miércoles, 20 de junio de 2018
Oración por la vida
La restauración de la cultura cristiana
Centro Jurídico Tomás Moro, 18.06.2018
La crisis del catolicismo actual se puede explicar de
múltiples formas, y se puede argumentar y sustentar desde una gran amplitud de
perspectiva, pero en síntesis podríamos resumir la crisis del catolicismo como
lucha entre el entreguismo a la modernidad, o la fidelidad de la tradición.
John Senior en su libro “la restauración de la cultura
cristiana” aborda precisamente la crisis religiosa de occidente planteando al
lector la única solución posible: la vuelta a los principios. La principal
tesis (la única tesis posible) que nos plantea Senior para restaura la cultura
cristina es volver nuestros ojos y nuestra experiencia a la realidad,
redescubrir el mundo desde el contacto directo con la naturaleza, con la
realidad del ser humano, y alejarnos de tecnologías que no han servido para
liberar al hombre, sino más bien todo lo contrario, han servido para desplazar
al hombre desde el centro de la creación a los recónditos espacios de lo
accesorio.
La editorial Homo Legens nos presente uno de los
libros claves para entender al sorprendente John Senior, que ya en la década de
los 70 del siglo pasado demostró que la restauración de los valores cristianos
era una realidad posible y alcanzable. Su experiencia en la instauración del
Programa de Humanidades Integradas Pearson, demostró que solo era necesario
acercar la tradición a la juventud universitaria (de la Universidad de Kansas)
para que la semilla de la tradición germinara en cientos de conversiones al
catolicismo entre una población que vivía instalada en el relativismo y la
artificialidad.
En uno de los pasajes magistrales de su libro, Senior
llega a afirmar que “ninguna restauración seria de la Iglesia o de la sociedad
podrá ocurrir sin el retorno a los primeros principios, pero antes que a los
principios debemos retornar a la realidad ordinaria de la que se alimentan los
principios”.
En este camino a los principios el católico se tiene
que armar de intelecto y voluntad, intelecto para depurar lo esencial de lo
accidental, la modernidad de la tradición, y voluntad para enfrentarse a un
mundo hostil con la verdad y la belleza.
Como cristianos la tarea de la restauración no es
nueva, ya que el desafío es similar al que enfrentaron los cristianos en el
siglo V con las invasión bárbara; no obstante nuestra situación actual es más
compleja por cuanto la caída del Imperio Romano fue provocada por pueblos que
conservaban la capacidad de creer y que conservaban el contacto con la naturaleza,
sin embargo en el presente los barbaros viven instalados en el relativismo
(religioso, moral, económico, social …) e instalados en una sociedad
artificial. Senior llega a afirmar que nuestros tiempos son similares a los de
San Jerónimo, dado que los bárbaros han destruido nuestras instituciones
culturales, aunque esta vez desde dentro.
El grito desesperado de Senior no recuerda a las
palabras pronunciados por San Juan Pablo II, en su discurso en Santiago de
Compostela (9 de noviembre de 1982), al reconocer que “Europa está además
dividida en el aspecto religioso: No tanto ni principalmente por razón de las
divisiones sucedidas a través de los siglos, cuanto por la defección de
bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal
y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza equilibrio a las
personas y comunidades” discurso que finalizó con aquella famosa admonición
dirigida a Europa “Vuelve a encontrarte. Sé tú misma.”
No obstante, por desgracia constatamos que algunas de
las afirmaciones realizadas por Senior han sido tristemente superadas, así para
el profesor estadounidense la crisis de fe “no se trata de una merma de fe
entre los humildes sino de una desintegración de la razón en las clases
dirigentes, entre los jueces, los escritores, los profesores y, sobre todo,
entre los clérigos”, crisis que por desgracia hoy en día ya afecta a los
humildes y a los cristianos de base, que viviendo tantos años sin pastores
dignos de ese nombre van perdiendo poco a poco el sentido natural de la fe,
contagiándose del relativismo destructor de la verdad.
