viernes, 18 de marzo de 2016

Homilía

“Considerando estiércol lo que no sea Cristo, y consciente el creyente de su debilidad, sabe que por el poder transformador de Jesús, le es posible alcanzar la santidad”

Con el paso de los días nos acercamos a la celebración central de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. De esa manera culminamos con lo que la liturgia nos presentaba como objeto del tiempo cuaresmal, la profundización del misterio de Cristo Nuestro Señor.
Los textos bíblicos del día, tanto el evangelio (Jn. 8, 1-11) como san Pablo (Fil. 3,8-14), nos conducen al centro del misterio de Cristo y su misión entre nosotros cual es la misericordia, que recibida con el propósito de no volver a pecar, como fruto de la conversión, permite el nacimiento en nosotros de algo nuevo que deja atrás la vejez del pecado y lejanía de Dios, como señala el profeta Isaías (43,16-21).

La historia de la mujer adúltera corresponde a la personal de cada uno de nosotros, que como describe el Antiguo Testamento no pocas veces, dejamos el amor de Dios para entregarnos a los brazos de otros amantes, ya que fácilmente nos cansamos de lo verdadero pensando que en la variedad del pecado está la auténtica felicidad.
También hoy como ayer, son muchos los que acusan delante del Señor a tantos hijos de la Iglesia sorprendidos en el pecado.
¡Cuántos se rasgan las vestiduras por los pecados de los católicos, que existen por cierto, como si fuéramos los únicos que pecamos!
En realidad los acusadores no buscan la conversión del acusado sino sólo hacer ver que tanto el creyente como el que no lo es, caemos en las mismas debilidades, con la diferencia que el creyente puede, iluminado por la gracia, convertirse, mientras que al incrédulo sólo le interesa seguir justificando su mala vida, como diciendo, “si éstos que son creyentes pecan…..porque no lo podré seguir haciendo yo mismo”.

En el relato evangélico comprobamos que en las acusaciones cada vez más insistentes sobre esta mujer, Jesús emite su sentencia que tiene alcance no sólo para ese tiempo, sino para todas las épocas: “Aquél de ustedes que no tenga pecado, puede tirarle la primera piedra”, invitación que no pocas veces cae en saco roto ya que ¡cuántos tiran las piedras de la acusación sobre los demás, estando ellos mismos llenos de miserias y lacras profundas!
Es verdad que no podemos cerrar los ojos ante el pecado y la maldad ajena, especialmente cuando perjudican gravemente el bien común, pero no por eso dar lugar a la obstinación y fiereza en la acusación como si estuviéramos revestidos del poder divino  y podamos definir el destino eterno de alguno.

Como lo hiciera en el Antiguo Testamento con su elegido David, Dios que mira el interior del hombre, y no las apariencias como nosotros, dirá a esta mujer arrepentida “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno de ellos se ha atrevido a condenarte? Ella le contestó: ninguno, Señor. Entonces Jesús añadió: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.
Al retirarse del escenario de la acusación, empezando por los más ancianos, aquellos que levantaban el dedo acusador, avergonzados al ser descubiertos en sus propios pecados, podemos inferir que el llamado a la conversión que realiza Jesús a la mujer adúltera también produce su efecto salvador en ellos, que con la gracia divina tienen la oportunidad de reiniciar el camino de la vuelta a la misericordia de Dios.
No podría ser de otra manera la actitud de Jesús ya que como viene a mostrarnos la misericordia del Padre, busca la conversión, ya de los que caen por debilidad, ya de los que caen por malicia, y hasta por odio a Él.

El profeta Isaías (43, 16-21) que en la primera lectura de este día describe el poder salvador de Dios en beneficio de los elegidos reclama no acordarnos de las cosas pasadas, entre las que se incluye ciertamente el pecado, porque “voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”, prometiendo “dar de beber a mi pueblo, a mi elegido, el pueblo que yo constituí para que proclamara mi alabanza”.
¿Y que se nos dará de beber?, nos preguntamos. Ciertamente la vida nueva que brota de Cristo ya que es la única que sacia profundamente al ser humano.
San Pablo (Fil. 3,8-14) descubre la clave de “lo nuevo” que se nos brinda a cada uno y que a su vez sacia toda hambre y sed existente en el corazón humano diciendo “Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a Él, no con mi propia justicia –la que procede de la Ley- sino con aquélla que nace de la fe en Cristo, la que viene de Dios y se funda en la fe”.

