martes, 12 de abril de 2022

CÁTEDRA

  Juan Pablo Magno

 

Descripción: Esta Cátedra fue creada en 2011, por un grupo de profesionales y docentes católicos de Córdoba, con el fin de contribuir al perfeccionamiento y actualización doctrinal de los laicos, y la difusión del Magisterio Pontificio.

 

Fundamentos: El principal problema actual de los católicos laicos argentinos, es su necesidad de formación o de mejorar y corregir la ya recibida, especialmente para quienes se desempeñan como catequistas, agentes pastorales, o dirigen instituciones (colegios, asociaciones, movimientos).


Todos ellos advierten que carecen de seguridad en los principios de su fe, y no están en condiciones de intervenir eficazmente en el diario debate sobre cuestiones de actualidad, en que a menudo se critica o ataca a la Iglesia. Dentro de la propia estructura eclesial surgen voces disonantes (sacerdotes y obispos) que agravan la confusión sobre la recta doctrina.

 

Actividades: Conferencias, Cursos, Jornadas, Publicaciones.


Orientación: La Cátedra ajustará sus actividades al Magisterio oficial de la Iglesia, a la filosofía tomista y en fidelidad al Santo Padre.


Fundador: P. José Cuesta sdb


Coordinador Académico: Mario Meneghini


Correo: cecivicos@gmail.com

 


 

SUCESORES DE LOS APÓSTOLES

 


Homilía de Mons. Héctor Aguer, en la Santa Misa de acción de gracias por el trigésimo aniversario de su Ordenación episcopal. Basílica Nuestra Señora del Pilar, Buenos Aires, miércoles 6 de abril de 2022

 

Monseñor Héctor Aguer


Infocatólica, 08/04/22

 

Actualmente se habla más bien de ordenación episcopal, en referencia al Sacramento del Orden Sagrado, el sexto en la lista catequística de los sacramentos, que confiere tres dignidades: diácono, presbítero, y obispo; las cuales se comunican mediante la silenciosa imposición de manos, y la plegaria que es una invocación al Espíritu Santo. El rito indicado en el Pontifical incluye tres elementos que acompañan al gesto silencioso: en primer lugar, antes de la imposición de las manos, el candidato debe acostarse de bruces y cuan largo es, en señal de humildad y de súplica; entonces se cantan las Letanías de los Santos, para invocar el auxilio de aquellos cristianos que ya obtuvieron la victoria. Es como si el Cielo se precipitara a la tierra para recoger el humilde propósito de quien va a ser consagrado. Luego, después de la imposición de manos que realiza el celebrante principal, el que consagra, todos los obispos presentes también reproducen en silencio el gesto que señala la incorporación del nuevo obispo a la comunión de la fraternidad episcopal.

 

  Sin embargo, no se debe olvidar el término consagración, con su significado: a semejanza de Jesús, que fue consagrado y enviado al mundo, el obispo es segregado y dedicado a Dios, quien lo toma para sí. De ese modo, por esa acción sagrada, misteriosa, ese hombre se suma a la cadena de la sucesión apostólica; podemos decir que mediante esa realidad sobrenatural, el elegido es asimilado a uno de los Once. No a Pedro, el primero de todos ellos que, según la fe católica, continúa viviendo en el Pontífice Romano, a quien se llama por eso Sucesor de Pedro. Cualquier obispo, yo mismo, podría actualizar la figura de Juan, de Santiago, de Andrés, o tal vez la de Matías, que ganó aquella condición en un sorteo para completar el número de los Doce, en lugar del innombrable Traidor (Entre paréntesis, muchas veces he pensado en el otro candidato propuesto por la comunidad a pedido de Pedro: era Jesús, llamado Barsabás, y apodado «el Justo». ¿Qué se habrá hecho de él?). El sorteo se hizo según las costumbres de la época; el libro de los Hechos de los Apóstoles señala que «se dieron suertes» (klērous) a los dos, y el klēros, el «clero» cayó sobre Matías, quien fue sumado a los Once. De paso, notemos que clero significa suerte. Precedió la oración, porque era Dios el que había de señalar al elegido (Hch 1, 21-26).

