martes, 22 de agosto de 2023

ELECCIONES 2023

 


CANDIDATOS A LEGISLADORES EN PROVINCIA DE BS AS

 

CANDIDATOS A DIPUTADOS NACIONALES

 

NOTIVIDA, Año XXIII, Nº 1333, 22 de agosto de 2023

 

De repetirse los resultados de las PASO celebradas el 13 de agosto, de las 35 bancas en juego en la provincia de BsAs, Unión por la Patria obtendría 13, Juntos por el Cambio 12, La Libertad Avanza 9 y 1 quedaría en manos del Frente de Izquierda.

 

La cantidad de candidatos mencionados en cada lista se corresponde con los resultados de las PASO.

 

Unión por la Patria

 

Máximo Kirchner (presidente del PJ bonaerense), Victoria Tolosa Paz (ministra de Desarrollo Social), Mario “Paco” Manrique (secretario adjunto de SMATA), la massista Cecilia Moreau (actual presidente de la Cámara baja); el canciller Santiago Cafiero, la camporista Luana Volnovich (titular del PAMI); el diputado Rodolfo Tailhade, la diputada Natalia Zaracho (que responde a Juan Grabois), Carlos Castagneto (administrador Federal de Ingresos Públicos), Roxana Monzón (Secretaria de Desarrollo Económico Sustentable de Merlo), Matías Molle (actual diputado provincial), la camporista Luciana Potenza (Coordinadora de Prestaciones Sociales del PAMI en La Matanza) y el dip. Ramiro Gutiérrez.

 

Kirchner, Moreau, Tailhade, Castagneto, Volnovich y Gutiérrez votaron a favor de la legalización del aborto.

 

Otros, como Santiago Cafiero, Tolosa Paz, Roxana Monzón y Natalia Zaracho, se manifestaron a favor.

 

Juntos por el Cambio

 

Cristian Ritondo, Karina Banfi, Miguel Pichetto, Silvia Lospennato, Nicolás Massot, Patricia Vásquez, Pablo Juliano, Mónica Frade, Martín Yeza, M. Lorena Petrovich, Federico Suárez, Mariana Stilman y Sebastián Salvador.

 

Ritondo y Massot votaron en contra del aborto, mientras que Banfi, Lospennato, Frade, Pichetto, Stilman y Salvador lo hicieron a favor.

 

Los restantes son: Patricia Vásquez (trabajó con Bullrich en el Ministerio de Seguridad), Pablo Juliano (responde al radical Facundo Manes), Martín Yeza (intendente de Pinamar), Lorena Petrovich (legisladora bonaerense), Federico Suárez (responde a María Eugenia Vidal).

 

Yeza se manifestó a favor de la legalización del aborto. Petrovich es senadora provincial y presentó un proyecto de ley que “tiene por objeto la promoción y desarrollo de políticas públicas con perspectiva de género que alienten la definición y expansión de nuevas masculinidades superadoras del modelo machista” (E 247 2020 – 2021).

 

La Libertad Avanza

 

“Bertie” Benegas Lynch (hijo de Alberto, el “prócer liberal” que Milei cita recurrentemente), Marcela Pagano (periodista), Guillermo Montenegro (secretario general del Partido Demócrata de Bs As), María Lorena Macyszyn (asesora legislativa de Carolina Píparo), Pablo Ansaloni (diputado nacional 2017-21), Juliana Santillán, Eduardo Falcone (referente del Movimiento de Integración y Desarrollo-MID), Lilia Lemoine (influencer) y Santiago Santurio (profesor de Doctrina Social de la Iglesia).

 

El partido de Milei plantea en su plataforma “proteger al niño desde la concepción y al adulto mayor hasta su muerte natural”, es decir estarían en contra del aborto y la eutanasia, aunque el referente libertario reitera: "Cada uno puede hacer de su vida lo que le da la gana. También proponen “eliminar la obligatoriedad de la ESI en todos los niveles de enseñanza”. No obstante, hasta el momento, no presentaron iniciativas legislativas que persigan los objetivos enunciados.  

 

Marcela Pagano criticó duramente al Dr. Abel Albino tras su intervención en el debate de aborto.

 

“Bertie” Benegas Lynch, como Milei, se manifiesta en contra del aborto, pero defiende la venta de órganos. Pablo Ansaloni votó en contra del aborto en 2018 y 2020, y a favor del cupo laboral trans en 2021.

 

Juliana Santillán está en contra del aborto al igual que Santurio que es militante provida, pero Lilia Lemoine se manifestó a favor del aborto durante el primer trimestre.

 

Frente de Izquierda

 

Christian Castillo (PTS).

 

El FIT está programáticamente a favor del aborto y de la ideología de género.

 

CANDIDATOS A SENADORES

 

Según el resultado de las PASO Unión por la Patria se quedaría con dos bancas y la otra sería para Juntos por el Cambio.

 

Unión por la Patria: Eduardo “Wado” de Pedro y Juliana Di Tullio. Ambos votaron favorablemente todas las leyes antivida y antifamilia que se presentaron cuando eran legisladores. Di Tullio, por ejemplo, fue diputada nacional entre 2005 y 2017, lo que le dio oportunidad de votar entre otras: Ligadura de trompas, “Matrimonio igualitario”, “Identidad de género” Filicidio, Eutanasia pasiva, Femicidio y FIV. De Pedro votó a favor del aborto.

 

Juntos por el Cambio: Maximiliano Abad (UCR) y M. Eugenia Talerico.

 

Abad se manifestó a favor de la legalización del aborto en casos de violación, cuando la vida de la madre corra peligro inminente y en embarazos donde el feto presente enfermedades u anomalías. Talarico defiende el derecho a la vida.

 

La Libertad Avanza: Juan Nápoli (presidente del Banco de Valores) y Gladys Humenuk (gerente de Administración y Finanzas de la Corporación América).

viernes, 11 de agosto de 2023

BUENA NOTICIA

 

El Papa nombró dos obispos auxiliares para Córdoba

           

Buenos Aires, 11 Ago. 2023 (AICA):


El Santo Padre Francisco nombró obispo titular de Cudba y auxiliar de la arquidiócesis de Córdoba al presbítero Horacio José Álvarez, de 66 años, del clero cordobés, actualmente vicario general de la Arquidiócesis.

 

Al mismo tiempo nombró obispo titular de Ruspe y auxiliar de la arquidiócesis de Córdoba al R.P. Alejando Musolino, salesiano, de 51 años, director de la Obra de Don Bosco en Formosa.

 

La información fue publicada esta mañana en forma simultánea en Buenos Aires y en Roma. Aquí lo hizo el nuncio apostólico, monseñor Miroslaw Adamczyk, a través de la agencia AICA.

 

El arzobispo de Córdoba es, desde el 17 de diciembre de 2021, monseñor Ángel Sixto Rossi SJ, con cuyo gobierno pastoral colaborarán los nuevos obispos auxiliares.

 

La arquidiócesis cordobesa cuenta también, desde el 18 de diciembre de 2015, con otro obispo auxiliar, monseñor Ricardo Orlando Seirutti.

lunes, 24 de julio de 2023

CONVIENE CONOCER

 

 la Doctrina Social de la Iglesia antes de votar, afirma Obispo

 

Por Nicolás de Cárdenas

 

Aciprensa, 22 de julio de 2023

 

El Obispo de Córdoba (España), Mons. Demetrio Fernández, recomienda a los cristianos conocer la Doctrina Social de la Iglesia para poder discernir el voto en las elecciones generales de este próximo domingo 23 en España.

 

Los españoles están llamados a renovar el Congreso y el Senado este domingo, lo que derivará en una nueva conformación del Gobierno. Ante esta coyuntura, el Prelado aprovecha su carta semanal para ofrecer pautas de discernimiento y actuación del cristiano.