En este deseo de santidad que incluye el considerar como estiércol todo lo que no sea Cristo, Pablo es consciente de su debilidad, pero que por el poder transformador de Jesús que murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos por la salvación de todos, le es posible alcanzar la meta que aún se vislumbra distante pero no imposible de alcanzar.
De manera que se da en su corazón y también en el nuestro, así lo percibimos, que estamos en tensión, ya que por un lado las cosas de este mundo nos seducen y quieren apartarnos de Cristo, y por otro lado el convencimiento de la pequeñez de todo lo creado, y su calidad de estiércol, como dice con crudeza el texto original, nos llevan a preferir el amor de  Cristo que nunca se desgasta, no perece, ni se otorga con condición alguna.
Queridos hermanos: pidamos a Jesús que se acerca ya a los días de su pasión, transforme nuestra mente y corazón, de manera que deseemos agradarle siempre, dejando de lado toda preferencia hacia lo mundano que sólo da la seguridad de lo pasajero que reviste además el carácter de desperdicio.

La Eucaristía que celebramos y recibimos, nos nutra profundamente para poder reavivar lo siempre nuevo de la presencia de Jesús entre nosotros.




Padre Ricardo B. Mazza. Cura párroco de la parroquia “San Juan Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el 5to domingo de Cuaresma. Ciclo “C”. 13 de marzo de 2016. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com














Cardenal Muller

 recuerda que los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar

catolicos-on-line, 18-3-16

Según revela Actuall en exclusiva, el cardenal Gerhard Müller, prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, ha vuelto a salir al paso de la polémica que rodeó al pasado Sínodo de la Familia, destacando que la doctrina de la Iglesia nunca podrá cambiar al respecto.

El cardenal confirma la fe de la Iglesia en el libro-entrevista Informe sobre la Esperanza, que recoge en 150 páginas el diálogo que el purpurado ha mantenido con el sacerdote español y director de la BAC, Carlos Granados. El volumen está a punto de llegar a las librerías, días antes de que el Papa Francisco publique su esperada exhortación apostólica sobre la familia.

¿La razón de por qué no es posible dar la comunión a divorciados vueltos a casar? Es «debido al carácter de derecho divino de la indisolubilidad del matrimonio». El cardenal Müller explica que esta es «doctrina teológica y espiritual» como quedó claro con la constitución Gaudium et Spes del Vaticano II.

Es cierto que en los meses anteriores al Sínodo de 2015 se propuso resolver el problema de los divorciados vueltos a casar «con una propuesta cercana a las Iglesias ortodoxas a partir de una nueva praxis penitencial en base al principio de misericordia de Dios, aplicada a ciertos casos por medio de la ‘discretio’ o discernimiento espiritual caso por caso de los pastores».

Pero el cardenal deja claro que en los trabajos sinodales se insistió en que no era posible darles la comunión. Porque «todo el orden sacramental es obra de la santidad, la justicia divina y la misericordia y que esta (…) no es nunca una dispensa de los mandamientos de Dios y de la Iglesia o una justificación para suspenderlos o invalidarlos: ‘Ve y no peques más’ (Jn 8,11) le dice Jesús a la adúltera, una vez la ha tratado con gran misericordia».

El purpurado alemán deja claro en el libro-entrevista que, de acuerdo con el Sínodo, «los pastores se deberán esforzar en acoger (a los divorciados vueltos a casar) con delicadeza y cordialidad para acompañarles e integrarles en la vida ordinaria de la Iglesia».

Ante quienes dicen que la postura de la Iglesia en moral sexual no es realista y que es mejor ajustarla a los tiempos presentes, el cardenal Müller señala: «Todos sabemos que somos pecadores y que es en el campo de la sexualidad donde precisamente se manifiesta de un modo patente la fragilidad humana. Pero esto no significa que la moral sexual que enseña la Iglesia sea un ideal inalcanzable. El mayor escándalo que puede dar la Iglesia no es que en ella haya pecadores, sino que deje de llamar por su nombre a la diferencia entre el bien y el mal y que relativice esta, que deje de explicar lo que es pecado o que pretenda justificarlo por una supuestamente mayor cercanía y misericordia hacia el pecador».