“La restauración de la cultura cristiana” denuncia
igualmente el relativismo instalado incluso en la vida universitaria, y lo que
es más peligro, instalado incluso en las universidades católicas en donde “la
religión cristiana puede ser estudiada siempre y cuando no se crea en ella”.
Senior ya en el siglo pasado nos anticipaba que el relativismo ha tomado un
carácter totalitario que cercena cualquier tipo de libertad científica,
artística, y desde luego cualquier posibilidad de libertad religiosa.
La obra que la editorial Homo Legens nos presenta, no
es solo una obra de denuncia, sino una obra de esperanza al aportarnos su autor
el único verdadero camino de la salvación social: volver a la tradición, volver
a los orígenes, creando círculos de resistencia en las familias y las
comunidades convencidas del triunfo definitivo de la verdad y la belleza.
martes, 19 de junio de 2018
Otro antecedente sobre Mons. Angelelli
viernes, 15 de junio de 2018
Comunicado de la CEA
VALE TODA VIDA
La Cámara de Diputados de la Nación ha aprobado el
proyecto de despenalización del aborto. Nos duele como argentinos esta
decisión.
Pero el dolor por el olvido y la exclusión de los
inocentes debe transformarse en fuerza y esperanza, para seguir luchando por la
dignidad de toda vida humana.
Seguimos sosteniendo la necesidad que en el debate
legislativo que continúa, pueda haber diálogo. La situación de las mujeres
frente a un embarazo no esperado, la exposición a la pobreza, a la marginalidad
social y la violencia de género, siguen sin tener respuesta. Simplemente se ha
sumado otro trauma, el aborto. Seguimos llegando tarde.
Tenemos la oportunidad de buscar soluciones nuevas y
creativas para que ninguna mujer tenga que acudir a un aborto. La Cámara de
Senadores puede ser el lugar donde se elaboren proyectos alternativos que
puedan responder a las situaciones conflictivas, reconociendo el valor de toda
vida y el valor de la conciencia.
Es necesario un diálogo sereno y reflexivo para
responder a estas situaciones. Vivir el debate como una batalla ideológica nos
aleja de la vida de las personas concretas. Si sólo buscamos imponer la propia
idea o interés y acallar otras voces, seguimos reproduciendo violencia en el
tejido de nuestra sociedad.
Como Pastores, este último tiempo nos ha servido para
reconocer debilidades en nuestra tarea pastoral: la educación sexual integral
en nuestras instituciones educativas, el reconocimiento más pleno de la común
dignidad de la mujer y el varón, y el acompañamiento a las mujeres que se ven
expuestas al aborto o que han sido atravesadas por dicho trauma. Todas estas
son llamadas de la realidad que nos convocan a una respuesta como Iglesia.
Queremos agradecer a todas las personas que, con
auténtico respeto hacia el otro, han expresado sus ideas y convicciones aunque
hayan sido distintas a las nuestras.
Valoramos la honestidad y valentía de todos aquellos
que en distintos ambientes de la sociedad han sostenido que vale toda vida y,
de un modo particular, a los legisladores que han expresado esta mirada.
Con humildad y coraje, nos proponemos seguir
trabajando en el servicio y el cuidado de la vida.
Que María de Luján, que conoció la incertidumbre de un
embarazo inesperado, interceda por el Pueblo argentino, especialmente por todas
las mujeres que esperan un hijo, y por todos los niños y niñas que están en el
vientre de su madre.+
Buenos Aires, 14 de junio de 2018
Comisión Ejecutiva
Comisión Episcopal de Laicos y Familia (CELAF)
Conferencia Episcopal Argentina
miércoles, 13 de junio de 2018
La fe católica disminuye en el mundo
Por Aciprensa | 13 junio, 2018
Casi la mitad de los católicos se encuentran en
América, el 13,3% en Brasil. África sigue siendo un lugar de crecimiento.
Disminuye ligeramente el número de sacerdotes. Son los datos que se desprenden
tras la publicación del Anuario Pontificio.
La Tipografía Vaticana publicó ayer 12 de junio el
Anuario Pontificio 2017 y el Anuario de Estadísticas de la Iglesia 2015, en
donde se dan a conocer las últimas cifras sobre el número de católicos en todo
el mundo.
