martes, 29 de noviembre de 2016

El imperio de la violencia en la Argentina

El imperio de la violencia en la ArgentinaReflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor"
(26 de noviembre de 2016)

Aica

Hoy se habla con frecuencia del incremento de la violencia en la sociedad argentina y no es sólo un tema de conversación sino que es una realidad, un hecho que se sufre. Basta seguir las noticias cotidianamente: asaltos, crímenes, asaltos que acaban en homicidios sin necesidad. Quieren robarle el celular a alguien y, a veces, no alcanzan a robárselo pero lo matan. Además vemos “entraderas” de todo tipo y también lo que se sabe de la violencia doméstica, el maltrato a las mujeres, lo que se llama ahora femicidio. Todo esto pareciera que se hubiera precipitado de una manera tremenda en los últimos años.

¿Podríamos encontrar alguna causa de esto? ¿Por qué es así? Sí, está la malicia de la persona humana y siempre habrá habido robos y crímenes pero tengo la impresión de que, ahora, hay una especie de concentración de estos males.

Se me sugiere una interpretación. Sin ser un sociólogo, no lo soy, pienso que hay dos o tres causas que pueden influir en esto. Una es la disolución de la familia pues, hoy día, es muy difícil encontrar una familia como la entendíamos antes. Ahora tenemos lo que se llaman las familias ensambladas y yo, hablando con los jóvenes, como lo hago frecuentemente, observo que muchos no han conocido a su padre y tienen hermanos de varias parejas de su madre, etc. Hay una especie de orfandad afectiva en muchos de estos chicos y en algunos ambientes eso le llega fácilmente. Son reclutados, con facilidad, por una bandita y caen presos y se tragan, como “perejiles”, ocho años en la cárcel cuando los grandes “chorros” pasean tranquilos.

La disolución de la familia es una razón y otra, podríamos decir, la caída de la educación. Y no me refiero sólo al sistema educativo sino a la educación en general, lo que era el decoro, el respeto, la cordialidad, el respeto por el otro, por la vida del otro. Eso también es algo que hoy parece que no tiene una vigencia cultural de peso.

Además está la falta de trabajo, de trabajo digno, de trabajo genuino. Hay mucha gente cuyo trabajo es “chorrear” y hacen lo que pueden por sobrevivir y, por supuesto, no estoy justificando esto. Lo que veo es entre todas estas causas la constitución de una especie de drama argentino, una tragedia argentina y eso tiene que ver con la violencia.

Vemos esa violencia en todos los órdenes Incluso en la calle, entre los pasajeros de un colectivo, o alguien que cruza una calle y un auto que no lo respeta, etc. Parecen cosas minuciosas pero el conjunto hace una especie de síndrome psicológico y sociológico de violencia.

¿Nosotros cómo podemos vivir así? No sólo no es humano sino que tampoco es cristiano obviamente. Y creo que en cuanto cristianos tenemos que hacer un aporte a esto, no sólo en cuanto a nuestra conducta sino en cuanto a la difusión de una corriente diversa de trato con las personas, de respeto, de afecto, de solidaridad aún con personas desconocidas. Esto parece algo increíble, algo difícil de realizar pero es lo normal, tendría que ser lo corriente, lo cotidiano.

No quiero exagerar las cosas. Si yo sigo las noticias policiales de los diarios por supuesto que este cuadro que les estoy pintando es perfecto y ya sé que hay gente que vive de otra manera, que vive bien, que trata a los demás como deben ser tratados, etc., etc., pero los periodistas reflejan esto sobre todo y, de hecho, uno encuentra que hay una especie de crispación que tiene además de las causas que he citado algunas otras que se podrían añadir pero que implican la deshumanización de la convivencia humana.

Sobre esto, nosotros, tenemos que reaccionar y reaccionar en primer lugar con aportes, el aporte de nuestro propio trato empezando por casa, digámoslo así, y siguiendo por aquellos con los cuales entramos en contacto. Miren es una experiencia que yo mismo, como pastor de la Iglesia, he tenido porque hay veces que hay cosas que a uno lo enojan, lo fastidian, y espontáneamente surge el temperamento, uno está inclinado a contestar de mal modo, aún en esas pequeñeces, me parece que se juega ese imperio de la violencia y es algo que nosotros podemos dominar, podemos corregir, podemos encauzar y, luego, sobre todo, aquellos que tenemos alguna responsabilidad educativa con los chicos, sea en el hogar, sea en la escuela. Es muy importante eso de tratar de tranquilizarlos, tratar de llevarlos a la mesura. Hay una especie de descontrol y eso no es la libertad porque la libertad es perfectamente compatible con el respeto, con la mesura, con la integración de una comunidad.

Veamos a ver si, con el tiempo, podemos ir mejorando un poco todo esto porque si esto se acelera no sé en qué podemos acabar. Va a ser muy triste la situación de la sociedad argentina.


Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

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