El prefecto de la Doctrina de la Fe también aborda en la larga entrevista el drama de las rupturas matrimoniales, pero precisa que «hay algo en el matrimonio que no fracasa: puede fracasar la convivencia, pueden fracasar las expectativas humanas, pero nunca fracasa en él, la acción de Dios (…) El sacramento en cuanto tal no fracasa».

No es un ideal. Es una realidad dada por Dios

Explica que el matrimonio no se puede entender como un acto social o como un ideal –dos errores comunes de esta época–. «No es un ideal que los hombres han imaginado. Un ideal es un reflejo de un deseo mío, como el niño que quiere ser astronauta… Un ideal, de hecho, suele ser inalcanzable».

Pero el matrimonio no es un ideal, sino «una realidad dada por Dios». «Es El –explica el cardenal Müller- quien, de forma inaudita, ha creado por amor al varón y a la mujer, abiertos los dos a la relación y a la fecundidad: esto no es una idea, es una realidad y, a la vez, una promesa de plenitud».

Siguiendo la doctrina del propio Jesucristo, centra la cuestión al recordar que «el matrimonio no consiste solo en la decisión de convivir con otra persona, sino en el firme propósito de ser ‘una sola carne’… ‘por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa y serán los dos una sola carne» (Mc 10,8).

Y añade que «el fin del matrimonio no es sólo natural sino también sobrenatural: la santificación de los esposos y de la vida, para poder alcanzar la plena comunión con Dios».

La amenaza de la ideología de género

A preguntas de Carlos Granados, el prefecto para la Doctrina de la Fe también aborda la amenaza que para la familia representa la Ideología de Género. Subraya las palabras del actual pontífice: «El Papa Francisco ha desenmascarado que tal pretensión es una auténtica ‘colonización ideológica’: ‘la colonización ideológica se realiza a través de los niños’».

Y añade que esta ideología –como otras– tiene una pretensión totalitaria «Un ídolo: hemos hecho de nuestra propia libertad, de nuestro propio deseo, un ídolo, pretendiendo ser nosotros quienes determinemos lo que es bueno o malo. ¿No fue esta la sustancia de la primera tentación de Adán y Eva? ¿Se puede construir una sociedad sin respetar la diferencia fundamental de hombre y mujer?

El Informe sobre la Esperanza, dedica a la familia uno de los cuatro capítulos en que se divide. Ya que la familia según el cardenal Müller –siguiendo al Papa Francisco– es «sujeto de la nueva evangelización».

Los otros capítulos son ¿Qué podemos esperar de Cristo?; ¿Qué podemos esperar de la Iglesia?; y ¿Qué podemos esperar de la sociedad? Las tres sirven para expresar las preocupaciones, «los gozos y las esperanzas» del hombre contemporáneo y buscar respuestas en el Magisterio de la Iglesia, según explica Granados en el prólogo.

Las respuestas del prefecto para la Doctrina de la Fe son interesantes reflexiones, de gran calado teológico, con alusiones a papas (Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco), a teólogos (San Hillario, Santo Tomás, De Lubac), pero también a personajes de la cultura (Nietzsche, Dostoyewski, Chesterton). Y todo ello con un estilo directo y un lenguaje asequible.


Si el Informe sobre la Fe (1985) –la larga entrevista concedida por Ratzinger a Vittorio Messori– era un diagnóstico sobre la situación eclesial, proponiendo vías de solución, el Informe sobre la Esperanza pone el centro ahora en un tema nuevo, ya que vivimos hoy una gran crisis de esperanza. La respuesta, en el Evangelio.

martes, 15 de marzo de 2016

Catequesis social

Grupo de Estudios Sociales
San Martín de Porres


“será también necesaria una catequesis social y una adecuada formación en la doctrina social de la Iglesia, siendo muy útil para ello el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia. La vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales, sino también en las virtudes sociales y políticas”

Benedicto XVI  en  “Aparecida”

El Grupo San Martín de Porres, continuando la actividad iniciada en el 2015, realizará una reunión mensual de análisis de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre la base del Compendio oficial (*).