Entre las cifras más importantes, presentamos estas
cinco:
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1.- Hay 1299 millones de católicos, que suman el
17,67% de la población mundial
En el año 2015 esa cifra era de 1285 millones. Aunque
el aumento ha sido de 14 millones, en porcentaje se aprecia una ligera
disminución ya que se pasó del 17,73% de la población del mundo al 17,67%.
En abril de 2015, el Pew Research Center publicó una
investigación que señalaba que la población cristiana (católicos y otras
denominaciones) llegaba a 2300 millones, seguidos por los musulmanes con 1800
millones, y los que afirman no tener religión con 1200 millones de habitantes.
El mismo estudio indica que para el año 2035 los
musulmanes superarán en nacimientos a los cristianos con 235 y 224 millones
respectivamente.
2.- América tiene al 48,6% de católicos
De este porcentaje, informa el diario del Vaticano,
L’Osservatore Romano, el 57,5% está en América del Sur.
Europa aparece en segundo lugar con casi 22%, mientras
que en África está el 17,6%, seguido de Asia con el 11%.
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Oceanía, con un aproximado de 10 millones de
católicos, aparece en último lugar con un aproximado de 0,76%.
3.- Brasil es el país con más católicos en el mundo
En Brasil viven alrededor 173,6 de millones de
católicos, lo que representa el 13,3% de fieles del mundo y el 27,5% de América
del Sur.
4.- Hay 687 sacerdotes menos
El año 2016 marca un descenso en el número de
sacerdotes respecto a 2015. Ahora hay 687 presbíteros menos ya que los
sacerdotes pasaron de ser 415,656 a 414,969.
De los sacerdotes, el 67,9% pertenece al clero
diocesano, mientras que el otro 32,1% es parte del clero religioso.
5.- El aumento de los católicos se debe a África
L’Osservatore Romano explica que África, con el 17,6%
de los católicos del mundo, se caracteriza por “una difusión de la Iglesia
Católica muy dinámica: el número de católicos pasó de poco más de 185 millones
en 2010 a más de 228 millones en 2016, con una variación de 23,2%”.
En África, la República Democrática del Congo está en
el primer lugar de católicos con más de 44 millones, seguidos por Nigeria con
28 millones; y Uganda, Tanzania y Kenia que registran cifras similares.
Artículo publicado en Aciprensa (gráficos de Fiorella
Garrido)
lunes, 11 de junio de 2018
Creí, por eso hablé
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo emérito de
La Plata, en la Misa de despedida de la arquidiócesis
(Iglesia catedral, 10 de junio de 2018)
Aica, 11-6-18
El Génesis, primer libro de la Torá hebrea, comienza
con la palabra Bereshit, en el principio. El texto, en el que se transmite la
revelación divina sobre la protohistoria de la humanidad, asume tradiciones,
estilos y elementos culturales muy diversos, como corresponde a la encarnación
de la Palabra. El Evangelio de Juan comienza con la misma expresión: En arjé,
en el principio era el Lógos, el Verbo, y este principio es el de la nueva
creación. El fragmento del capítulo tercero del Génesis, que escuchamos como
primera lectura de esa liturgia, expone las consecuencias dramáticas de lo que
la teología católica llama pecado original. La protohistoria da paso a la
historia, que empieza mal, con la pérdida de la situación edénica, paradisíaca;
la cercanía con Dios queda perturbada por el hombre mismo, que pretende ponerse
en el lugar de su creador. Entonces sobreviene el exilio de los desterrados
hijos de Eva; habrá que esperar que la Mujer, la nueva Eva, y su descendencia
que es Cristo, aplasten la cabeza de la serpiente. Entre tanto, y aun después
de la realidad efectiva de la redención de la que gozamos, falta que podamos
echar mano, finalmente, al árbol de la vida, en el post exsilium en el que
María nos muestre el rostro de Jesús, como aspiramos en la Salve Regina.
Los símbolos que se destacan en el relato genesíaco
son ancestrales, tienen raíces en las más diversas culturas. A la luz de la
fenomenología de las religiones, la historia comparada de éstas, y sobre todo a
la luz de la fe cristiana, las figuras empleadas resultan fácilmente comprensibles.
