domingo, 16 de agosto de 2015

La Cátedra en imágenes

Acto inaugural Cátedra "Juan Pablo Magno"



Curso Difusores de Doctrina Social de la Iglesia




Curso Perfeccionamiento Catequístico




Diplomado en Doctrina Social de la Iglesia- Equipo de Profesores: Dr. Gabriel Ravasi, P. José Cuesta sdb, Prof Ignacio Tejerina Carreras, Lic. Edmundo Gelonch Villarino, Dr. Diego García Montaño



Jornadas de Bioética-P. José Cuesta sdb, Director de la Cátedra


Libro sobre Juan Pablo II



El P. Jorge Twarog OFM, Rector de la Misión Católica Polaca en Argentina, con sede en Martín Coronado, Buenos Aires, va a presentar el 22 de octubre su libro "Las huellas de San Juan Pablo en Argentina". Ha tenido la gentileza de invitarnos a dicho acto, que se realizará en la Universidad Católica Argentina.

Desde este blog nos unimos espiritualmente al autor y le deseamos que su obra tenga el éxito que se merece.

Por la Asunción de María Santísima, nuestros corazones han de tender a Dios


Celebramos hoy esta gran fiesta mariana, uniéndonos a la glorificación de Aquella que mereció llevar en su seno al Hijo del Padre Eterno.
Así lo destaca la primera oración de la misa de la Vigilia, en la que recordando que Dios ha mirado la humildad de la Virgen otorgándole la gracia de la Maternidad divina y la ha coronado de  gloria, pedíamos que por su intercesión, nosotros, los salvados por el misterio de la Redención, alcancemos también la gloria eterna.

El haber sido elegida como Madre del Salvador la hizo acreedora de todas las demás gracias con que fue adornada por encima de toda creatura humana.
La Sagrada Escritura rememora esta maternidad aplicándole a Ella la imagen de Arca de la Alianza (I Crón. 15, 3-4.15-16; 16, 1-2), en la que se guardaban las tablas de la Ley, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo, pero de una manera más plena, ya que en Ella se gesta y forma la humanidad del Hijo de Dios que,  Palabra misma del Padre, viene a comunicarnos la intimidad divina a todos los que la buscamos con corazón agradecido.

María es elogiada por su maternidad también en el texto evangélico de la Vigilia (Lc. 11, 27-28), pero es el mismo Jesús quien asegura que es más dichosa por haber escuchado la Palabra de Dios y practicarla.
Este escuchar y realizar la Palabra divina en el trayecto de su vida, la ha convertido en discípula de su propio Hijo, que es la Palabra del Padre, y se ha transformado -además- en misionera, llevando el mensaje  salvador a los hermanos de fe, como se significa en la visita a su prima Isabel (Lc. 1, 39-56), la cual, como sucede con todo mensaje de salvación bien recibido, prorrumpe en alabanzas  tanto al que envía como a quien es enviada a llevar la Buena Nueva de la presencia del Redentor.

A su vez, en la oración primera de la misa del día es recordada María en su prerrogativa de concebida sin pecado original, por lo que también es Madre, y elevada en cuerpo y alma a los cielos, de modo que quien como creatura estaba sujeta a la muerte, fue librada de su atadura y corrupción, precisamente por haber sido engendrada,  por gracia de Dios, sin pecado original.
Quien estaba exenta de pecado, colmada de la plenitud de la gracia, elegida para ser Madre del Salvador, no podía estar sujeta a la muerte, como lo recuerda el Papa Pío XII al declarar el dogma de la Asunción en cuerpo y alma a los cielos de la plena de gracia.

Con su elevación a los cielos, María anticipa y asegura a toda creatura humana que estamos llamados a la Vida divina, de allí que cada uno de nosotros debe tender siempre a los bienes celestiales, sin dejarnos aprisionar por lo pasajero y terrenal, de manera que “merezcamos participar con ella de la gloria del cielo” (oración colecta).
La muerte que sujetó de algún modo al hombre por el pecado de los orígenes, pierde su poder por la resurrección de Cristo el Señor, como lo recuerda el apóstol (I Cor. 15,20-27), y participando de los frutos del retorno a la vida  en primer lugar la Virgen Santísima, nos asegura que también resucitaremos a la Vida, si vivimos y morimos en comunión con el Dios que nos creó.

En su canto felicísimo (Lc. 1, 39-56), la Virgen María entona la grandeza del Señor y se goza en el Salvador porque ha mirado con bondad la humildad de esta su servidora, convocándonos así a vivir en este camino terrenal con un corazón humilde, puesto siempre al servicio del Creador y de las creaturas, sabiendo que es la bondad de Dios la que nos colma de gracias y, nos libera con su misericordia de toda inclinación al mal que pudiera impedirnos vivir en plenitud la condición de hijos de Dios.