Programa:
1. Contenido de la DSI
2. Persona y derechos humanos
3. Trabajo y bienes materiales
4. Comunidad política
5. Orden económico
6. Solidaridad y redistribución de la riqueza
7. Comunidad internacional
8. Compromiso de los laicos

Las reuniones se harán un viernes de cada mes, desde el 8 de abril, a partir de las 19 horas, en el Centro Apostólico Santo Domingo, con libre acceso.

Coordinador: Mario Meneghini

*Texto completo: 

Consultas: guardiadehonor@gmail.com    





Episcopado


 Alegría por la canonización del Cura Brochero y la beatificación de Mama Antula

Aica, 15 Mar 2016


La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) expresa hoy su alegría por “el doble don del Espíritu Santo que se manifiesta este año de modo particular cuando la Iglesia nos confirma la beatificación de la venerable María Antonia de San José (Mama Antula) y la canonización del beato José Gabriel del Rosario Brochero (Cura Brochero)”.

En un comunicado dado a conocer en el marco de la 173ª reunión de la Comisión Permanente de la CEA, recordó que la ceremonia de beatificación de Mama Antula será el 27 de agosto en Santiago del Estero y la del Cura Brochero el 16 de octubre en la Plaza San Pedro en Roma.

“Mama Antula consagró sus días a divulgar los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Fiel discípula de los padres jesuitas expulsados de nuestro país en 1767, asumió la vocación de peregrinar por nuestra tierra organizando los grupos de ejercitantes hasta llegar a Buenos Aires, donde, después de padecer adversidad e incomprensión, gracias a su fortaleza de espíritu, levantó la Santa Casa de Ejercicios que hasta el día de hoy en forma ininterrumpida presta un servicio evangelizador a miles de bautizados, facilitando el encuentro con Jesús en la oración y el silencio”, precisaron los obispos.

“El Cura Brochero, esclarecido por su celo misionero, su predicación evangélica y su vida pobre y entregada, es modelo para todos. Preocupado por el bien común y el bienestar de su pueblo acometió con innumerables obras materiales trabajando codo a codo con sus paisanos. Durante más de una década organizó contingentes de ejercitantes –varones y mujeres- emprendiendo el largo camino de las Altas Cumbres para llevarlos a la Casa de Ejercicios de Córdoba. Para él evangelización y promoción humana eran caras de una misma realidad. También hoy en Villa Cura Brochero el monumento pastoral a su obra es la Casa de Ejercicios Espirituales, que construyó con ingente esfuerzo y la colaboración de todos”, subrayaron.


Por último, el Episcopado destacó que “ambos, con un solícito amor a los pobres y un incansable entusiasmo por instruir a niños y niñas en la catequesis, con austeridad de medios y de vida, y como audaces peregrinos de los caminos del Evangelio, son una imagen viva de lo que hoy el papa Francisco nos invita como Iglesia en salida”.+ 

Teresa de Calcuta

 completamente pobre

Santiago MARTÍN, sacerdote
catolicos-on-line, 15-3-16

El día 15, el Papa ha presidido un consistorio que ha decretado la canonización de la beata Teresa de Calcuta. El milagro que ha hecho posible esta canonización se aprobó el pasado diciembre y la canonización tendrá lugar el próximo 4 de septiembre. La Madre Teresa ha intercedido, después de fallecida, para que ocurrieran varios milagros, pero los más numerosos fueron los que hizo en vida.

Desde que comenzó a recoger mendigos y moribundos en las calles de Calcuta en 1948, hasta que murió en 1997, cientos de miles de seres humanos se beneficiaron de su amor. Muchos murieron en paz, tratados como seres humanos y no roídos por las ratas o picados por los cuervos en la calle, mientras aún seguían vivos. Otros muchos pudieron nacer gracias a ella y encontrar un hogar digno, como consecuencia de la campaña que lanzó para frenar el aborto, con aquel lema tan claro como impactante: “No lo mates. Dámelo a mí”. Y otros pudieron sobrellevar su sufrimiento o su soledad, como los ancianos recogidos en los asilos o los enfermos de sida atendidos en sus centros. La obra de las Misioneras de la Caridad, que es la congregación fundada por ella, ha sido y es un ejemplo de cómo actúa la Iglesia en el campo de la solidaridad. Ellas están realmente entre los más pobres de los pobres y viven como los pobres. El último ejemplo de esto son las monjas asesinadas hace unos días por fundamentalistas islámicos en Yemen, mientras cuidaban a un grupo de ancianos, algunos de los cuales también murieron.