En el ambiente cultural de la época de la redacción, fecha que es todavía
discutible, el árbol, la serpiente, la mujer y su relación con el varón
corresponden a conceptos arraigados en la experiencia humana, y de valor
sagrado. En el libro del Apocalipsis (12, 9) se habla de la antigua Serpiente,
llamada Diablo o Satanás, seductor del mundo entero; allí se la identifica
también como Dragón. Al lector de la antigüedad no podían sorprenderle estas
expresiones, simbólicas o míticas, que hablan de una realidad, la de ese
siniestro entrometido en la historia humana, cuya existencia y actuación son
indiscutibles para la fe que profesamos; y comprobable en los hechos, en
muchísimos hechos que resultarían incomprensibles si se descartara este dato.
Quiero decir que el diablo existe.
Las consecuencias del pecado son registradas como un
inmediato desequilibrio: el temor ante la voz de Dios, y la conciencia de la
desnudez, hoy día desafiada por los estúpidos alardes nudistas en las playas o
en las selfies. Aquel miedo, razonable para la razón caída fuera del ámbito
restaurado de la fe, puede ser acallado misteriosamente, por ejemplo, en las
incredulidades ligeras, contagiosas, de quienes promueven hoy la apostasía de
los paganos bautizados, aquí en La Plata.
Es llamativo el orden inverso que el redactor observa
al registrar la cobarde acusación del hombre a la mujer, y de esta a la
serpiente; y, por otra parte, en la maldición del Creador al tentador, seguido
del castigo a la mujer, el dolor del parto y el dominio machista del marido, y
la pena que cae sobre el hombre. Y que es ganar el pan con el sudor de su
frente. En el original hebreo, al varón se lo llama adam, o ish, y a la mujer,
varona, ishshá. El pasaje escogido para esta liturgia omite, de la segunda
serie, el castigo del varón y la varona, y concluye con la auspiciosa profecía
del triunfo final de la mujer y su descendencia, objeto de nuestra esperanza;
ese triunfo resolverá la enemistad que explica en profundidad la dialéctica de
la historia humana.
Me he detenido en el comentario del pasaje del
Génesis, porque en los domingos del tiempo ordinario, la primera lectura,
tomada del Antiguo Testamento –profecía del Nuevo– es elegida para preparar el
Evangelio anticipando la temática en éste expuesta.
El texto del capítulo tercero de San Marcos que se ha
proclamado exigiría un detenimiento en varias cuestiones que parecen de detalle
y que han suscitado problemas en la historia de la interpretación; sin embargo,
prefiero centrarme en el mensaje, el kérygma, en relación con el anticipo
ofrecido en el pasaje del Génesis. Es la respuesta del Señor a la cuestión
ridículamente calumniosa que plantean los escribas judíos, doctores de la Ley,
que hurgaban en la Sagrada Escritura. Se encontraba Jesús, probablemente en
casa de Pedro. Conocían la actividad taumatúrgica del Señor, que curaba a los
enfermos y expulsaba a los demonios del cuerpo de los posesos; no podían negar
el carácter extraordinario de los hechos y del poder que los causaba.
Incapaces de reconocer la obra de Dios, o mejor dicho,
enceguecidos y empecinados en no hacerlo, lo atribuían al mismo Sátanas,
príncipe de los demonios. Belzebul es un nombre discutido; quizá significa
“Baal de las moscas”, el dios pagano de Eqrón, con él se quiere indicar al
enemigo por excelencia. Jesús refuta el planteo de los escribas con una
sencilla parábola, y pronuncia una condenación definitiva contra los blasfemos
de la peor especie, los que lo hacen contra el Espíritu Santo. El término
blasphemía[c] pasa tal cual al castellano; en el griego clásico significaba ya
una injuria, una impiedad contra los dioses. Más técnicamente: eran las
palabras que desvirtuaban los ritos como un mal augurio, como una plegaria
inconsiderada, como maldición, y se introducían en la ceremonia de un
sacrificio religioso.