 

  La elección de Matías mediante un sorteo puede evocar la importancia de las causas segundas en una promoción al episcopado, las cuales son incluidas en los designios de la Providencia divina; no habría que soslayar, por cierto, la fe, la recta intención y la plegaria.

 

  El título de Sucesor de los Apóstoles, bien considerado, hace temblar; por un lado –se me ocurre- nos asemejamos a aquellos en su imperfección primera, que los Evangelios no disimulan; y, por otro, a aquella gozosa comunión posterior con el Resucitado. El llamamiento al comienzo era: «Vengan, que yo les haré pescadores de hombres» (Mt 4, 19); vengan detrás de mí (opisō mou), es decir, «síganme»; ellos no podían sospechar, entonces, que tal seguimiento llevaba a la Cruz. Luego, después de la Resurrección, bajo la luz y el impulso del Espíritu Santo, la palabra del envío fue «vayan y enseñen (mathēteusate; en latín, docete, Mt 28, 18), hagan discípulos en todo el mundo». Jesús, a quien el Padre ha dado todo poder (exousía), estará siempre con nosotros, todos los días (Mt 28, 20: pasas tas hēmeras). Es esta una consoladora convicción que acompaña la diligente entrega del obispo al trabajo pastoral. Un recaudo a tener en cuenta: una posible absorción de su persona por las realidades de la sucesión apostólica, y la actividad correspondiente, pueden hacerle relegar a un segundo plano la íntima y personalísima relación con Cristo, que ha de vivirse en la fe, la adoración y una caridad (agápē) ardiente; virtudes que realzan la personalidad, sostienen y otorgan pleno sentido apostólico -es decir, de identificación con los Doce- a la acción exterior, por más «pastoral» que a esta se la pretenda. La hondura de la misión episcopal no suele, no puede, ser comprendida por la mayoría de los periodistas, que exhiben el título de «especialistas en cuestiones religiosas». Por desgracia, he experimentado esto muchas veces.

 

  Indudablemente, del ejercicio pastoral proceden legítimas satisfacciones, y aun la sensación del «éxito»; esta palabra no es la más adecuada, por su carga mundana, pero acentúa lo que quiero explicar. Por cierto, es un don de Dios la serena alegría que brota de la percepción de los frutos en la vida de la Iglesia particular, que al obispo se le ha encomendado presidir. En las Cartas de San Pablo se expresan con frecuencia esos momentos dichosos que equilibran algo tantos otros oscuros y dolientes. La referencia insoslayable es a la Pascua; y ésta implica siempre la Cruz, y la Resurrección.

 

  El fundamento de la vida del obispo, y de su acción pastoral, consiste en la identificación con la esencia de la sucesión apostólica; la atención debe ser puesta en la consagración del Espíritu Santo. Él ha sido sacramentalmente –esto es: en el misterio- identificado con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y con su sacrificio expiatorio, como lo fueron los Doce. El término latino sacramentum traduce el griego mystērion. La riqueza mayor de la condición episcopal consiste en vivir intensamente esa realidad interior; aunque no muera mártir; todos los días ese hombre está destinado a la Cruz. Debería adiestrarse en la adoración, la gratitud, el propósito siempre renovado; San Pablo lo manifestó no pocas veces en sus Cartas: sufrir con Cristo, a la vez rigurosa y gozosamente. Para él la vida, el vivir, era Cristo, y no se gloriaba sino en la Cruz de Cristo, cuyas heridas (stígmata, Gál 6, 17) llevaba grabadas en su carne.

