palabras del vicario de Cristo me han hecho recordar aquellas que escribió el apóstol Santiago en su carta. El versículo 2,13 dice: “El que no tiene misericordia será juzgado sin misericordia. La misericordia se ríe del juicio”.

La frase es tan contundente, tan clara, que parecería que el apóstol que fuera obispo de Jerusalén y pariente próximo del Señor está queriendo indicar con ella que no va a haber juicio o que, si lo hay, todo el mundo va a ser absuelto en él, nadie va a ser condenado. 
Sin embargo, la carta de Santiago es un texto que se escribe en un contexto de polémica teológica, la que este apóstol y el sector de la Iglesia que él representaba mantenía contra San Pablo y sus seguidores. El tema de fondo era la necesidad de las buenas obras que, aparentemente, había sido relativizada por Pablo en su carta a los Romanos, a lo que Santiago le contesta que la fe sin obras es una fe muerta. 
Es decir, que el texto en el que se inscribe la frase “la misericordia se ríe del juicio” no es el de un documento que invita a minimizar la necesidad de las buenas obras, sino todo lo contrario. Santiago, el que escribe esa frase, es el gran defensor de que el juicio será precisamente sobre el comportamiento que hayamos tenido en la tierra y que no va a haber igual trato para todos.

Entonces, ¿qué es lo que quiere decir este apóstol con esa frase? Para entenderlo, quizá hay que aclarar bien lo que significaba la misericordia para la primera comunidad cristiana, hija espiritual de lo mejor del Antiguo Testamento. Ante todo, la misericordia no era para un judío creyente algo inmediato, algo que pudiéramos calificar de “derecho”, sino que era un don inmerecido que Dios daba a su pueblo cuando éste se arrepentía de su mal comportamiento. Es decir, la misericordia divina era siempre inmerecida, era gratuita, pero el que se beneficiaba de ella lo hacía porque reconocía su pecado y pedía perdón, prometiendo no volver a pecar. Este es el significado que Santiago da a la frase: “La misericordia se ríe del juicio”. 

Es decir, aunque el juicio fuera de condenación, si el pecador pedía perdón la misericordia de Dios actuaba eliminando el justo castigo que las malas acciones cometidas merecían. Pero siempre, absolutamente siempre, era requisito imprescindible para esa actuación generosa del Dios de la misericordia que el pecador reconociera su pecado, pidiera perdón y tuviera propósito de enmienda.

Esta enseñanza del Antiguo Testamento, incorporada al Nuevo no sólo a través de textos como el de Santiago, es la que ha mantenido la Iglesia hasta nuestros días. Ahora, sin embargo, nos encontramos con una nueva interpretación del concepto de misericordia. Ya no haría falta para que ésta actuara la petición de perdón por parte del pecador, ni su arrepentimiento y propósito de enmienda. Más aún, ni siquiera sería necesario que el pecador fuera consciente de que lo que hace está mal hecho. 

La nueva visión de la misericordia divina la presenta como una anulación total y de raíz de las consecuencias del pecado para el pecador, sin reclamarle a éste nada a cambio. Sería algo así como decirle: puedes pecar lo que quieras y no te va a pasar nada, ni siquiera si insistes en tu pecado o incluso si niegas que lo que haces mal es pecado; sea lo que sea lo que hagas, como Dios es tan bueno te lo va a consentir todo –incluso el concepto de “perdón” estaría mal visto en esta nueva visión de la misericordia y sería sustituido por el de “tolerancia” o el de “consentimiento”-.

La cuestión no sólo es si este cambio en el concepto de misericordia es fiel a las enseñanzas de Cristo, sino también si esto es bueno para el propio hombre. La tolerancia ante el pecado, la desaparición incluso del concepto de pecado, la narcotización de la conciencia, ¿de verdad beneficia al hombre? Y me refiero no sólo a la víctima del pecador, que ni siquiera recibe el consuelo de que los hombres y Dios digan que quien le ha herido ha obrado mal; me refiero también al propio pecador, al cual se le anula radicalmente la conciencia y se le invita a seguir haciendo el mal sin ningún tipo de remordimiento.


La misericordia se ríe del juicio, efectivamente. Pero no se ríe ni de Dios ni de la realidad. La misericordia de Dios, que es infinita y que no nos la merecemos, llega a nosotros cuando pedimos perdón por nuestros pecados y sólo entonces. Y lo hace no sólo como un elemento básico de otra característica de Dios, su justicia, sino también porque es lo mejor para el propio hombre. Una misericordia que no esté precedida por la conversión y seguida por el agradecimiento nos destruiría. Sólo nos salvará aquella que tenga un antes y un después. El antes es el arrepentimiento y el después la acción de gracias, la Eucaristía.