En el Catecismo de la Iglesia Católica aparecen seis
referencias a la blasfemia, una de ellas citando el pasaje que vamos
comentando; también para ilustrar la existencia del infierno y su eternidad;
otra vez como ejemplo de los actos intrínsecamente malos, siempre gravemente
ilícitos por razón de su objeto, y como muestra misma del pecado mortal. Al
explicar el segundo mandamiento, el Catecismo extiende la prohibición de la
blasfemia [c]a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas
sagradas (2148). Resulta ahora que para la tilinguería cultural de la pobre
Argentina que vivimos, es una obra de arte la torta que representan a Cristo
yacente, y arte en acción el comérsela. La blasfemia hace valer sus derechos al
condenar la justa protesta del Cardenal Primado y al reprochar como cobarde la
retórica disculpa del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pero
volvamos al texto del Evangelio.
Jesús es el hombre fuerte que ató al Enemigo y saqueó
sus bienes, esto es, la masa de hombres que él tiranizaba. Por eso recibimos
los creyentes el perdón de los pecados y podemos formar parte de la verdadera
familia de Jesús, integrada por aquellos que como Él hacen la voluntad del
Padre; los que creen, como María, dichosa porque creyó y por eso, por su fiat,
fue Madre. Satanás no se dividió, no se levanta contra sí mismo; al contrario,
intenta filtrarse por cualquier rendija que encuentra en la Casa de Dios que es
la Iglesia, y en el corazón de cada uno de nosotros. La simple comparación
evangélica permite advertir la inteligencia, la astucia del Enemigo, que se
empeña en una obra de desgaste de nuestra fe, de entibiamiento de nuestro amor;
él sabe armar un tinglado para el engaño y cuenta con marionetas ingenuas o
voluntarias que ejecutan sus designios.
Cultura se llama al conjunto de conocimientos, modos
de vida y costumbres que tienen vigencia en una época o sociedad determinada.
Cuando este complejo se descristianiza, y la Iglesia por falta de recursos o
por incuria lo abandona, se retira, se recluye, la cultura queda a merced del
príncipe de este mundo, del padre de la mentira. Él es un inspirador invencible
de ese tipo de diálogo o encuentro en el cual los hombres son inducidos con
arte refinado a la blasfemia contra el Espíritu Santo. Solo los santos
advierten plenamente, con perspicacia sobrenatural, tan delicadas artimañas, y
no le dejan al que te dije el campo abierto.
En el fragmento de la Segunda Carta a los Corintios,
que nos presenta también la liturgia de este Domingo, San Pablo habla de su
ministerio apostólico, que tiene por base la fe. En ese servicio que el Señor
le ha encomendado, el poder de Dios se manifiesta a través de la fragilidad del
enviado, que es un recipiente quebradizo de tierra cocida. Un exégeta del siglo
XX, el Padre E. B. Állo, comentando esa Carta escribía: el apóstol cree con
toda su alma en la acción divina de Cristo en él y por medio de él; por eso no
teme hablar, con una apertura y una audacia que escandaliza. Su propósito es
defender su manera sin compromisos de predicar el Evangelio.
Pablo cita un versículo del Salmo 115 con el que desea
expresar su confianza. Las traducciones actuales del Salterio varían levemente,
sin alterar demasiado el sentido. Por ejemplo: Tenía confianza, incluso cuando
dije: ‘¡Qué grande es mi desgracia!’; o bien: “yo creía cuando decía: qué
desdichado soy”. El texto de la Segunda Carta a los Corintios reproduce la
versión griega llamada de los LXX, según la cual el salmista dice epísteusa,
diò elálesa: creí, por eso hablé. Del mismo modo entiende el pasaje la Vulgata
latina: credidi, propter quod locutus sum. El Apóstol se apropia de esa
confesión: también nosotros creemos -dice- y por lo tanto hablamos (2 Cor 4,
13). Muy de lejos, modestamente, me atrevo a sumarme a ese “nosotros”;
epísteusa, diò elálesa, yo también: creí, por eso hablé.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata
domingo, 10 de junio de 2018
El Papa agradece a Gutierrez
Por Carlos Esteban
Infovaticana, | 09 junio, 2018
En su 90 cumpleaños, el sacerdote y teólogo Gustavo
Gutiérrez ha recibido una cariñosa felicitación del Papa en la que Francisco le
agradece su “contribución a la Iglesia y a la humanidad”. ¿Cuál?