 

  La consagración del obispo lo habilita para presidir la Eucaristía en situación de excelencia respecto del presbítero. Además indica que es responsable del cuidado, de la custodia de la Sagrada Liturgia, para que reluzcan en ella la exactitud, la solemnidad y la belleza. En el gesto del obispo que pronuncia las palabras de la transustanciación, el cambio del pan en el Cuerpo del Señor, y del vino en su Sangre, la representación de la Cena y de la Cruz adquieren la máxima originalidad; y constituyen una profecía de la transustanciación del mundo, a cuyo servicio se empeña la sucesión apostólica.

 

  Cualquiera de ustedes podría preguntarme: ¿El 4 de abril de treinta años atrás, abrazó usted conscientemente esa realidad que acaba de exponer? Puedo decir que viví con intensidad lo que se realizaba en mí, y con el asombro de encontrarme en esa circunstancia, y aun que lo he percibido implícitamente. Pero al cabo de tres décadas de ejercicio de la misión episcopal, con recta intención, y deseo de agradar al Señor, puedo reconocer ahora la verdad teológica que se encierra en el concepto de sucesión apostólica. No se me oculta que me encuentro todavía lejos de vivir en plenitud esa dimensión espiritual –mística, digamos-; realización vital de aquella verdad teológica.

 

  El calendario litúrgico señala el 4 de abril como Memoria de San Isidoro de Sevilla, quien en su libro de las Sentencias escribió que «todo progreso procede de la lectura y la meditación». Según este Padre de la Iglesia, la lectura de la Biblia confiere un don que es doble: instruye la inteligencia del alma y conduce al amor de Dios, a la vez que aparta al hombre de las vanidades del mundo; la gracia hace que «la doctrina que llena los oídos descienda al corazón». Estos propósitos se encuentran en el pasaje de las Sentencias isidorianas asumido en el Oficio de Lectura, que integra la Liturgia de las Horas de este día. Aquí también se registra la dialéctica entre interior y exterior. El texto me ha hecho cavilar nuevamente acerca de las numerosas ocasiones en que he permanecido en lo exterior del ministerio –en el oído, digamos-, en lo que es más fácil y grato, cuando la fuerza y la auténtica eficacia proceden misteriosamente de la realidad interior, del corazón al que ha descendido la Palabra de Dios. ¿Acaso importa más el juicio de los hombres que el Juicio de Dios?

 

  Junto al gozo y la gratitud corresponde también hoy pedir perdón, por todo y a todos; singularmente a aquellos a quienes pude haber ofendido o perjudicado. Me permito exponer estos sentimientos citando un pasaje de Los hermanos Karamázov, la obra maestra de Fiódor Dostoyevski. El stárets Zósima, padre espiritual de Aliosha, el menor de los Karamázov, contó el caso de un hermano suyo, Markel, muerto de tisis a los 17 años, después de una conversión en virtud de la cual descubrió el misterio del pecado y del perdón. Así confesaba el joven: «Madrecita… has de saber que en verdad una persona es culpable ante todos, por todo y de todo… Yo deseo ser culpable ante ellos», incluso «ante los pájaros del buen Dios»… «Que sea yo pecador ante todos; en cambio todos me perdonarán, y eso es el paraíso. ¿Acaso no estoy ahora en el paraíso?» No es preciso aplicar a estos dichos de una novela, de la segunda mitad del siglo XIX, una lupa teológica. Creo, sin duda, que enuncian una verdad ortodoxa, por verdadera y por rusa; es una verdad católica: el pecado mancilla la creación, la degrada, pero el arrepentimiento y el perdón la recrean, la restauran, ponen las cosas en su lugar. Análogamente vale lo dicho para la Iglesia y los hombres de Iglesia. Reconozco que debo pedir perdón por muchas faltas, de acción y omisión. ¡Qué distinto sería, habría sido todo, si yo fuera santo!