Pero todo esto es siempre la periferia de la persona -importante, no cabe duda-, que puede quizá ocultarnos su alma, lo que hay dentro de ella. La propia Teresa, aunque no era muy dada a hablar de sí misma, lo cuenta: “Por sangre y origen soy albanesa. Por mi vocación pertenezco al mundo entero pero mi corazón pertenece por completo a Jesús”. Ella era toda de Jesús y era por Jesús que hacía todo, absolutamente todo. No era una activista social, ni siquiera una persona extraordinariamente generosa y valiente. Era una monja, una consagrada a Dios. Dicen que en una ocasión, un millonario norteamericano visitó uno de sus hogares y la vio a ella y a las monjas trabajar con los moribundos; al despedirse le dijo: “Lo que usted hace, yo no lo haría ni por todo el oro del mundo”, a lo que ella contestó: “Ni yo tampoco”.

Ni por todo el oro del mundo, pero si por algo que no se puede comprar con el oro: el amor a aquel, Cristo, que la había amado primero. El amor al Amor. El amor a un Dios hecho hombre y que se había quedado presente en el hombre que sufre. Pero, ¿cuál fue la respuesta de Cristo a esa entrega tan radical y completa? Se podría pensar que la Madre Teresa pasó los casi setenta años que duró su vida consagrada -desde que ingresó con las monjas de Loreto hasta que falleció- en medio de éxtasis permanentes, gracias místicas y arreboles de felicidad; se podría pensar que con frecuencia el Espíritu Santo descendería sobre ella no sólo para iluminarla sino para herirla con aquella flecha bruñida de la que hablaba la primera de las Teresas, la de Ávila, y que hiere interna y dulcemente. Se podría pensar que tanto esfuerzo, tanta lucha, tanto sufrimiento debería tener una compensación que lo hiciera más fácil. Pues no fue así. Confieso que para mí fue una gran sorpresa saber, por las cartas de ella que fueron publicadas hace algunos años, que después de los momentos iniciales la Madre Teresa vivió una cierta sequedad espiritual, a pesar de ser una mujer de oración asidua y abundante. Y confieso también que ha sido esto precisamente lo que la hizo realmente grande ante mis ojos. Ella estaba con los pies en el barro en el que viven los pobres, pero lo estaba en el doble sentido. Primero, porque era pobre entre los pobres y como los pobres. Segundo, porque no experimentaba -lo cual no significa que no recibiera- mimos y caricias de Aquel por quien lo estaba dando todo. El Señor la quiso de verdad pobre, hasta el punto de privarla de consuelos místicos. Y ella lo aceptó por amor a Él, también incluso cuando no entendía porque pasaba eso y hubiera querido otra cosa.

La Madre Teresa pronto será santa. Démosle gracias a Dios por ello. Pero no reduzcamos su testimonio a la caridad hacia los necesitados. Además de eso hubo otra cosa, además estuvo el alma que entregó a Cristo y que el Señor aceptó compartiendo con ella el tesoro de su abandono en la Cruz. Fue, con él, por Él y como Él, completa y auténticamente pobre entre los pobres. Por eso ella es santa.


La Madre Teresa de Calcuta será canonizada el 4 de septiembre
El Papa Francisco decretó hoy que la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de la Orden de las Misioneras de la Caridad será efectiva el próximo 4 de septiembre.

El Pontífice presidió hoy en el Vaticano la celebración del Consistorio Ordinario Público para las canonizaciones de varios beatos, entre ellos la religiosa de origen albanés, cuya canonización ya fue firmada por el papa.

Teresa de Calcuta será canonizada por lo tanto un día antes de que se cumplan los 19 años de su fallecimiento en esa ciudad india y durante el Año Santo Extraordinario de la Misericordia.

Queda por ver dónde se celebrará la canonización. La Iglesia india insiste en que el Papa argentino vaya a Calcuta a celebrar la canonización de la santa del famoso sari blanco de borde azul, pero fuentes del Vaticano aseguran que no está previsto un viaje así y que la canonización tendrá lugar en Roma.