Que Su Santidad mande una cariñosa carta de
felicitación a un sacerdote por su 90 cumpleaños es noticia, aunque solo sea
porque no es algo que haga habitualmente con todos los sacerdotes longevos,
pero una noticia menor. Más significativo, en cambio, es cuando este sacerdote
especialmente elegido es Gustavo Gutiérrez, ‘padre’ de la Teología de la
Liberación.
La carta es esta:
“Estimado hermano:
Con motivo de tu 90 cumpleaños, te escribo para
felicitarte y pasa asegurarte mi oración en este momento significativo de tu
vida.
Me uno a tu acodo de gracias a Dios, y también a ti te
agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de
tu servido teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados
de la sociedad. Gracias por todos tus esfuerzos y por tu forma de interpelar la
conciencia de cada uno, para que nadie quede indiferente ante el drama de la
pobreza y la exclusión.
Con estos sentimientos, te animo a que sigas con tu
oración y tu servicio a los demás, dando testimonio de la alegría del
Evangelio.
Y, por favor, te pido que reces por mi.
Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide”.
..............
No es que sea el primer detalle de Francisco con
Gutiérrez, con quien Su Santidad se reunió en la Nunciatura Apostólica de Lima
durante su último viaje a Perú, donde vive el nonagenario teólogo.
Tampoco es que le hayan faltado buenos amigos en la
Curia de Francisco, presentes o pasados. En febrero de 2015, por ejemplo, nada
menos que el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y
hoy cada vez más distante de este pontificado, el Cardenal Gerhard Müller,
invitó a Gutiérrez -con quien es coautor de un libro- a hablar en el Vaticano.
Müller hizo en su momento un ‘lavado de imagen’ de
este curioso movimiento teológico que dominó la acción eclesial en
Latinoamérica durante décadas, asegurando que “está basada en una teología de
la palabra y no es una ideología humana”.
En esto hay que decir que el cardenal alemán disiente
de San Juan Pablo II, que aprovechó diversas ocasiones para señalar que la
teoría marxista había tenido una influencia decisiva -y nefasta- en la obra de
Gutiérrez y sus seguidores.
Según el propio Gutierrez, Ratzinger sí “entendía” la
Teología de la Liberación, y se la intentó explicar al entonces Papa Juan
Pablo.
Y es cierto que Benedicto, como indicó en su momento
Gutiérrez, contribuyó a organizar un encuentro de obispos lationoamericanos
para discutir la cuestión en Aparecida, Brasil, en 2007, donde el actual Papa
fue ponente.
Pero esa interpretación de Gutiérrez se compadece mal
con la instrucción que Joseph Ratzinger, en su condición de prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, hizo pública en 1984 sobre los peligros
de este movimiento. En ella, el que luego fuera Papa Benedicto XVI advierte:
“Conceptos adaptados acríticamente de la ideología marxista y el recurso a tesis
de una hermenéutica bíblica marcadas por el racionalismo constituyen la base de
la nueva interpretación que está corrompiendo lo que pudiera haber de auténitoc
en el generoso compromiso inicial a favor de los pobres”.
El texto sigue explicando la “desastrosa confusión”
del ‘pobre’ de que habla la Escritura con el ‘proletariado’ de acepción
marxista, pervirtiendo el significado cristiano y transformando la lucha por
los derechos del pobre en lucha de clases. “Para ellos, la ‘Iglesia de los
pobres’ significa la Iglesia de la clase que ha tomado consciencia de los
requisitos de la lucha revolucionaria como paso hacia la liberación y la cual
celebra esta liberación en su liturgia”.
Después de leer las palabras del predecesor de
Francisco uno entiende que el actual pontífice se complazca en ser llamado
“revolucionario”, aunque la referencia, para otros sectores de la Iglesia,
puede resultar más ominosa.
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