 

  Me he extendido excesivamente; concluyo. Last but not least, no puedo omitir el papel de la Santísima Virgen María en mi vida episcopal. Estoy aferrado a su Rosario. Puedo resumir lo que he recibido de Ella haciendo referencia a los dos modelos de la iconografía oriental que suscitan mi devoción, y que me gustan especialmente. Ella es la Hodigitria, la que señala el Camino. Con su brazo izquierdo sostiene al Niño, y con su mano derecha lo muestra; en efecto, Ella ahora nos indica a Cristo como Aquel a quien debemos seguir, así como nos los mostrará dichosamente «después de este destierro», según lo pedimos al rezar la Salve. El otro modelo es la Eléusa, la Madre de la misericordia y la ternura, que estrecha a Jesús contra su mejilla. De ese modo, María, con su cercanía y su cariño alivia nuestros pesares, y nos consuela en los momentos difíciles.

 

  Tengo otro punto mariano de referencia, imposible de olvidar: la pequeña Virgen de Luján, que está allá junto al río desde el siglo XVII, desde el episodio que aquella gente, gente de fe, interpretó como un milagro. Ella no ha dejado mensajes, nunca ha dicho nada, no dice nada. Está allí para que la miremos; no dice nada con palabras, pero ciertamente habla al corazón.

 

+ Héctor Aguer

Arzobispo emérito de La Plata

domingo, 10 de abril de 2022

CATOLICISMO ARGENTINO

 

 GRAVE PANORAMA


La encuesta, publicada en 2019, sobre religión en la Argentina, revela datos que deberían ser objeto de serias reflexiones. La disminución del número de argentinos que se consideran católicos es pronunciada:


              %

1947    93,6

1960    90,05

2008    76,5

2019    62,9

 

Después del debate sobre el aborto, en 2018, con activa participación de grupos provida en todo el país, con el apoyo de las autoridades eclesiásticas, las frías cifras demuestran que no parece haberse modificado la situación existente 11 años antes, cuando se realizó una encuesta similar a la comentada.


El 80 % de los católicos consideran que la mujer puede abortar, en algunos casos, o siempre.

 

 ¿Cuándo tiene derecho la mujer a abortar?


                         Según encuestas 2008-2019 (%)


                                      2008                 2019


                                Cat. – Evang.        Cat. – Evang.


1. Siempre              11,4     6,7               22,3      7,3


2. Algunos casos    68,6    48,1             57,7     50,3


   Subtotal 1 y 2      80      54,8              80       57,6


3. Nunca                15       37,4              17,2     41,9

 

Además, el 61,1 % considera que una pareja de gays o de lesbianas debe poder adoptar niños.


Sólo el 35,5 % piensa que el único matrimonio válido es entre el hombre y la mujer.

 

Fuente:


*Segunda encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina. Programa Sociedad, Cultura y Religión; Ceil-Conicet, 2019

*Mallimaci, Fortunato (Director). Atlas de las creencias religiosas en la Argentina; Ed. Biblos, 2013.

sábado, 9 de abril de 2022

NUEVO SANTO SALESIANO: ARTÉMIDES ZATTI

 


Infobae, 9 de Abril de 2022

 

El pontífice argentino reconoció un nuevo milagro atribuido a la intercesión de Zatti, laico salesiano nacido el 12 de octubre de 1880 en la localidad italiana de Boretto y fallecido el 15 de marzo de 1951 en Viedma, en la Patagonia argentina.

 

La familia del nuevo santo se trasladó en 1897 a Argentina buscando un futuro mejor, asentándose en Bahía Blanca, y ahí creció Zatti, quien tras trabajar como mozo en un hotel y como obrero, accedió a los 20 años en los Salesianos.

 

Su vida cambió en 1902 cuando consigue curarse de la tuberculosis y, convencido de que fue por intercesión de la Virgen, decide renunciar al sacerdocio para dedicarse a la asistencia de los enfermos.

 

Su servicio se desarrollará toda la vida en el hospital de Viedma, como vicedirector, administrador y enfermero, a los que visitaba con su bicicleta, recibiendo el cariño de sus pacientes y de sus familias hasta que muere por un tumor en el hígado en 1951.