 

En su carta semanal, el Obispo de Córdoba recomienda revisar los programas de los partidos políticos “para formarse un juicio concreto y votar en consecuencia”, teniendo en cuenta que ninguno “se identifica plenamente con el Evangelio”, pero que cada uno de ellos “recoge elementos de la enseñanza de Jesucristo”.

 

En este sentido subraya que “conviene que los fieles cristianos conozcan la Doctrina Social de la Iglesia, que viene elaborada por los principios evangélicos, la moral católica y su aplicación al momento presente”.

 

“La Iglesia es rica en doctrina social, porque busca siempre el bien de la persona”, incide.

 

Además, explica que lo primero a considerar es “ir a votar”, pues es un derecho y una obligación participar “como ciudadanos responsables” en los procesos electorales. El Prelado enfatiza que el cristiano no debe dejar de votar “por pereza, por comodidad o por desinterés”.

 

Como complemento a este punto de partida, ofrece otros elementos a la hora de ejercer el sufragio activo.

 

Así, Mons. Fernández llama a tener en cuenta “el respeto a la vida en todas las fases de su existencia”, porque “siempre es un don de Dios”. En particular, pide estar atentos a que se trabaje en esa dirección, “aunque no puedan cumplirse todos los objetivos, dada la pluralidad de opciones que conviven en nuestra sociedad”.

 

Consecuencia de la protección de la vida humana es la atención “a los débiles, a los más vulnerables o disminuidos, a las personas que afrontan una enfermedad incurable, incluso en situación terminal”.

 

A este respecto el Obispo de Córdoba señala que “una sociedad mide su altura moral por la capacidad que tiene de atender a estas personas” y que la eutanasia, presentada como “muerte digna”, es “una grave degradación social, aunque lo pidiera el enfermo”.

 

Por otro lado, Mons. Fernández llama a considerar los planteamientos electorales sobre la familia, “unión del varón y la mujer abierta a la vida, que Dios santificó desde el principio y que Jesucristo ha elevado a la categoría de sacramento”.

 

En este sentido, y consciente de que hay diversidad de opiniones sobre esta cuestión, subraya que “Dios tiene un plan para el hombre en la familia tal como él la ha diseñado y ahí está la felicidad del hombre y de la mujer, y la armonía de la sociedad entera”.

 

El Obispo de Córdoba también invita a “analizar las propuestas de progreso social para todos, sin excluir a nadie. Y menos aún sin excluir a Dios o no dejándole lugar. Dios es el mejor garante de los derechos y la dignidad humana”.

 

El Prelado considera como criterio de voto la postura de los partidos sobre el cuidado de la naturaleza “porque es obra de Dios creador para el hombre”. Así, lama a estar vigilantes para que no haya propuestas que malempleen los recursos naturales o sometan a la creación “a tortura o violencia que contamina y mata”, según la “ecología integral de Laudato sí”.

 

Como postura final ante las elecciones, el Prelado llama a los cristianos a “aceptar el resultado como expresión de la voluntad de un pueblo” y a disponerse a “convivir y colaborar, respetando la autoridad de los que gobiernen”.

domingo, 2 de abril de 2023

JUAN PABLO II

 

a los 18 años de su muerte:

 el más universal y viajero de los papas, canonizado en tiempo récord

 

Claudia Peiró

 

Infobae, 2 Abr, 2023

 

Juan Pablo II fue proclamado santo en tiempo récord para la tradición, a sólo 9 años de su muerte, en abril de 2014, en una ceremonia bautizada como de “los 4 Papas”, porque al mismo tiempo fue canonizado Juan XXII y porque el acto, presidido por Francisco, contó también con la presencia del pontífice emérito, Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre del año pasado.

 

Karol Wojtyla, tal era su nombre secular, murió el 2 de abril de 2005. Seis días después, el 8, el Vaticano fue escenario del entierro más convocante de un Sumo Pontífice. Un millón de fieles llegaron a Roma y en la Plaza San Pedro lo vitorearon y pidieron su beatificación.

 

Desde el secretario general de las Naciones Unidas -Kofi Annan- al de la Liga Árabe -Amr Mussa-; desde las autoridades de la Unión Europea (José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión, y el premier luxemburgués, Jean Claude Juncker, presidente de turno de la UE), hasta el primer mandatario de los Estados Unidos, George W.Bush, que viajó a Roma acompañado por dos de sus antecesores en el cargo: su padre, el republicano George Bush, y el demócrata Bill Clinton: un impresionante número de personalidades mundiales se dio cita en El Vaticano para despedir al Papa más viajero de la historia.

 

También asistieron el socialista presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y el centroderechista primer mandatario de Francia, Jacques Chirac; el presidente de China, Chen Shui-bian, el de Brasil, Lula Da Silva; el primer ministro británico, Tony Blair, el presidente del Parlamento de Cuba, Ricardo Alarcón; el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Ahmed Qurei y el ex presidente polaco y fundador del movimiento Solidaridad, Lech Walesa.

 

Además, varios altos referentes de otras confesiones: el jefe espiritual de la Iglesia ortodoxa, Bartolomeo I, patriarca de Constantinopla, el de la Iglesia anglicana, arzobispo de Canterbury Rowan Williams, además del arzobispo de la iglesia ortodoxa de Grecia, Christodoulos, y Mesrob II, patriarca armenio ortodoxo: una asistencia plural que reflejó la extensión del respeto y la simpatía que la figura y el largo pontificado de Juan Pablo II habían despertado en el mundo.

 

Un público que también incluyó a los Reyes de España, Bélgica, Noruega, Suecia y Jordania, al príncipe Carlos de Inglaterra, al presidente y al premier de Alemania, Horst Köhler y Gerhard Schröder, respectivamente, además de los primeros mandatarios de Portugal, México, Polonia, República Checa, Austria, Irlanda, Bulgaria, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Macedonia, Eslovenia, Bolivia, Irán, Costa Rica, Estonia, Honduras, Siria, Filipinas, Grecia, Hungría, Letonia, El Salvador, Rumania, Serbia y Montenegro, Suiza, Ucrania, Nicaragua, Lituania, Mozambique, Congo, Ghana, Guinea Ecuatorial, Líbano y Albania. Y a los primeros ministros de Canadá, Rusia, Holanda, Sri Lanka, Armenia, Dinamarca, Finlandia, además de una delegación de la presidencia tripartita de Bosnia (serbia, musulmana y croata).

 

Néstor Kirchner delegó en su vicepresidente, Daniel Scioli, la asistencia al funeral, pero la Argentina estuvo también representada por dos ex mandatarios, Carlos Menem y Eduardo Duhalde.

 

Aquella amplitud de latitudes y de tendencias políticas e ideológicas constituyó el mejor reflejo del protagonismo de un Papa con vocación universal y voluntad de abarcar y contener todas las contradicciones humanas.

 

Para unos, fue “subversivo”, para otros “reaccionario”, diablo modernista o conservador anticonciliar, innovador en ciertos momentos, tradicionalista en otros.

 

El mismo Juan Pablo II que con su viaje a la Polonia comunista y la exhortación a sus compatriotas a luchar -con aquella célebre exhortación: “No tengan miedo”- fue un acelerador de la Historia aportando a la caída del sistema soviético y la liberación de su tierra natal de ese régimen de opresión, volvió luego su mirada crítica a los excesos del capitalismo y al escándalo de la pobreza en el mundo occidental y cristiano. El mismo Papa que dio todo el respaldo de su autoridad espiritual a la lucha contra la opresión comunista, se atrevió luego a reivindicar las “semillas de verdad” que a su juicio estaban presentes en el socialismo.