La beatificación de la Madre Teresa en 2003 por Juan Pablo II, con quien tenía una estrecha relación, reunió a 300.000 fieles en la plaza de San Pedro.

Junto a la célebre religiosa, el consistorio debe validar la canonización del niño mexicano José Sánchez del Río (1914-1928), muerto por su fe a los 14 años, y del sacerdote argentino José Gabriel Brochero (1840-1914). También dará luz verde a la del padre polaco Stanislas Papczynski (1631-1701), así como a la de Marie-Elisabeth Hesselblad (1870-1957), una luterana sueca convertida al catolicismo que se convirtió en religiosa y trabajó por la unidad de los cristianos. Fue declarada Justa por haber salvado a judíos durante la Segunda Guerra Mundial en Roma.

Para la canonización de la Madre Teresa, el Vaticano ha batido todos los records reconociendo un primer milagro en 2002, lo que permitió su beatificación. El pasado diciembre, la Iglesia reconoció el segundo milagro, atribuido a la intercesión de la religiosa, de la cura en 2008 de un ingeniero brasileño que entonces tenía 35 años y que tenía múltiples tumores en el cerebro.

Una vida dedicada a los más pobres

Nacida en 1910 en Macedonia en el seno de una familia albanesa, Gonxhe Agnes Bojaxhiu entró de jovencita en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido en España como las Madres Irlandesas, y en 1929 se fue con ellas a la India a enseñar en colegios.

Allí descubrió su segunda vocación, también de servicio pero completamente distinta de la de enseñar en colegios femeninos. Tras una experiencia mística, se dedicó a servir a los más pobres y abandonados, recogiendo enfermos en las calles más miserables de Calcuta. En 1950 fundó su propia congregación, las Misioneras de la Caridad, que consagran su vida «a los pobres de entre los pobres».

Cuando Juan Pablo II fue a Calcuta en febrero de 1986, su primera actividad fue visitar el hospicio. El Papa saludó con un beso a la Madre Teresa y después se fueron juntos a visitar a cada uno de los 86 moribundos que había ese día en la casa. Para la Madre Teresa fue «el día más hermoso de mi vida».

Hoy la congregación cuenta con 4.500 religiosas en todo el mundo. Cuatro de ellas fueron asesinadas la semana pasada en Yemen.

La Madre Teresa falleció a los 87 años en Calcuta el 5 de septiembre de 1997. Aunque nunca quiso ningún privilegio, Juan Pablo II le concedió uno al dispensarle del plazo de cinco años establecido desde la muerte hasta el comienzo del proceso de beatificación.


sábado, 12 de marzo de 2016

P. Cuesta


Anoche recibimos la triste noticia del fallecimiento del P. José Cuesta sdb, el fundador y Director de la Cátedra Juan Pablo Magno. Resistió los embates de una cruel enfermedad hasta último momento, alentando a sus amigos a continuar desarrollando actividades culturales y espirituales.
En la misa de cuerpo presente, celebrando la pascua del Padre José, el P. Gómez, párroco de María Auxiliadora, resumió las cualidades que lo definieron:

1) Defensa y difusión de la fe: se destacó por la intensa tarea de comunicar y enseñar el Magisterio, divulgando las actividades y mensajes del Papa. Se hicieron célebres sus boletines con la transcripción del Angelus semanal, y los principales documentos pontificios. Para ello, utilizaba sus conocimientos informáticos para diseñar en su computadora los boletines, que luego hacía imprimir y repartía profusamente.

2) Sacerdote: fiel a su ministerio, estuvo siempre disponible para recibir las confesiones, visitar a los enfermos, asesorar a quienes lo consultaban.

3) Participación en actividades temporales: su inquietud por estudiar lo llevó a cursar la carrera de Psicología; a lograr conocimientos de Enología, al punto de conducir la facultad respectiva en su provincia natal, Mendoza; a mantenerse informado sobre los acontecimientos nacionales y mundiales; a comprar películas y libros que luego comentaba.

En los últimos días, cuando ya no podía recibir visitas,  le pidió a su médico que nos hiciera llegar el mensaje de concretar su proyecto de impulsar una asociación para la difusión del pesebrismo, medio de propagar la fe a la que consagró su vida.

Padre José, descanse en paz.