 

Fue beatificado en 2002 por la curación milagrosa de gangrena del seminarista Carlos Bosio, inspector salesiano en Rosario.

 

El decreto para el reconocimiento del nuevo santo italiano, pero querido en Argentina, ha sido ya autorizado por el papa Francisco, tras una audiencia con el prefecto para la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro. La fecha de su canonización en Roma será decidida por el papa en un Consistorio aún por convocar.

 

El supuesto segundo milagro que el Vaticano ha aceptado para su subida a los altares es la “curación inexplicable” en 2016 de un hombre en Filipinas que sufrió un ictus isquémico y que derivó en otras complicaciones, según informó la Congregación Salesiana.

 

Los salesianos expresaron su alegría por el primer santo de su congregación que no fue sacerdote, sino solo consagrado, y de quien el propio pontífice argentino es muy devoto.

 

El camino hacia los altares tiene varias etapas: la primera es ser declarado venerable siervo de Dios, la segunda beato y la tercera santo.

 

Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona muerta a la que se reconoce “haber vivido las virtudes de manera heroica”.

 

Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión, mientras que la canonización, como en el caso de Zatti, requiere un segundo milagro obrado “por intercesión” después de ser proclamado beato.

 

El martirio de Giuseppe Bernardi y Mario Ghibaudo

 

El papa Francisco también reconoció el “martirio” de los sacerdotes italianos Giuseppe Bernardi y Mario Ghibaudo, asesinados por los invasores nazis en 1943, lo que implicará su futura beatificación, informó hoy la Santa Sede.

 

El pontífice argentino ha autorizado los decretos que atestiguan el martirio de ambos curas, lo que supondrá su beatificación sin necesidad de constatar un milagro.

 

El Vaticano considera así que los dos sacerdotes fueron asesinados por odio a la fe el 19 de septiembre de 1943 en la localidad italiana de Boves (norte), en el contexto de la II Guerra Mundial. Por aquel entonces el municipio piamontés era escenario de fuertes batallas entre los soldados de la Alemania nazi y los partisanos italianos.

 

El 19 de septiembre de 1943, tras un enfrentamiento en el que dos soldados alemanes cayeron cautivos, el coronel alemán Joachim Peiper amenazó con reducir el pueblo a escombros si no recuperaba a sus soldados presos y el cuerpo de uno más que había sido asesinado.

 

El cura Don Giuseppe Bernardi medió para lograr lo que el asediador reclamaba pero, después, este no cumplió con su palabra y ordenó atacar el pueblo, obligando al presbítero a asistir al incendio de las casas y a las ejecuciones sumarias. Benardi fue ejecutado también al término de la ofensiva.

 

Por otro lado, el vicario parroquial Mario Ghibaudo también murió en la matanza de Boves, después de haber puesto a salvo a las niñas del orfanato local y a otras personas .Falleció tiroteado cuando acudió a impartir la extrema unción a un hombre que había caído por las balas de las ametralladoras nazis.

EFE

EL PAPA ADVIERTE

 

contra "invierno demográfico" en Italia


14 de Mayo de 2021


Por Crispian Balmer


Infobae, 14-5-21

 

ROMA (Reuters) - El Papa Francisco dijo el viernes que el costo de criar niños es demasiado alto y que los padres necesitan más ayuda si países como Italia quieren superar las bajas tasas de natalidad que socavan su futuro.

 

En una conferencia sobre la notoria caída en el número de infantes en Italia, Francisco dijo que las encuestas mostraban que la mayoría de los jóvenes querían tener hijos, pero estaban preocupados por los gastos.

 

"Sus sueños de una nueva vida, las semillas del renacimiento del país, se enfrentan a un invierno demográfico que es frío y oscuro", dijo el Papa.

 

"Para que el futuro sea bueno, debemos cuidar a las familias, especialmente a las familias jóvenes, que se ven acosadas por preocupaciones que corren el riesgo de paralizar sus planes de vida. Estoy pensando en los temores provocados por los costos cada vez más inasequibles de criar a los hijos".