 

Su mensaje fue que el capitalismo salvaje no sería mejor que el marxismo. “El comunismo -dijo- ha demostrado que era una medicina más peligrosa que la propia enfermedad”. Pero hay una enfermedad. “Una globalización económica (que) si se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos lleva a consecuencias negativas”, como el desempleo, la destrucción del ambiente, el agrandamiento de la brecha de ingresos. “No es posible que los países ricos traten de mantener su estándar de vida explotando gran parte de las reservas de energía y materias primas (que deben) servir a toda la Humanidad”, dijo.

 

Quienes hoy tildan de “populista” a Jorge Bergoglio, se sorprenderían por la similitud de tono en las diatribas de Karol Wojtyla contra el capitalismo salvaje y la globalización anómica; críticas que incluso formuló el propio Benedicto XVI, desmintiendo la caricatura que de él suele hacerse.

 

El mismo Juan Pablo II que batió todos los récords en materia de beatificación (más de 1300) y reveló al mundo el tercer secreto de Fátima fue el autor de la encíclica Fides et ratio (año 2000) en la cual afirmó que la fe necesita de la razón para no verse reducida al mito o a la superstición: “No puede haber competencia alguna entre la razón y la fe, escribió. La Iglesia reconoce los esfuerzos de la razón para alcanzar objetivos que hacen la existencia personal más digna”. En el mismo documento atacó a quienes “han sustituido con la duda sistemática cualquier posibilidad de certezas”, reafirmando así la existencia de la verdad absoluta, para él la Verdad religiosa. “Doy los pasos que doy, no como los da el mundo, sino como yo los doy”.

 

El mismo Papa cuya prédica fue clave en el derrumbe del sistema soviético, le tendió la mano a la Cuba castrista, recibiendo a Fidel Castro en El Vaticano y visitando la isla en 1998: “Que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra al mundo”, fue su esperanza.

 

El mismo Karol Wojtyla que visitó Israel y llamó "hermanos mayores" a los judíos y "fruto de la elección divina" a ese pueblo, reconoció el derecho de los palestinos a un Estado y reclamó un estatuto internacional para Jerusalén, la ciudad santa de tres religiones.

 

El mismo que era recibido masivamente por los jóvenes en sus viajes, no hizo ninguna concesión en materia de anticoncepción, aborto o divorcio. Una ortodoxia en el núcleo del dogma que sin embargo iba acompañada de una gran flexibilidad en las formas de transmitir el mensaje.

 

El objetivo estratégico de su activismo -Karol Wojtyla besó el suelo de más de 130 países en un centenar de viajes realizados durante su largo pontificado- era volver a poner a Dios como motor de la Historia y legarle al milenio una Iglesia a la cual nada de lo humano le fuese ajeno.

 

Hubo momentos en que su prédica espiritual encontró eco en los acontecimientos políticos y otros en los que pareció predicar en el desierto, como cuando en 2003, en referencia a la inminente segunda guerra de Irak, advirtió que “quien decide que se han agotado todos los medios pacíficos que el derecho internacional pone a su disposición, asume una grave responsabilidad ante Dios, ante su conciencia y ante la Historia”.

 

Fue en ese año cuando el comité que otorga el premio Nobel de la Paz dejó pasar una oportunidad de limpiar su imagen e incurrió en otra de las incongruencias -no sería la última tampoco- que explican el desprestigio de un galardón que el mundo unánimemente le concedía in péctore al Papa.

 

“Decisiones con consecuencias mundiales son tomadas sólo por un pequeño grupo restringido de naciones”, se lamentaba el Papa. Y este mensaje suyo en favor de un mayor multilateralismo es la parte más significativa de su legado para los tiempos presentes, cuando el mundo enfrenta convulsiones económicas, políticas y bélilcas, cuyas consecuencias, en un escenario globalizado, no reconocen fronteras. La comunidad internacional se ve ante la necesidad de imaginar nuevos caminos e instancias para una solución más participativa de los mismos. “El derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad entre los Estados, el ejercicio noble de la diplomacia, son medios dignos del hombre y de las Naciones para resolver sus actos contenciosos”, había dicho Juan Pablo II en 2003. Palabras más actuales que nunca.

 

Como todos los grandes de la historia, también Juan Pablo II tuvo sus travesías del desierto antes de darse a conocer al mundo. Casi toda su vida transcurrió en una patria sometida al yugo extranjero. Y bajo un régimen para el cual la Iglesia Católica era un enemigo a combatir y el cristianismo una fe a erradicar.

 

Karol Wojtyla había nacido en Wadowice, una pequeña ciudad cercana a Cracovia, el 18 de mayo de 1920, en el seno de una familia modesta. Perdió a su madre cuando tenía sólo 9 años. Edmund, su único hermano, era médico. En 1932, falleció de tuberculosis. Karol y su padre se mudaron a Cracovia donde él inició sus estudios. El futuro Papa quedó totalmente solo cuando en 1941, durante la ocupación de Polonia por la Alemania nazi, murió su padre, que era suboficial del ejército polaco.

 

Wojtyla hizo primero estudios literarios –una afición por las letras y el teatro que no abandonaría. Cuando en 1939 Polonia fue invadida por los alemanes, trabajó en una fábrica química y luego en una cantera para evitar ser deportado a campos de trabajo forzoso en Alemania. El ingreso de Wojtyla al seminario se produjo en la clandestinidad, en octubre de 1942. Fue ordenado sacerdote en 1948 y más tarde se doctoró en teología.

 

En 1958 fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Y en esa condición participó de las tareas del Concilio Vaticano II, convocado por el papa Juan XXIII.

 

En 1967, el papa Pablo VI lo hizo Cardenal.

 

Muy apreciado en su país natal por su humanidad, coraje e inteligencia, Karol Wojtyla era poco conocido fuera de Polonia, por lo que su elección como Papa, tras el brevísimo pontificado de Juan Pablo I, el 16 de octubre de 1978, causó enorme sorpresa en todo el mundo. Y marcó un giro copernicano en la tradición vaticana. Fue una elección singular, especialmente por la nacionalidad del nuevo pontífice pero también por su edad: 58 años era poco para un Papa.

 

Wojtyla tomó el nombre de Juan Pablo II para homenajear a sus tres predecesores, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo I.

 

Fue el primer Papa en conquistar una popularidad masiva y universal, el primero en convocar multitudes, no sólo en Roma sino en casi todos los países que visitó en sus más de 100 viajes internacionales.

 

Su ya célebre frase, “¡no tengan miedo!”, pronunciada a escasos días de su elección, el 22 de octubre de 1978, fue un aliento a sus compatriotas a sublevarse contra el régimen comunista.

 

Pronto vino la reacción. El 13 de mayo de 1981, en plena pulseada entre Moscú y El Vaticano, Juan Pablo II recibió un disparo mientras circulaba en jeep por la plaza San Pedro. Un joven turco fanático fue el autor material, pero la investigación se orientó hacia los servicios secretos búlgaros y, más allá, a los soviéticos. Años más tarde, Juan Pablo II perdonó a su agresor, que de todos modos purgó una larga pena de prisión.

 

Wojtyla recorrió el mundo como ningún otro Papa antes que él. En sus 27 años de pontificado realizó 104 viajes, visitando 129 países, sin contar la propia Italia. Hablaba varios idiomas, entre ellos italiano, francés, alemán, inglés, ucraniano y ruso, pero además se esforzaba en cada viaje en leer sus discursos en el idioma local. Muchos recordarán su acento marcado pero claramente inteligible en todas las ocasiones en que les habló a los argentinos.

 

Luego de la implosión de los regímenes comunistas, también pidió perdón por los errores de la iglesia, en particular hacia el judaísmo.

 

Fue también el impulsor de las multitudinarias Jornadas Mundiales de la Juventud, la primera de las cuales tuvo lugar en Buenos Aires, en 1987, en la que fue su segunda visita a la Argentina.