El Papa crea nueva Comisión

 para las actividades de la Iglesia en el sector sanitario
           
           
VATICANO, 12 Dic. 15 / 09:06 am (ACI).-

 El Papa Francisco ha creado una nueva comisión que controlará las diversas actividades de la Iglesia en el sector sanitario. Se trata de la “Pontificia Comisión para las actividades del sector sanitario de las personas jurídicas públicas de la Iglesia” y ha sido anunciado hoy mediante un comunicado del Vaticano.

Según el texto, “el Pontífice, en la audiencia concedida al Subsecretario de Estado el pasado 7 de diciembre, recibió oportunas informaciones relativas a las particulares dificultades de las personas jurídicas públicas de la Iglesia que operan en el sector sanitario”. Por ello, “a fin de contribuir a una gestión más eficaz de las actividades y a la conservación de los bienes, manteniendo y promoviendo el carisma de los Fundadores y hasta que no sea dispuesto de otra manera, ha otorgado el mandato al Secretario de Estado de instituir una Comisión Especial, llamada “Pontificia Comisión para las actividades del sector sanitario de las personas jurídicas públicas de la Iglesia”.

La Comisión se regirá por una serie de normas dispuestas por el Secretario de Estado, el Cardenal Pietro Parolin:

– Le serán aplicados los principios y las normas establecidas en la Constitución Apostólica Pastor Bonus y en la Regulación General de la Curia Romana, en cuanto son aplicables y no incompatibles. La Comisión está dotada de una Regulación Propia.



– La Comisión será compuesta por un Presidente y seis expertos en las disciplinas sanitarias, inmobiliarias, de gestión, económico-administrativas y financieras. La Comisión podrá delegar parte de las propias funciones de uno o más miembros y será asistida por una Secretaría.

– Por cuanto concierne al nombramiento y la duración del mandato de los miembros y expertos de la Comisión, serán aplicadas las normas que regulan los Dicasterios de la Curia Romana.

– La Comisión, que hará referencia directa al Secretario de Estado, podrá cumplir cada acción jurídica y financiera finalizada en el valido y adecuado de las tareas encomendadas.

– La Comisión deja a las Congregaciones de la Curia Romana, de cuyas personas jurídicas públicas interesadas dependen, el consenso necesario, vinculante para la concesión de las autorizaciones canónicas en orden a la destitución o reorganización de las actividades y/o de los inmuebles relativos al sector sanitario. La Comisión está dotada de poderes de acceso a los hechos de recursos para el desarrollo de la propia actividad. La Comisión puede asignar encargos a sociedades, profesionales y consultores.

A la Comisión le es confiado:

– El estudio general sobre la sostenibilidad del sistema sanitario de las personas jurídicas públicas de la Iglesia (presupuestos, características, vínculos, modalidades operativas y de gestión, actualidad de los objetivos del sistema sanitario de las personas jurídicas públicas en fidelidad a la propia naturaleza, a la propia misión y al propio carisma, para definir así una posible estrategia operativa de largo periodo también en relación a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

– La propuesta para la resolución de las situaciones de crisis en función de los resultados del estudio más general y activando todos los recursos posibles en colaboración con los Responsables de las personas jurídicas públicas interesadas.


– El estudio y la propuesta de nuevos modelos operativos para las personas jurídicas públicas operantes en el sector sanitario, en grado de llevar a cabo el carisma originario en el contexto actual. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

La Inmaculada Concepción de María

 nos asegura  la victoria de la gracia sobre el pecado


Padre Ricardo B. Mazza.

Nos hemos congregado en este día para celebrar  a la madre de Jesús en esta fiesta,  la de su Inmaculada Concepción, cuando Ella es engendrada sin la culpa del pecado original, porque había sido elegida como Madre del Salvador.
María es el instrumento apto para  la entrada de Jesús en la vida cotidiana del hombre, y por su acción de Mediador, recuperamos la vida divina perdida por el pecado de los orígenes, del que nos habla el libro del Génesis (3, 9-15.20).
San Pablo (Ef. 1,3-6.11-12) nos da la clave de todo esto diciendo que Dios Padre “nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor”. De esta manera queda claro que nuestra vocación mira a vivir en santidad, como hijos adoptivos de Dios que somos, estamos llamados a vivir la grandeza propia de las criaturas más perfectas del Creador.