 

En declaraciones en el mismo evento, el primer ministro Mario Draghi dijo que Italia tuvo solo 404.000 nacimientos el año pasado, la tasa más baja desde que comenzaron los registros y un 30% menos que hace 12 años, mientras que las muertes totalizaron 746.000, elevadas en parte por la pandemia de COVID.

 

"Una Italia sin hijos es una Italia que no cree en sí misma y no hace planes para el futuro. Es una Italia destinada a envejecer lentamente y desaparecer", dijo Draghi.

 

La cuestión de las bajas tasas de natalidad no se limita a Italia. Los datos de este mes mostraron que los nacimientos chinos cayeron un 18% el año pasado, a su nivel más bajo desde 1961, y la tasa de natalidad de Estados Unidos disminuyó un 4% a mínimos no vistos desde 1979.

 

El Papa dijo que un cambio en los valores es en parte responsable por la tendencia, ya que la sociedad moderna pone énfasis en ganar dinero y desarrollar una carrera, mientras que los niños son vistos como una "distracción".

 

"Esta mentalidad es una gangrena para la sociedad y hace que el futuro sea insostenible", declaró.

jueves, 11 de febrero de 2021

Los colegios católicos argentinos

 


no enseñarán que el aborto es una opción válida aunque lo pida la ley

 

(Clarin/InfoCatólica) 11-2-21

 

Los colegios católicos de todo el país adelantaron que no presentarán a sus alumnos y alumnas el aborto como una opción ante un embrazado no deseado tras la aprobación de la ley de que despenaliza ese crimen ya que, a su juicio, «impone capacitar a los docentes a fin de brindar atención a quienes soliciten abortar a sus hijos por nacer, en el marco de la Educación Sexual Integral».

 

A través de un comunicado, la Federación de Asociaciones Educativas Religiosas de la Argentina (Faera), que agrupa a los colegios de las congregaciones religiosas católicas, reafirma «su compromiso por brindar una Educación Sexual verdaderamente integral, en el marco de la antropología cristiana y en el reconocimiento del valor único e innegociable de toda vida humana».

 

«No sólo nos asiste el derecho constitucionalmente garantizado a la libertad de enseñanza, libertad religiosa y libertad de expresión; nos asiste también un deber ético al que nos convoca el Papa Francisco una y otra vez, y nos impulsa el compromiso con el Evangelio de Jesús que proclamamos en la Escuela Católica Congregacional», subrayan.

 

En la Iglesia también se apela al artículo quinto la ley de Educación Sexual Integral que determina que «cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros» La ley del aborto establece en su artículo 13 que «el Estado nacional, las provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los municipios tienen la responsabilidad de implementar la ley 26.150, de Educación Sexual Integral, estableciendo políticas activas para la promoción y el fortalecimiento de la salud sexual y reproductiva de toda la población».

 

Añade que estas políticas «deberán, además, capacitar sobre perspectiva de género y diversidad sexual a los y las docentes y a los y las profesionales y demás trabajadores y trabajadoras de la salud, a fin de brindar atención, contención y seguimiento adecuados a quienes soliciten realizar una interrupción voluntaria del embarazo en los términos de la presente ley».

 

«No somos desconocedores del drama complejo que viven las niñas, adolescentes y jóvenes, de todos los espacios sociales y culturales», dicen los colegios católicos. «Pero también sabemos por las religiosas, los sacerdotes, y los psicólogos que acompañan este drama, que el aborto está muy lejos de solucionar un problema, más bien crea uno nuevo del que difícilmente se vuelve».