 

Pese a todo, no pudo revertir el proceso de secularización en Europa Occidental, ni el avance del pentecostalismo a expensas de la Iglesia Católica en América Latina. También el avance de un capitalismo salvaje en la Europa del Este postcomunista fue una desilusión para este Pontífice.

 

Hubo momentos en los que el mensaje papal fue replicado y bajado a la realidad concreta por políticos que eran sus contemporáneos. Y otros en los que faltaron líderes con verdadera vocación de servicio y mirada universal. Y la voz del Papa quedó solitaria.

 

Aunque su influencia menguó con los años y la enfermedad, su largo pontificado de casi tres décadas dejó una impronta imborrable en la historia reciente.

 

Karol Wojtyla murió a los 84 años, en 2005, un 2 de abril... tal vez para recordarnos a los argentinos lo mucho que hizo por nosotros, cuando apeló a toda su autoridad para frenar una guerra fratricida entre Argentina y Chile.

martes, 14 de marzo de 2023

ALEMANIA

 

 el cisma ha empezado

 

P. Santiago Martín

 

Infocatólica, 12/03/23

 

 

Los historiadores suelen situar el inicio del cisma de Lutero en el momento en que éste clavó sus 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittemberg. Era el año 1517 y Lutero aún tardó cuatro años en ser excomulgado. Cuatro años que, también según los historiadores, fueron excesivos y que le permitieron fortalecerse y dieron la oportunidad a su herejía de extenderse por Europa. Lo que acaba de ocurrir este fin de semana en Alemania, puede ser considerado también como el principio de un nuevo cisma, mucho más peligroso y grave aún que el de Lutero.

 

Ha concluido ya el Sínodo alemán. No ha habido ni el más mínimo intento por parte de sus promotores por acercar posiciones con las de la Iglesia católica. Al contrario. De forma consciente han ido al choque. Lo han hecho usando métodos dictatoriales, como prohibir el voto secreto, para impedir que votaran en contra los obispos que no estaban de acuerdo con lo que se iba a aprobar; claro que podían haberlo hecho -unos pocos lo hicieron-, pero los que se abstuvieron tenían miedo a sufrir el acoso que los “tolerantes” infringen a los que no están de acuerdo con ellos.

 

Han aprobado, entre otras cosas, pedir el fin del celibato sacerdotal, la celebración de bautizos y bodas, así como la predicación de las homilías, por laicos (entiéndase sobre todo por laicas). Han aprobado la bendición de parejas homosexuales y de todo tipo de parejas que no estén casadas. Han aprobado la ideología de género, aceptando que el sexo de la persona no tiene nada que ver con su biología, sino que es una cuestión ligada a su voluntad y, por si fuera poco, cambiante todas las veces que lo permita la ley civil. Como consecuencia, han aprobado que las mujeres que se sienten o dicen sentirse hombres -los transexuales- puedan ser ordenadas sacerdotes, lo cual implicaría de hecho la existencia de sacerdotisas, pues no sólo estos “sacerdotes” serían físicamente mujeres, sino que, una vez llegados al sacerdocio, podrían decir que vuelven a sentirse mujeres. Usando las palabras de uno de los pocos obispos alemanes que han decidido seguir siendo católicos, por mucho menos que todo esto se acaba de producir un cisma dentro de la Iglesia anglicana y eso que en la Iglesia anglicana se puede ser de todo y creer en todo, con tal de que no te metas en lo que hacen o creen los demás.

 

Previendo todo esto y, sin duda, con la información de que iba a ocurrir lo que ha ocurrido, el Papa hizo pública a principios de semana la composición del nuevo Consejo de cardenales que le asesorarán en el gobierno de la Iglesia. Lo más llamativo fue que dejó fuera de él al cardenal Marx, arzobispo de Münich. Es verdad que incluyó a otro cardenal -Hollerich, de Luxemburgo- que sostiene tesis parecidas a las de los alemanes en algunos puntos, pero la eliminación de Marx era una señal de que no le gustaban ni sus consejos ni sus hechos. A los alemanes les ha traído sin cuidado esa advertencia del Papa. Están dispuestos a llevar a la práctica lo que han aprobado, sin modificar una coma. Algunas cosas serán de efecto inmediato y otras tardarán un poco más. Pero hacerlo, lo van a hacer.

 

Es el Papa y sólo él quien tiene la responsabilidad histórica de intervenir cuanto antes. Él es el único que tiene el ministerio petrino. Ya no es suficiente con que algunos de los ministros del Pontífice de más alto nivel -como los cardenales Parolín o Ladaria- intervengan. Hacen falta decisiones claras y prohibiciones expresas, de forma que quede muy claro que el obispo que aplique las medidas aprobadas por el Sínodo queda automáticamente destituido. El tiempo que se perdió con Lutero no puede perderse ahora. Si no se toman medidas, lo ocurrido en Alemania se extenderá por el mundo y no tardarán norteamericanos, belgas, suizos e incluso latinos en hacer lo mismo, pues se interpretará la pasividad del Vicario de Cristo como un permiso tácito. ¿Qué harán los cardenales y obispos que no están de acuerdo, por ejemplo, con la existencia de sacerdotisas transexuales cuando éstas existan? ¿Qué harán los fieles? ¿Todo el mundo callará como si no pasara nada? ¿Hasta ese punto de pasividad habremos llegado? Hay que seguir rezando, pero ahora hace falta algo más que rezar.

domingo, 12 de marzo de 2023

LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 

 

Carta pastoral del Episcopado Argentino a los miembros del Pueblo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad.

 

 Una luz para reconstruir la Nación

2005

 

I. Origen y naturaleza de la Doctrina Social


El misterio de Jesucristo

1. El tiempo de Adviento, ya inminente, nos invita una vez más a la reflexión y compromiso. En él contemplaremos el misterio del Hijo de Dios que “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”. Su nacimiento y vida entre los hombres es Evangelio, anuncio de salvación que confirma el amor de Dios al hombre y la sublime dignidad con que lo reviste.

 

La dignidad del Hombre y sus derechos

2. De esta dignidad brotan los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, que no lo abandonan nunca, desde su concepción hasta su muerte natural. Y esto, no importa su condición: varón o mujer, rico o pobre, sabio o ignorante, inocente o reo, y cualquiera sea su color. Esta dignidad es la clave y el centro del misterio del hombre y de todo lo que lo atañe. Desde ella todo problema humano puede ser iluminado y hallar solución. Esta dignidad nos ilumina también para apreciar la grandeza sublime de la vida terrena y de los esfuerzos con que el hombre procura hacerla más plenamente humana. No por ser peregrino del cielo, el cristiano descuida la construcción de la patria terrena.

 

La Doctrina Social de la Iglesia

3. De la contemplación del misterio de la encarnación y nacimiento de Jesucristo, surge espontáneamente el anuncio del Evangelio aplicado a la vida social considerada en todos los planos: familiar, cultural, económico, ecológico, político, internacional. Esto es lo que se llama Doctrina Social de la Iglesia. Dimana del Evangelio, pero no es un derivado menor del mismo. Es el Evangelio de Jesucristo aplicado a la vida social del hombre. Es su resonancia temporal. Y así como la Iglesia no puede callar el Evangelio, tampoco puede silenciar su Doctrina Social. Nadie ha de temerle a ella. La Iglesia la anuncia a favor del hombre y de la paz social, para el servicio de todos.

 

Si bien la Doctrina Social se viene la desarrollando en forma sistemática desde el Papa León XIII, y se la difunde con frecuencia por medio de encíclicas pontificias, su origen remonta al mismo Jesús y a la enseñanza de los Apóstoles. Incluso, hunde sus raíces en las Escrituras antiguas citadas por Jesús, especialmente la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos. Y se fue desarrollando a lo largo de los siglos gracias a la enseñanza de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia y con el concurso del Pueblo de Dios.