El pecado nos lleva siempre a la lejanía de Dios, a la denigración de la misma persona humana, mientras que la gracia de Dios eleva al ser humano  y le permite entrar de lleno en esta vida  de amor que siempre Dios ofrece.
En el día de hoy en Roma el papa Francisco comenzó el Año de la Misericordia, abriendo la llamada puerta santa,  signo a través del  cual el creyente es llamado en todo el mundo, a animarse a ingresar en este camino misericordioso que el Padre nos ha mostrado por medio de su Hijo.
Precisamente la fiesta que hoy celebramos es todo un indicio de lo que celebraremos en el Año de la misericordia, ya que la Inmaculada Concepción de María es la victoria de la gracia sobre el pecado.

Es un anuncio de que Dios quiere otorgarnos su gracia, es decir, desbordar en el ser humano su favor  para hacernos agradables ante su presencia.
El papa Francisco al entrar por la puerta santa nos invita a encaminarnos a la misericordia divina ofrecida, con la seguridad de obtenerla, si arrepentidos estamos de habernos separado del Amor misericordioso.
Precisamente al elegir a María como morada digna del Hijo de Dios hecho hombre, se manifiesta de manera elocuente que en Ella estamos llamados a ingresar a la misericordia divina ofrecida por el Salvador del mundo, sustraídos de esa manera de las miserias del pecado, para vivir en la grandeza de los hijos de Dios.

Estamos celebrando esta Eucaristía parroquial durante la cual un grupo de niños de la catequesis recibirán por vez primera a Jesús el Buen Pastor.
Para estos niños, es un modo concreto de ingresar a la misericordia del Padre traída por Jesús, porque ¿quién puede invocar que es digno de recibir a Cristo como alimento y bebida de salvación?
Nosotros los adultos, ¿podemos decir que somos tan santos que merecemos la Eucaristía, el Pan vivo bajado del cielo?
Es posible que nos hayamos acostumbrado tanto a comulgar cada domingo, que no prestemos atención para considerar si realmente estamos preparados, es decir, sin pecado grave, para recibir dignamente al Señor.

Recibir a Jesús en el pan y vino consagrados, supone abrir el corazón de cada uno para decirle  “yo quiero estar contigo, deseo comprometerme con tu Persona y tus enseñanzas, quiero vivir según la verdad y el bien”.
Ingresar en el campo de la misericordia divina  debiera expresar siempre nuestra decisión de entrar en comunión con Dios Hijo.
Queridos niños: Jesús entrará en el corazón de ustedes por primera vez hoy, que esto signifique no meramente la realización de una etapa  más en el itinerario  de fe, sino el inicio de un compromiso más profundo con Jesús.
Que este encuentro signifique el ingreso de la misericordia divina en la vida de ustedes con la abundancia de los dones divinos que Él quiere entregar siempre al hombre de buena voluntad.

Queridos niños: a medida que pase el tiempo, ustedes irán creciendo y madurando como varones y mujeres, en los distintos ámbitos de la vida.
No olviden crecer también en la fe que los lleve a unirse más a Cristo, en la vivencia de la esperanza por la que deseen siempre el encuentro definitivo con quien nos quita los pecados y nos introduce en el mundo nuevo del favor divino, no olviden crecer en la experiencia de una caridad cada vez más comprometida  con Dios  y con los demás.
Todos nosotros, niños, jóvenes y adultos, estamos llamados en este Año de la Misericordia, a trabajar para alejarnos de todo lo que impida una entrega mayor con Dios y a nuestros hermanos, creyentes o no.

Descubramos que Dios no se deja ganar en generosidad, de modo que cuanto más nos entreguemos a Él, más recibiremos de su bondad.  
Si por el contrario cerramos nuestro corazón a Cristo, o no consideramos importante el tenerlo en primer lugar en nuestra vida, iremos perdiendo la felicidad propia de los hijos de Dios hasta llegar a no verle sentido alguno a la existencia humana.
Pero como el hombre no puede vivir sin orientarse a la felicidad que todos apetecemos, se buscan otros bienes y realidades que sustituyan al Dios verdadero, agudizándose  así más y más el vacío interior, situación frecuente en nuestros días, aunque se pretenda vivir en la ilusión de una plenitud que nunca llega realmente.