 

Luego afirman que «junto con el magisterio de la Iglesia los invitamos a no privar a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la perspectiva evangélica de la vida, ayudando a comprometerse y asumir la vida como viene. Es la finalidad de la secuela católica: proponer una experiencia vivencial del Evangelio de Jesús en el marco de la comunidad educativa:

 

«Esperamos de todos el compromiso con un humanismo evangélico que funda nuestros compromisos éticos, y nos brinda un horizonte de sentido al que nos dirigimos. Esta perspectiva es la que debe orientar todas las dimensiones de la escuela, también la Educación sexual integral».

 

Y concluyen:

 

«También nos impulsa a acompañar a toda persona humana que se encuentra en el drama de este dilema, especialmente si son niñas, adolescentes o jóvenes a los que asistimos en la pastoral educativa de nuestras obras».

sábado, 6 de febrero de 2021

EL CARDENAL MULLER

 


 

 advierte contra el Gran Reset promovido en Davos por los «amos del mundo»

El cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha hablado con Edward Pentin, del National Catholic Register, del actual debate sobre el «Gran Reset», promovido por el Foro Económico Mundial (FEM) de Davos. Buscan «el control absoluto del pensamiento, la palabra y la acción» de toda la población.

 

(LSN/InfoCatólica) 6-2-21

 

El prelado alemán dijo a Pentin que dos bandos - «el capitalismo especulador, los gigantes de la gran tecnología de los países occidentales» y el «comunismo de la República Popular China»- están hoy «convergiendo y fusionándose en un capital-socialismo unificado», produciendo un «nuevo colonialismo».

 

El Gran Reset (o Gran Reajuste) es un programa del Foro Económico Mundial (FEM) que utiliza la crisis provocada por la pandemia como excusa para una remodelación fundamental de la forma en que los seres humanos convivimos en esta tierra. El FEM afirma en su página web que «los cambios que ya hemos visto en respuesta al COVID-19 demuestran que es posible un reseteo de nuestros fundamentos económicos y sociales».

 

A la luz de las crisis económicas y medioambientales previstas, el FEM propone que «debemos construir unos cimientos totalmente nuevos para nuestros sistemas económicos y sociales». Cómo debería ser esta reconstrucción de nuestras sociedades a los ojos de estos actores financieros y económicos mundiales puede verse en su propio vídeo del FEM titulado «Ocho predicciones para el mundo en 2030».

 

 El vídeo predice que «no tendrás nada y serás feliz. Lo que quieras lo alquilarás y te lo entregarán con un dron». Junto a la abolición de la propiedad privada -un objetivo típico de las ideologías socialistas- el FEM también ve el fin de los valores occidentales que, obviamente, se basan en el cristianismo: «Los valores occidentales habrán sido puestos a prueba hasta el punto de ruptura». Cabe preguntarse qué tipo de valores sustituirán a esos «valores occidentales» y de dónde vendrán.

 

En este contexto, los comentarios del cardenal Müller son importantes, ya que está denunciando este nuevo programa ideológico para nuestro mundo. Mientras que le parece bien que personas de los ámbitos económico y político se reúnan y discutan asuntos de importancia, el purpurado alemán se pregunta qué «imagen de la humanidad» tiene realmente el FEM. Al mismo tiempo, advirtió que el objetivo de esta nueva fuerza de fusión -la colaboración entre las grandes entidades capitalistas con China- es «el control absoluto del pensamiento, la palabra y la acción».

 

El cardenal señala la importancia del mundo digital en la actualidad y cómo afecta a la vida humana. Ve que se está creando un «hombre homogeneizado», y que ese hombre «puede ser dirigido más fácilmente».

 

«El mundo orwelliano del homo digitalis ha comenzado», explicó. «A través del mainstreaming, se quiere lograr la conformidad total de la conciencia de las masas a través de los medios de comunicación». Müller apunta al autor francés del siglo XIX Gustave Le Bon, que predijo tal situación en su libro La psicología de las multitudes.