 

El Compendio de la Doctrina Social: hecho eclesial y pastoral

4. La complejidad y aceleración de la vida del hombre, lo mismo que el fenómeno de la globalización, han obligado en los últimos tiempos a un desarrollo continuo de la Doctrina Social de la Iglesia, de modo que ésta hoy constituye un verdadero cuerpo doctrinal. El Papa Juan Pablo II, con su preclara mirada pastoral y en virtud de su autoridad como Pastor de toda la Iglesia, dispuso que el Pontificio Consejo Justicia y Paz redactara el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, cuya versión castellana ha sido publicada recientemente. La riqueza intrínseca del Compendio y la autoridad que dispuso su composición, nos permiten considerarlo como un hecho eclesial y pastoral de magnitud. Y, aunque redactado primeramente para uso de los Pastores, recomendamos su estudio y aplicación a todos los miembros del Pueblo de Dios, en particular a los miembros del clero encargados de exponer la doctrina cristiana, a los catequistas, a los docentes católicos y a los fieles laicos que tienen especiales responsabilidades en la construcción de la sociedad.

 

Alcance de esta carta y método para su empleo

5. No pretendemos abordar en esta carta todos los capítulos de la Doctrina Social; por ejemplo, la familia, el trabajo humano, la vida económica, la comunidad política, la comunidad internacional, la salvaguarda del medio ambiente. Tampoco intentamos desarrollar sus principios y valores, ni desentrañar todas las implicancias que estos tienen para la vida social argentina. Queremos, simplemente, mostrar la organicidad de los principios y valores que sustentan esta Doctrina, y proponer a la reflexión algunas situaciones y cuestiones. Y ello para estimular a todos a estudiar la Doctrina Social de la Iglesia, analizar con su luz algunos aspectos de la situación del País, y, en conjunción con la propia ciencia y experiencia, aplicarla al momento presente. Y, de este modo, trabajando junto con todos los hombres de buena voluntad, encontrar caminos concretos que contribuyan a la reconstrucción del tejido social, afianzar el sentido de pertenencia a la Nación y acrecentar la conciencia de ser ciudadanos.

 

II. Cinco Principios Básicos de la Doctrina Social


Proyecciones sobre la realidad social argentina


Los Principios

6. Sobre el fundamento insustituible de la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, que postula un humanismo integral y solidario, se erigen cinco principios permanentes, a modo de cinco columnas, que sostienen todo el edificio de la Doctrina Social de la Iglesia; a saber: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad, la participación y la solidaridad. “Estos principios tienen un carácter general y fundamental, ya que se refieren a la realidad social en su conjunto. Deben ser apreciados en su unidad, conexión y articulación” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 161-162; en adelante C).

 

1° El bien común

7. “De la dignidad, unidad e igualdad de todas las personas, deriva, en primer lugar, el principio del bien común, al que debe referirse todo aspecto de la vida social para encontrar plenitud de sentido” (C 164). Este es el conjunto de valores y condiciones que posibilitan el desarrollo integral del hombre en la sociedad, incluido su desarrollo espiritual. El bien común es por ello el humus de una nación. Desde allí ella germina y se reconstruye. “El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada uno de los sujetos del cuerpo social.” (ib.). Si así fuese, la existencia de una nación estaría sometida a los avatares de los diferentes sectores. El bien común de una nación es un bien superior, anterior a todos los bienes particulares o sectoriales, que une a todos los ciudadanos en pos de una misma empresa, a beneficio de todos sus integrantes y también de la comunidad internacional. No puede ser parcializado, dividido, ni privatizado. "Siendo de todos y de cada uno, es y permanece común porque es indivisible y porque sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, también en vistas al futuro” (ib.). Una sociedad que quiere estar al servicio del ser humano, “es aquella que se propone como meta prioritaria el bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre. La persona no puede encontrar la realización sólo en si misma; es decir, prescindir de su ser ‘con’ y ‘para’ los demás” (C 165). La construcción del bien común se verifica en la promoción y defensa de los miembros más débiles y desprotegidos de la comunidad.

 

Situaciones y Cuestiones

8. ¿Cómo medir nuestra voluntad de reconstruir la Nación desde la perspectiva del bien común? Proponemos a la reflexión sólo dos cuestiones.

 

Primera, la defensa de los derechos adquiridos y el reclamo de los nuevos. Si al defenderlos o reclamarlos lo hacemos dentro del respeto de los derechos esenciales de los demás, estaremos construyendo la Nación. De lo contrario la estaríamos dañando, porque estaríamos actuando en contra del bien común.

 

Segunda, el comportamiento con los bienes públicos. Aun cuando “bien público” y “bien común” no son sinónimos, el primero está referido al segundo, porque es obtenido con el aporte de todos y para el servicio de todos. Es de lamentar que, para algunos, “público” adquiera un sentido totalmente contrario. No sería ya lo de todos, para el servicio de todos, adquirido con el aporte de todos, que por todos debe ser custodiado y defendido, sino lo de nadie, puesto allí para apropiarnos de él, dañarlo, destruirlo, o distribuirlo discrecionalmente entre amigos y clientes. Educar en el respeto de los bienes públicos es uno de los grandes desafíos que han de enfrentar la familia, la escuela, la catequesis y los medios de comunicación social. Sin este respeto sería muy arduo convivir armónicamente y muy difícil construir una república.

 

2° El destino universal de los bienes

9. “Entre las múltiples implicaciones del bien común, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes: Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad” (C 171). Este principio de la Doctrina Social de la Iglesia, formulado desde antiguo por los Santos Padres, fue relegado con frecuencia al olvido. A veces porque no se lo supo relacionar con otro principio derivado de él: el de la propiedad privada. Otras, por no entender que ésta es una concreción del destino universal de los bienes, y no su negación; es decir, que todos los miembros de la comunidad, y no sólo algunos, tienen derecho a poseer lo necesario. Otras, por no comprender que la propiedad nunca es absoluta, sino que está subordinada siempre al bien común. Otras, finalmente, por no entender que tanto el destino universal de los bienes, como el derecho a apropiarse de los mismos, conllevan el derecho-deber de producirlos; es decir, el derecho-deber del trabajo.

 

Situaciones y Cuestiones

10. Atentos a este principio clásico de la Doctrina Social, y ante el empobrecimiento de gran parte de la población, precipitado por la crisis institucional del 21 de diciembre de 2001, surgen muchos interrogantes. En primer lugar acerca de cuál es la responsabilidad que les cabe a las autoridades políticas de antes y de durante la crisis. Pero también a los demás sectores de la sociedad, en especial a los empresarios y sindicalistas, en particular a los que se profesan cristianos, por no haber percibido suficientemente el empobrecimiento que se venía produciendo y que se aceleró en forma incontrolable hiriendo gravemente la dignidad de tantos hermanos y hermanas. Si bien reconocemos que es mucho lo que los argentinos, ciudadanos y autoridades, hemos hecho desde entonces para revertir la situación, es mucho todavía lo que resta por hacer. Y por tanto hemos de interrogarnos sobre nuestra voluntad de comprometernos aún más y mejor para superar el empobrecimiento general.

 

11. Existen muchas situaciones y formas de pobreza debidas a distintas causas: naturales (una catástrofe), estructurales (una ley económica injusta), espirituales o morales (ser avaro, pedigüeño), culturales (incapacidad para cultivar los dones recibidos de Dios y proveer así al propio sustento). Varias de estas formas de pobreza tienen como consecuencia que el hombre no pueda apropiarse de la parte de los bienes que le corresponde para su desarrollo integral. Y, por tanto, si no se las superase, podría multiplicarse aún más el número de los que ya están sumidos en la pobreza, provocando un daño irreparable para ellos y un gran detrimento para todos.