Hermanos: aprovechemos el tiempo de Adviento para descubrir la misericordia de Dios anunciada y alcanzada por nosotros el día del nacimiento de Jesús. Caminemos en esperanza por este mundo sediento de la ternura de Dios, hasta que lo encontremos  en su segunda venida.
Aprovecho la ocasión para pedirles a los padres de estos niños, que no descuiden la transmisión de la fe a sus hijos, que se dispongan en este Año de la Misericordia a dejar entrar en sus vidas a Jesús, y también en la familia, de modo que por la docilidad al llamado de Dios, seamos plenos de los favores divinos, como lo fue María Santísima, a la que se le concedió la  gracia particular de nacer sin la mancha del pecado original.



Padre Ricardo B. Mazza.
Cura párroco de la parroquia “San Juan Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima. 08 de diciembre  de 2015. http://ricardomazza.blogspot.com; ribamazza@gmail.com.-



jueves, 10 de diciembre de 2015

Una reflexión sobre cuestiones teológicas en torno a las relaciones entre católicos y judíos en el 50 ° aniversario de Nostra Aetate

COMISIÓN PARA LAS RELACIONES RELIGIOSAS CON EL JUDAÍSMO

"LOS DONES Y LA LLAMADA DE DIOS SON IRREVOCABLES" (Rm 11:29)


 ÍNDICE
1. Breve historia sobre el impacto de "Nostra Aetate" (Nº.4) en los últimos 50 años
2. El estatuto teológico especial del diálogo Judío-Católico
3. La revelación en la historia como "Palabra de Dios" en el Judaísmo y en el Cristianismo
4. La relación entre Antiguo y Nuevo Testamento, Antigua y Nueva Alianza
5. La universalidad de la salvación en Jesucristo y la Alianza irrevocable de Dios con Israel
6. El mandato de la Iglesia de evangelizar en relación al Judaísmo
7. Las metas del diálogo con el Judaísmo

Ver todo:



miércoles, 9 de diciembre de 2015

La Igelsia no está contra los gay


”Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (5 de diciembre de 2015) 

El pasado sábado 28 de noviembre fue profanada la Catedral de La Plata. Se desarrolló en la Ciudad una marcha llamada del “Orgullo Gay” que culminó en la explanada de nuestra Catedral. Serían unas ciento cincuenta a doscientas personas, que escribieron allí unas leyendas a favor del aborto legal, y una avanzada penetró en el templo, provocó destrozos, arrojó basura y complicó mucho las cosas porque había un casamiento allí enseguida. 

“A mí lo que me llama la atención es esto del “orgullo gay” porque no existe un “orgullo heterosexual” y si las personas de aquella condición consideran que está bien, que es normal, etc., no tienen por qué estar orgullosos, lo viven y se acabó. Más que orgullo me parece que hay algo de resentimiento y ese resentimiento se vuelca contra la Iglesia Católica. La Iglesia no está contra los gay. Por eso quiero esclarecer cuál es la doctrina, la enseñanza de la Iglesia acerca de la homosexualidad”. 

El Papa Francisco, regresando de uno de sus viajes, dijo en el avión una cosa muy linda: “Si una persona es gay y busca al Señor, y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juzgarlo? El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica de una forma muy bella y es que no se debe marginar a estas personas por eso, hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esa tendencia, debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby de esta tendencia, como el lobby de los avaros, de los políticos, de los masones. Tantos lobbys, y éste es el problema más grave”. 

Pero el Papa Francisco remite al Catecismo, por eso quiero leerles lo que enseña el Catecismo acerca de este tema en el N° 2357 y en el siguiente: 
“La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. 

Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”. 

Y en el párrafo posterior, el N° 2359, dice: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”. 

Esta es la posición oficial de la Iglesia y a ella nos remitía el Santo Padre Francisco. No es una ocurrencia mía. 

A propósito de este tema encontré, en una revista titulada “Familia y Vida” algo muy interesante, un número entero dedicado a la cuestión de “Hijos Gay, Padres Heterosexuales”. El autor es un psiquiatra norteamericano, el Dr. Richard Cohen, que habla de su propia experiencia, pues era homosexual; se define como que era “homosexual practicante” y él superó esa condición, se casó, tiene hijos y ahora se dedica expresamente a tratar a las personas que tienen esta inclinación que llama AMS es decir “Atracción por el mismo sexo”. 

Quiere decir que estas no son cosas fatales, y entonces no tienen por qué ser objeto de un orgullo especial, simplemente son cuestiones que hay que asumir en la vida, sobre todo si se es cristiano. Me interesó mucho la historia y la propuesta del Dr. Cohen: hay un camino distinto, es posible revertir esa atracción que lleva a actos desordenados, de los que habla el Catecismo. 