 

El cardenal Müller también rechazó la idea de que tales críticas al Gran Reset y sus planes ideológicos sean meras «teorías conspirativas» y añadió que los sistemas totalitarios «siempre han denigrado cualquier crítica como conspiración y subversión». En ese sentido, señaló las numerosas advertencias sobre los gobiernos totalitarios en el siglo XX y explicó que «difícilmente pueden ser desacreditadas como teorías de la conspiración, ya que los desarrollos políticos reales les han dado la razón».

 

Advirtiendo que no hay que tomar las promesas del Great Reset y otros programas similares de fundaciones muy ricas como esfuerzos inocentes, el prelado alemán afirmó que «la confianza ciega en la actitud filantrópica de los líderes de las Grandes Fundaciones y las Sociedades Abiertas sólo es posible con una negación completamente ingenua de la realidad».

 

El Prefecto emérito de Doctrina de la Fe señaló que en el pasado ha habido intentos de recrear al hombre e inventar el mundo de nuevo. Estos intentos siempre se han convertido en movimientos totalitarios. Siempre que el hombre ha querido «recrearse y redimirse», dijo a Pentin, se ha creado en su lugar un monstruo, citando como ejemplo el «espantoso experimento humano» de la Unión Soviética comunista que coincidió con la revolución industrial.

 

«Eso debería habernos convencido», añadió, «de que la utopía de un paraíso en la tierra, en cualquiera de sus formas, da lugar a los mayores crímenes contra la humanidad (negación de la libertad de los disidentes, destrucción del trabajo, reducción de la población mediante el aborto y la eutanasia). La naturaleza del hombre, herida por el pecado, necesita el perdón divino. Sólo la gracia de Dios puede redimirnos y darnos la libertad y la gloria de los hijos de Dios».

 

Se da la circunstancia de que el nuevo presidente de Estados Unidos, Joseph Biden, está aliado con el programa del Great Reset e incluso llama a su nueva agenda «Build Back Better» (Reconstruir mejor), un eslogan que también está siendo utilizado por el Foro Económico Mundial. El Foro Económico Mundial se ha alineado al mismo tiempo con China y ha invitado a su presidente Xi Jingping a presentar una charla en la jornada inaugural de su reunión anual (virtual) de 2021. El propio FEM calificó su participación en el foro de «oportunidad histórica de colaboración».

 

En octubre de 2020, el cardenal Müller ya advirtió de que la elección de Biden como presidente de Estados Unidos podría tener graves efectos tanto en Estados Unidos como en las democracias del mundo, especialmente a la luz del creciente poder de China.

 

En declaraciones a Breitbart News, el cardenal alemán declaró: «El resultado de las elecciones en Estados Unidos determinará si este país sigue siendo la principal potencia del mundo -para la libertad y la democracia- o si una dictadura comunista asumirá ese papel para la comunidad mundial».

 

Hablando de la dictadura china y de su creciente poder en el mundo, el cardenal Müller expuso que «en China se repite el lema de la Alemania nazi: Tú no eres nada, el Estado lo es todo. Y, sin embargo, la verdad es al revés: las personas lo son todo y el Estado sólo existe para servir al bien común. Y como Estados Unidos es la primera potencia del mundo libre, también debe poner fin al dominio imperialista de una superpotencia comunista que busca la dominación mundial y permitir que el pueblo chino y otros pueblos oprimidos entren en la comunidad y la solidaridad de los pueblos libres».

 

En perfecta consonancia con la predicción del FEM de que los «valores occidentales» pronto llegarán a su punto de ruptura, el cardenal Müller expresó en enero de 2021 su preocupación por el hecho de que el nuevo régimen de Biden esté liderando una campaña para «descristianizar la cultura occidental». En declaraciones al sitio web de noticias católico austriaco Kath.net, el prelado expuso que la administración Biden, «con su concentrado poder político, mediático y económico, está al frente de la campaña más sutilmente brutal de los últimos 100 años para descristianizar la cultura occidental». Se refería a las políticas de Biden sobre el aborto, LGTBI e ideología de género

 

El propio Foro Económico Mundial también está promoviendo la agenda LGBT, así como la agenda del aborto.