 

12. Llamamos la atención especialmente sobre dos situaciones graves de pobreza, que a nuestro entender sólo podrán ser superadas si las enfrentamos entre todos con políticas firmes y duraderas, cuyo garante sea el Estado.

 

Primera, la ausencia de un trabajo digno y estable, que degrada a amplios sectores del pueblo honrado y trabajador y desintegra a la familia. Es ésta una las peores desgracias sufridas por la Argentina, de cuya magnitud no se tiene idea cabal. La historia nos enseña que naciones destruidas en guerras devastadoras han sido capaces de levantarse gracias al trabajo del pueblo. Éste es siempre la principal riqueza de una nación. Si queremos ver resurgir a la nuestra, hemos de esforzarnos por la dignificación del trabajador mediante la creación de fuentes de trabajo genuino y la supresión del trabajo en negro y de la dádiva.

 

13. Una segunda situación de pobreza, es el difícil acceso a la tierra, la cual es el primer don que Dios da al hombre para proveer a su sustento. En la Argentina, la gran extensión territorial, conjugada con una población relativamente escasa y altamente concentrada en el Gran Buenos Aires y en muchas capitales de Provincia, amenazan constituir una estructura permanente generadora de pobreza. En el equilibrio entre industria y campo estriba uno de los secretos de la riqueza de una nación. Lo demuestra la experiencia de los países del primer mundo, altamente industrializados, que cultivan sus tierras con esmero.

 

Por ello preguntamos: ¿sería conveniente diseñar una política demográfica que revierta el éxodo hacia el Gran Buenos Aires y a las capitales de Provincia? En el mismo sentido, ¿habría que fortalecer los municipios del interior, especialmente los rurales, y las economías regionales, de modo que el hombre del interior, en especial el joven, pueda florecer en su propio contexto social y cultural? ¿Ayudaría una sabia reforma agraria que aliente a la gente del campo, principalmente a los pequeños y medianos productores, a permanecer en la vida y el trabajo rural? ¿Cómo propiciar la concreción de las leyes que reconocen el derecho de los aborígenes a la tierra productiva y a la propiedad comunitaria? ¿Qué medidas políticas apoyar para defender y preservar el medio ambiente?

 

14. Hay otras situaciones de pobreza que también merecen especial atención.

 

Ante todo, la deficiencia de la educación, en todos sus niveles. Sin una adecuada escolaridad y enseñanza, será cada vez más difícil que los pobres participen de los bienes necesarios para su desarrollo.

 

Igualmente, la precariedad de los servicios de la salud, a los que muchos no tienen acceso. La salud es el primer bien tangible para todo ser humano. De allí, la importancia del cuidado de la integridad física y psíquica. Y la gravedad de carecer del mismo.

 

Por último, y como coronación de todas las situaciones que engendran pobreza, está la inmensa deuda pública. Es nuestro más vivo deseo que ésta, a pesar de las dificultades, se negocie con éxito y para alivio de nuestro pueblo. Habremos de recordar siempre que la Deuda tiene dos caras, que han de ponernos sobre aviso para evitarlas en el futuro: la injusticia de la economía internacional reinante en este campo, y la irresponsabilidad de quienes contrajeron la Deuda o alentaron a contraerla a espaldas del pueblo.

 

3° La subsidiaridad

15. Esta palabra enuncia otro principio clave de la Doctrina Social. Significa que “todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (“subsidium”) – por tanto, de apoyo, promoción, desarrollo- respecto de las menores. De este modo, los cuerpos sociales intermedios pueden desarrollar adecuadamente las funciones que les competen, sin deber cederlas injustamente a otras agregaciones sociales de nivel superior, de las que terminarían por ser absorbidos y sustituidos y por ver negada, en definitiva, su dignidad propia y su espacio vital” (C. 186). “El principio de subsidiaridad protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a éstas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Este principio se impone porque toda persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad” (C. 187).

 

Situaciones y Cuestiones

16. El principio de la subsidiaridad es válido no sólo en la economía, sino en todos los órdenes. Por ejemplo en la educación. Así, la escuela pública de gestión privada cumple un papel muy importante en la sociedad, y es de justicia que el Estado aporte para sufragar los gastos de esta educación con los impuestos que pagan los ciudadanos.

 

Este principio de la subsidiaridad ha sido abandonado muchas veces en la organización de la sociedad, por exceso o por defecto. Por exceso, cuando el Estado acapara para sí todas las iniciativas, libertades y responsabilidades, que son propias de las personas y de las comunidades menores de la sociedad: el estatismo. Por defecto, cuando el Estado no protege al débil frente a los más fuertes, o no brinda su ayuda económica, institucional, legislativa a las entidades sociales más pequeñas cuando es necesario: el liberalismo a ultranza.

 

17. En la Argentina hemos conocido los dos extremos. Al menos desde los años 30 hubo un estatismo creciente, que nutrió, en el inconsciente colectivo, la falsa imagen de que el Estado sería como un dios, que existe desde siempre, que todo lo puede, a quien todo se le puede exigir, e incluso se lo puede maltratar porque nada malo le podría suceder. También conocimos un voraz liberalismo, que desmanteló al Estado privatizando sus empresas, pero sin la red de protección social que ello habría exigido, y sin el control necesario sobre los nuevos prestadores de los servicios públicos, acrecentando aún más el gasto público que se pretendía reducir. Ambas corrientes colisionaron y produjeron el sismo social conocido. Estamos ahora en la etapa de la reconstrucción, aprendiendo de la dolorosa experiencia.

 

Por otra parte, está vigente la subcultura de la dádiva. Ésta pervierte el principio de la subsidiaridad, degrada al pobre y lo convierte en un sujeto incapaz de participar de la vida democrática, engendrando un nuevo problema social.

 

18. También aquí se imponen muchas preguntas. ¿Cómo reconstruir al Estado y hacer que esté al servicio de la sociedad civil? ¿Cómo evitar que devore a las sociedades u organizaciones intermedias? ¿O, por el contrario, que se declare “ausente” y deje a los ciudadanos al arbitrio de los poderosos? ¿Cómo desterrar de la actividad política la práctica de comprar adhesiones mediante la dádiva? ¿Cómo propiciar la relación entre los pueblos, en el respeto de la idiosincrasia y valores de los mismos, y de las necesarias garantías que posibilite entre ellos un intercambio comercial justo y equitativo?

 

4° La participación

19. “Participación” es otra de las columnas de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una “consecuencia característica de la subsidiaridad, que se expresa, esencialmente, en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. Es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común. No puede ser delimitada o restringida a algún contenido particular de la vida social”. “La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia” (C 189, 190).

 

Situaciones y Cuestiones

20. ¿Cuál es el grado de participación del argentino en la vida social, y, particularmente, en la defensa y el progreso de la sociedad política?

Hay muchos signos positivos. En general, parece satisfactorio el índice de los votantes y aumenta la participación en la sociedad civil: centros vecinales, clubes, ONG de todo tipo, colegios profesionales, etc.