Estas son cuestiones sobre las cuales hay que hablar con toda objetividad, con toda delicadeza, con todo respeto, sin ofender a nadie. Recordemos las palabras del Papa Francisco, que lo ha dicho con toda claridad: es muy distinta la situación de un gay que busca sinceramente a Dios del que arma un lobby o se incorpora a él. Ahí está la cuestión y, claro, ha sido un lobby el que ha profanado la Catedral de La Plata y por eso me he visto en la ocasión de aclarar esto con ustedes. Espero que les sirva. En todo casi debemos remitirnos siempre a la enseñanza de la Iglesia. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Noruega: quitan a unos padres la tutela de sus hijos por adoctrinamiento cristiano



catolicos-on-line, 9-12-15

Una familia cristiana de Noruega ha perdido un juicio de apelación para volver a ver a sus hijos, después de que el gobierno tomase a sus cinco niños de su hogar, acusándoles de “adoctrinamiento cristiano”. El público ha reaccionado con indignación.

Marius Bodnariu, un rumano y su esposa Noruega, Ruth, ambos ex miembros de la iglesia Pentecostal en Bucarest, se mudaron a Naustdal, Noruega hace 10 años, donde criaron cinco hijos. Según la información del hermano de Marius, Daniel, el 16 de noviembre, agentes de protección juvenil del gobierno se llevaron a los dos hijos mayores de la familia Bodnariu, se presentaron a su escuela y los sacaron de la clase sin informar a sus padres. Más tarde la policía llegó a casa de la familia Bodnarius y tomaron a dos niños más, dejando a Ruth con su bebé de tres meses de edad, a quien la policía tomó el día siguiente.

Dos días después, los servicios de protección juvenil notificaron a los padres que sus hijos estaban bajo el cuidado de dos familias adoptivas separadas y se estaban «integrando» bien. Según su testimonio, uno de los funcionarios le dijo a Ruth, «los niños ni siquiera los extrañan. ¿Qué clase de padres sois? Marius y Ruth fueron informados más adelante por el Gobierno que eran culpables de «radicalismo cristiano y adoctrinamiento».

Al parecer, la decisión fue instigada por el director de la escuela, que se quejó con los servicios de protección infantil porque los Bodnarius eran «muy cristianos» y su creencia de que Dios castiga el pecado «crea una discapacidad en los niños». Por consecuencia, el director creyó que los padres necesitaban la «orientación» del gobierno para criar a su familia. El director también dijo preocuparse por disciplina en el hogar familiar, ya que se utilizaba el castigo físico ocasionalmente. Pero después de un examen físico de los niños (el bebé de tres meses de edad fue sometido a radiografías y un escaneo de TC), no se descubrió ningún abuso físico. La protección juvenil, sin embargo, sostiene que Marius es violento, mientras que él y Ruth niegan vehementemente las afirmaciones.

Una audiencia del 27 de noviembre rechazó el recurso de la familia Bodnarius para reencontrarse con sus hijos. El Tribunal dictaminó que debían permanecer bajo el cuidado de sus padres adoptivos, mientras que Marius y Ruth podían visitar a su hijo de tres meses dos veces por semana durante dos horas. Podían ver a sus dos hijos mayores también, pero el Tribunal no concedió el derecho para visitar a sus hijas. Los padres están estudiando otras acciones legales.

Mientras tanto, una petición ha comenzado en apoyo a la familia y ha recogido casi 30.000 firmas, y una página Facebook documenta el calvario de la familia.

El 2 de diciembre, el senador rumano Titus Corlatean habló en nombre de la familia Bodnarius a la Comisión para la igualdad y la no discriminación de la Asamblea parlamentaria del Consejo Europeo (APCE) en París. Corlatean condenó lo que considera una conducta abusiva por parte del gobierno noruego y pidió una investigación de la Asamblea. También señaló las acciones previas por parte de los servicios de protección infantil noruegos, que han separado niños de sus padres basándose en acusaciones sin fundamento.


El hermano de Marius escribe: Testifico y juro con vehemencia, de Marius y Ruth han engendrado y criado una familia ‘normal’ con valores cristianos. Estos padres aman a sus hijos y han dado todos los pasos imaginables en la crianza de sus hijos con amoroso cuidado en todos los aspectos de su bienestar. La separación de su familia por la Barnevernet [servicios de bienestar infantil] es una pesadilla en la vida de Marius y Ruth. Su esperanza está fundada y reposa en Dios; Él puede cambiar cualquier situación y siempre tiene el control!