Queridos hermanos: mientras nos alegramos por la glorificación de María, pidámosle que no nos falte la gracia divina para vivir en este mundo con la mirada puesta en los bienes celestiales que se nos prometen, y desde ellos iluminar cada instante de nuestra vida de manera que su fragilidad no nos aparte de caminar esperanzados a la contemplación de Dios.


Canónigo Ricardo B. Mazza.
Cura párroco de la parroquia “San Juan Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en  la solemnidad de la Asunción de María Santísima el 15 de agosto de 2015. 



lunes, 10 de agosto de 2015

CARTA DEL PAPA FRANCISCO




 para la institución de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

A los Venerables Hermanos

Cardenal Peter Kodwo Appiah TURKSON
Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz

Cardenal Kurt KOCH
Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

Compartiendo con el amado hermano Bartolomé, Patriarca Ecuménico, la preocupación por el futuro de la creación (cf. Carta Enc. Laudato si’, 7-9) y, acogiendo la sugerencia de su representante, el Metropolita Ioannis de Pérgamo, que intervino en la presentación de la Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, deseo comunicarles que he decidido instituir también en la Iglesia Católica la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación», que, a partir del año en curso, será celebrada el 1 de septiembre, tal como acontece desde hace tiempo en la Iglesia Ortodoxa.

Como cristianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la humanidad. Para ello debemos ante todo extraer de nuestro rico patrimonio espiritual las motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado de la creación, recordando siempre que, para los creyentes en Jesucristo, Verbo de Dios hecho hombre por nosotros, «la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo, ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea» (ibíd., 216). La crisis ecológica nos llama por tanto a una profunda conversión espiritual: los cristianos están llamados a una «conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea» (ibíd., 217). De hecho, «vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (ibíd.).

La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que se celebrará anualmente, ofrecerá a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos. La celebración de la Jornada en la misma fecha que la Iglesia Ortodoxa será una buena ocasión para testimoniar nuestra creciente comunión con los hermanos ortodoxos. Vivimos en un tiempo en el que todos los cristianos afrontamos idénticos e importantes desafíos, y a los que debemos dar respuestas comunes, si queremos ser más creíbles y eficaces. Por esto, espero que esta Jornada pueda contar con la participación de otras Iglesias y Comunidades eclesiales y se pueda celebrar en sintonía con las iniciativas que el Consejo Ecuménico de las Iglesias promueve sobre este tema.

Le pido a Usted, cardenal Turkson, Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, que ponga en conocimiento de las Comisiones de Justicia y Paz de las Conferencias Episcopales, así como de los Organismos nacionales e internacionales que trabajan en el ámbito ecológico, la institución de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, para que, de acuerdo con las exigencias y las situaciones locales, la celebración se organice debidamente con la participación de todo el Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos. Para este propósito, y en colaboración con las Conferencias Episcopales, ese Dicasterio se esforzará por llevar a cabo iniciativas adecuadas de promoción y animación, para que esta celebración anual sea un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes.

Le pido a Usted, cardenal Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que se ponga en contacto con el Patriarcado Ecuménico y con las demás realidades ecuménicas, para que dicha Jornada Mundial sea signo de un camino que todos los creyentes en Cristo recorren juntos. Además, ese Dicasterio se ocupará de la coordinación con iniciativas similares organizadas por el Consejo Ecuménico de las Iglesias.

Esperando la más amplia colaboración para el buen comienzo y desarrollo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, invoco la intercesión de la Madre de Dios María Santísima y de san Francisco de Asís, cuyo Cántico de las Criaturas mueve a tantos hombres y mujeres de buena voluntad a vivir alabando al Creador y respetando la creación. Como confirmación de estos deseos, le imparto a ustedes, Señores cardenales, y a cuantos colaboran en su ministerio, la Bendición Apostólica.

Vaticano, 6 de agosto de 2015
Fiesta de la Transfiguración del Señor.


FRANCISCUS

viernes, 7 de agosto de 2015

La fe no partidiza a los creyentes


Arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna

1.- La fe en Cristo, el Hijo de Dios. Jesús desafía la incredulidad de aquellos compatriotas suyos. Lo hace con una claridad sin sombras observando, en ellos, comprensibles reacciones ante la revelación de su identidad de Hijo de Dios. Son sus vecinos, testigos de su normal desarrollo en el hogar de Nazaret, como hijo de María y del carpintero José. Es lo que ellos ven, muy lejos de entender el misterio de la Encarnación y el carácter adoptivo de la paternidad del justo José. No es fácil calzar las sandalias de Jesús ante un pueblo tan condicionado por viejos prejuicios. Trascender lo que sus comarcanos ven a diario y creer en su palabra requiere una gracia particularmente fuerte. 