Pero también hay señales negativas. Se exigen derechos, pero no siempre se conocen ni cumplen los deberes. Que el pueblo no interviene en el gobierno sino por sus representantes: es un principio que muchas veces se interpreta mal. Se piensa que los deberes del ciudadano se agotan en el acto eleccionario. Cumplido éste, muchos se despiden de su ciudadanía hasta la próxima elección. No son conscientes que a la salida del cuarto oscuro los aguarda la vida cotidiana con una multitud de otros deberes ciudadanos, de diverso grado, pero todos necesarios para actuar como ciudadano y construir la República: desde no cruzar el semáforo en rojo, no hacer ruidos molestos, cuidar la limpieza de los espacios públicos, realizar bien el trabajo, pagar los servicios e impuestos, exigir cuentas de su recta administración, hacer con responsabilidad la propia opción partidaria, respetar la ajena, entablar un diálogo democrático con ella. Y así, hasta el cumplimiento de deberes más graves, como postularse para un cargo público, y, si fuere el caso, hacer juicio político a la autoridad constituida, etc. Olvidan que el cumplimiento de estos deberes es la respuesta necesaria a la sociedad, la cual defiende y promueve los derechos de los cuales gozan. No sin razón se ha dicho que los argentinos somos 37 millones de habitantes, pero no logramos ser 37 millones de ciudadanos. El habitante usufructúa la Nación y sólo exige derechos. El ciudadano la construye porque, además de exigir sus derechos, cumple sus deberes.

 

21. Entre las muchas cuestiones que surgen, planteamos las siguientes: ¿Cómo luchar para transformar la pasividad de muchos en una auténtica participación democrática en la sociedad política? ¿Cómo poner en marcha las iniciativas referidas a la reforma política que se acordaron en la Mesa del Diálogo Argentino? ¿Cómo garantizar que las promesas o proyectos electorales se concreten en leyes justas y oportunas? ¿Cómo garantizar jurídicamente el gran aporte de los voluntarios sin perjudicarlos a ellos ni a las instituciones a las cuales sirven con generosidad?

 

“Jesucristo, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”: esta oración que rezamos el año pasado en preparación del Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes, y este año para el Congreso de Laicos, continúa interpelándonos a los cristianos.

 

5° La Solidaridad

22. “La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida. Nunca como hoy ha existido una conciencia tan difundida del vínculo que se manifiesta entre los hombres y los pueblos” (C 192). Estas relaciones de interdependencia, “que son, de hecho, formas de solidaridad, deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera y propia solidaridad ético-social. La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones” (C 192,193).

 

23. En situaciones difíciles los argentinos nos mostramos solidarios. Por ejemplo, cuando sufrimos inundaciones. Las repetidas crisis político-sociales quizás habrían acabado con nosotros si no hubiésemos sido solidarios. Es admirable cómo, en situaciones límites, nacen formas impensadas de solidaridad, especialmente en el pueblo humilde.

 

No obstante, la solidaridad necesita un crecimiento sustancial en orden a afianzar la conciencia ciudadana y la responsabilidad de todos por todos. La solidaridad expresa la solidez moral de una comunidad cuando, superando el sentimiento superficial, llega a elevarse hasta el rango de virtud social. No se trata, tan sólo, de que crezca la cantidad de donativos para aliviar los males de otros ante acontecimientos dolorosos o catástrofes. Se trata, principalmente, de llegar personal y comunitariamente a “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (C 193).

 

Situaciones y Cuestiones

24. Muchas son las cuestiones que surgen en este renglón. Hay una forma de insolidaridad preocupante: el crecimiento escandaloso de la desigualdad en la distribución de los ingresos. Una sociedad en la que faltase la equidad social correría serio peligro de dejar de ser solidaria.

 

Otra forma de insolidaridad es el debilitamiento de la cultura del trabajo en muchos que gozan de él. Trabajo mal hecho, a desgano, sin ansias de perfeccionarse. El trabajo es un servicio a la comunidad, que da derecho a comer de él.

 

Preocupa, también, la reiteración de reclamos no atendidos y de huelgas desproporcionadas, que no reparan en las injustas consecuencias sufridas por los más débiles: niños, ancianos, enfermos, trabajadores.

 

En una sociedad donde crece la marginación no serían de extrañar manifestaciones violentas por parte de sectores excluidos del mundo del trabajo, que podrían degenerar en peligrosos enfrentamientos sociales.

 

25. Las situaciones y cuestionamientos esbozados muestran el complejo campo social en el que todos, pero especialmente ustedes, queridos fieles laicos, deben reflexionar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, para contribuir a hallar soluciones, desde su propia vocación y misión de ciudadanos, junto con los demás integrantes de la sociedad..

 

III. Cuatro Valores Fundamentales de la Vida Social

26. “La Doctrina social de la Iglesia, además de los principios que deben presidir la edificación de una sociedad digna del hombre, indica también valores fundamentales. La relación entre principios y valores es indudablemente de reciprocidad, en cuanto que los valores expresan el aprecio que se debe atribuir a aquellos determinados aspectos del bien moral que los principios se proponen conseguir. Todos los valores sociales son inherentes a la dignidad de la persona humana, cuyo auténtico desarrollo favorecen. Son esencialmente: la verdad, la libertad, la justicia, el amor” (C 197).

 

1° La verdad

27. La verdad es un valor fundamental que desde siempre la humanidad busca ansiosa. Tiene una dimensión objetiva que fundamenta la actividad del hombre, posibilita el diálogo, fundamenta la sociedad e ilumina sobre la moralidad de los comportamientos de los ciudadanos y de los grupos sociales: verdad de la naturaleza del hombre, de la vida, de la familia, de la sociedad. Verdad, también, de los hechos acaecidos.

 

En el cristianismo la Verdad ocupa un lugar central. El Hijo unigénito de Dios, cuyo nacimiento nos preparamos a celebrar, está “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14). El mismo Jesús se autodefinió como la Verdad: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). No se trata, por tanto, sólo de una verdad enunciable en el plano especulativo. Se trata de la Verdad sustancial, cuya palabra devuelve la libertad a quienes están esclavizados por el error o por el mal: “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8,31-32). La Verdad del Evangelio, más que para ser conocida intelectualmente, es para ser realizada, para que “viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente unidos a Cristo” (Ef 4,15).

 

28. La verdad es, en consecuencia, también un valor fundamental en la Doctrina Social de la Iglesia. Al respecto ella nos dice: “Los hombres tienen una especial obligación de tender hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos para que la búsqueda de la verdad sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla” (C 198).

 

Situaciones y Cuestiones

29. Si el cristiano prescindiese de la comprensión de la Verdad que le da la Palabra de Dios, podría caer en múltiples errores, e incluso adoptar actitudes fundamentalistas. Así aconteció en tiempos pasados cuando se difundió la máxima “el error no tiene derechos”, olvidando que los derechos son de las personas, incluso de las que están en el error. El Evangelio manda morir por la verdad, no matar por ella. Por ello el Papa Juan Pablo II, cuando nos exhortó a los cristianos a prepararnos a la celebración del Gran Jubileo del año 2000, mencionó explícitamente el “capítulo doloroso, sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento, constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio de la verdad” (Tertio Millenio Adveniente 35)

 

Sin embargo, la tentación del fundamentalismo siempre acecha, y no sólo al hombre religioso. La historia civil de los pueblos, incluso europeos, está plagada de ejemplos de intransigencia a muerte entre sectores opuestos. Cuando se esgrimen argumentos religiosos, se lo hace engañosamente para enardecer la intransigencia con la que se pretende suprimir al contrario.

 

30. La interpretación de la historia argentina está atravesada por cierto maniqueísmo, que ha alimentado el encono entre los argentinos. Lo dijimos en mayo de 1981, en “Iglesia y Comunidad Nacional: “Desgraciadamente, con frecuencia, cada sector ha exaltado los valores que representa y los intereses que defiende, excluyendo los de los otros grupos. Así en nuestra historia se vuelve difícil el diálogo político. Esta división, este desencuentro de los argentinos, este no querer perdonarnos mutuamente, hace difícil el reconocimiento de los errores propios y, por tanto, la reconciliación. No podemos dividir al país, de una manera simplista, entre buenos y malos, justos y corruptos, patriotas y apátridas. No queremos negar que haya un gravísimo problema ético en la raíz de la crítica situación que vive el País, pero nos resistimos a plantearlo en los términos arriba recordados” (31).

 

A veintidós años de la restauración de la Democracia conviene que los mayores nos preguntemos si trasmitimos a los jóvenes toda la verdad sobre lo acaecido en la década del 70. O si estamos ofreciéndole una visión sesgada de los hechos, que podría fomentar nuevos enconos entre los argentinos. Ello sería así si despreciásemos la gravedad del terror de Estado, los métodos empleados y los consecuentes crímenes de lesa humanidad, que nunca lloraremos suficientemente. Pero podría suceder también lo contrario, que se callasen los crímenes de la guerrilla, o no se los abominase debidamente. Éstos de ningún modo son comparables con el terror de Estado, pero ciertamente aterrorizaron a la población y contribuyeron a enlutar a la Patria. Los jóvenes deben conocer también este capitulo de la verdad histórica. A tal fin, todos, pero en especial ustedes, fieles laicos, que vivieron en aquella época y eran adultos, tienen la obligación de dar su testimonio. Es peligroso para el futuro del País hacer lecturas parciales de la historia. Desde el presente, y sobre la base de la verdad y la justicia, debemos asumir y sanar nuestro pasado.

 

2° La libertad

31. Según el Evangelio, la libertad es fruto de la verdad: “La verdad los hará libres” (Jn 8,32). David fue liberado de su pecado porque lo reconoció. Lo mismo, la mujer pecadora. Y también el apóstol Simón Pedro. Sólo reconociendo sinceramente la verdad de nuestros pecados, Dios nos perdona y nos libera de las ataduras espirituales con que éstos nos aprisionan.

 

32. Sobre la libertad la Doctrina Social nos dice: “Es signo eminente de la imagen divina y, como consecuencia, signo de la sublime dignidad de cada persona humana. El valor de la libertad, como expresión de la singularidad de cada persona humana, es respetada cuando a cada miembro de la sociedad le es permitido realizar su propia vocación personal. La libertad, por otra parte, debe ejercerse como capacidad de rechazar lo que es moralmente negativo, cualquiera sea la forma en que se presente (C 199, 200).

 

Situaciones y Cuestiones

33. No siempre los hijos de la Iglesia mantuvieron la claridad necesaria sobre la doctrina de la libertad religiosa. Hace cuarenta años la declaración conciliar “Dignitatis humanae” (07-12-65), sobre la libertad religiosa, le devolvió todo su esplendor. Libertad de la persona y libertad de la comunidad religiosa. Libertad para la Iglesia católica y libertad para todas las religiones. Libertad para celebrar el culto y libertad para proponer y practicar la doctrina del Evangelio.

 

34. Puede parecer extraño preguntarse hoy por la libertad religiosa en Occidente y en la Argentina. Pero sobran señales de una presión desmedida de muchos medios y de entes internacionales, que justifica preguntar si la libertad de la Iglesia católica a enseñar y practicar la propia doctrina es siempre respetada. Lo mismo cabe decir de resoluciones y gestos impropios de la autoridad civil cuando invaden un fuero que le es ajeno. Dado que el sujeto del Estado y de la Iglesia es siempre el hombre, el bien común exige que entre ambos exista autonomía y colaboración.

 

3° La Justicia

35. La justicia es un atributo de Dios. Decimos “Dios es justo”; que “apelamos a la justicia divina”. De Cristo confesamos que “vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos”. Por ello la justicia es también un valor cristiano fundamental. De éste la Doctrina Social dice: “Es un valor que acompaña al ejercicio de la correspondiente virtud moral cardinal. El Magisterio social invoca el respeto de las formas clásicas de la justicia: la conmutativa, la distributiva y la legal. La justicia resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, a pesar de las proclamaciones de propósitos, está seriamente amenazado por la difundida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y del tener” (C 201, 202).

 

Situaciones y Cuestiones

36. Existen cuestionamientos sobre la Justicia como institución. En la Argentina es fuerte el reclamo por la reforma de la justicia. Y la Mesa del Diálogo Argentino ha propuesto la necesidad de una profunda y valiente reforma de ella. Pero no existen cuestionamientos sobre la justicia como valor. Sin embargo, la Doctrina Social nos hace ver su límite e insuficiencia para fundar por sí sola una convivencia social sólida: “La plena verdad sobre el hombre, permite superar la visión contractual de la justicia, que es una visión limitada, y abrirla al horizonte de la solidaridad y del amor. Por sí sola, la justicia no basta. Junto al valor de la justicia, la doctrina social coloca el de la solidaridad, en cuanto vía privilegiada de la paz” (C 203).

 

4° La vía de la caridad

37. “Entre las virtudes en su conjunto y, especialmente entre las virtudes, los valores sociales y la caridad: existe un vínculo profundo que debe ser reconocido cada vez más profundamente”. “Los valores de la verdad, de la justicia y de la libertad, nacen y se desarrollan de la fuente interior de la caridad”. “La caridad presupone y trasciende la justicia. No se pueden regular las relaciones humanas únicamente con la medida de la justicia”. “Ninguna legislación, ningún sistema de reglas o de estipulaciones lograrán persuadir a hombres y pueblos a vivir en la unidad, en la fraternidad y en la paz. Ningún argumento podrá superar el llamado de la caridad” (C 204 - 207). La caridad es la plenitud de la justicia y de toda virtud humana.

 

Situaciones y cuestiones

38. Los cristianos debemos hacernos aquí un grave cuestionamiento: si tomamos en serio el mandamiento del amor que nos dejó Jesús. Si lo hacemos, descubriremos cada vez con mayor claridad que, después del acto de adoración a Dios, la construcción de la convivencia social, en verdad, libertad y justicia, es la obra máxima del hombre sobre la tierra. Y que Dios Padre providente en nada se complace más que en ver a sus hijos esforzándose por construirla.

 

Sobre esta base de los principios básicos y de los valores fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia podemos edificar una Nación reconciliada, que logre vivir una verdadera amistad social.

 

IV. Exhortación al Pueblo de Dios,

39. Hace un mes celebramos el III Congreso Nacional de Laicos, a los veinte años del Segundo celebrado en 1984, y en vista del Bicentenario de la Nación, a celebrarse en 2010. La temática abordada fue la vocación y misión del laico en la Iglesia, en la sociedad y en la política. Durante el Congreso, la Doctrina Social de la Iglesia se mostró de máxima actualidad. Y no sólo por sus formulaciones, sino por los desafíos que ésta debe enfrentar cada día y que merecen nuevas respuestas. Si bien como Pastores somos los garantes de esta Doctrina, les corresponde también a ustedes, queridos fieles laicos, participar en su elaboración, conociendo los postulados ya adquiridos, iluminando con ellos la situación social del País, y, a partir de allí, enunciar fórmulas adecuadas que ayuden a los cristianos y a todo hombre de buena voluntad a actuar en bien de la República, respetada la propia opción temporal, sin esperar consignas de los pastores. Por lo mismo, hoy más que nunca “la Doctrina social de la Iglesia debe entrar, como parte integrante, en el camino formativo del laico” (C 549). El Compendio de la Doctrina Social, es un instrumento valioso para conocer esta Doctrina y aportar a ella elementos nuevos. Aconsejamos vivamente su estudio y puesta en práctica.

 

40. Que María, gloria de Jerusalén, alegría de Israel, orgullo de la humanidad, madre virgen de Jesús de Nazaret, nuestro hermano y nuestro Dios Salvador, implore para nosotros del Padre un amor grande y fuerte por nuestra Nación como el que su Hijo tuvo por su patria hasta llorar por ella.

 

90ª Asamblea Plenaria

de la Conferencia Episcopal Argentina

Pilar, 11 de noviembre de 2005

Memoria de San Martín de Tours, obispo.