No obstante, su enseñanza no se presta a confusiones o a interpretaciones opuestas: "Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios; sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo". (Juan 6, 46-51). La vigencia de aquellas afirmaciones cobra una particular luminosidad en momentos como los actuales. Muchos bautizados en la Iglesia Católica piensan y actúan contrariando las enseñanzas de Jesús. Es fácil comprobarlo. Pocas veces, en las contiendas electorales, los candidatos que se autocalifican "católicos", manifiestan sus convicciones religiosas. No es el caso de hacer un uso, políticamente abusivo e interesado, de la propia fe. Tendríamos que volver a la Carta de Santiago y encarnarla en el comportamiento cotidiano.

2.- La vida y la fe. En ella, el Apóstol manifiesta una coherencia asombrosa: "¿De qué le sirve a uno, hermanos mios, decir que tiene fe, si no tiene obras?" (Santiago 2, 14). Sin temor a introducirnos en el ámbito de la política partidiaria es preciso adoptar la lógica del Apóstol. El cristiano debe llevar a la práctica la fe que profesa con los labios. Este principio, en la regencia que cada cual hace de su vida, pierde veracidad si no alcanza a regular cada comportamiento temporal; al contrario, se lo intenta encerrar en el interior solitario del templo. 

Es tan exigente la fe en Cristo, que no excluye de su principal inspiración ninguno de los espacios, en los que se mueve necesariamente un ciudadano responsable. Es correcto no identificar a la propia Iglesia, como institución, con la actividad coyuntural del poder político. La fe no "partidiza" a los creyentes. Los educa como personas, moldeándolos espiritualmente para proyectar los valores evangélicos, en el ejercicios de sus diversas responsabilidades. La Iglesia, al servicio de la fe, expone la Palabra y llama a la conversión; no pretende capitalizar el poder para imponerse por sobre otros ciudadanos en una sociedad plural. Quienes le atribuyen esa pretensión intentan desvirtuar su misión propia, negándole el derecho y la libertad para evangelizar a todos, de acuerdo con el mandato de su Señor y Maestro. La Iglesia está obligada a predicar la fe, pero, de ninguna manera le asiste el derecho a imponerla compulsivamente.

3.- El amor, obediencia y libertad. Dios no actúa como los dictadores, sus hijos le obedecen por amor y, a causa del mismo, en pleno y sano ejercicio de la libertad. El precepto de la caridad reclama ese comportamiento a sus seguidores y con todos los hombres: "Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros como yo los he amado" (Juan 15, 12). El amor otorga la auténtica libertad, no la ley, cuyo único cometido es preservarla. Si el amor constituyera - lo que en realidad es - el principal mandamiento, quedarían sin sustento la corrupción y todas las formas de la delincuencia. Nadie se aprovecharía de sus semejantes, la justicia regularía el comportamiento social, y la paz sería su producto deseado y reclamado. No es un sueño imposible; Cristo resucitado se constituye en la causa de su realización. La vigencia lamentable del pecado - vencido por el Cordero de Dios - sigue siendo la cizaña de la parábola, que será erradicada definitivamente cuando la historia humana alcance su cumbre. Mientras tanto se produce el combate sin cuartel entre el bien y el mal, entre la gracia y su negación. La gracia de Cristo actúa en los corazones de quienes se disponen a vencer el mal y a realizar el bien aquí, con el tiempo que se nos dispensa para ello.


4.- Dios, el Padre de nuestra vida. El deseo innato de vivir para siempre tiene su correlato en el mismo don de la vida. Al admitir a Dios como "Padre de nuestra vida", reconocemos la inmortalidad como destino. El hombre es el toque final de la creación visible. En él, la vida creada se vuelve definitiva, la muerte biológica es el fin de su etapa temporal y constituye el umbral a la inmortalidad. Es lamentable que este pensamiento no se exprese con más frecuencia en medio de tanto discurso, marcado por la controversia y el pesimismo. 

El Evangelio abre una perspectiva esperanzadora ya que señala la Vida Eterna como promesa y realización. Más aún, su logro está acreditado por el mismo Dios que, en la persona de Cristo, adquiere un rostro humano: "Yo soy la Resurrección y la Vida" (Juan 11, 25). Estamos destinados a reflejarnos en él, mediante la fe, para que viviendo en Él no muramos jamás. 

martes, 4 de agosto de 2015

Catolaicismo



El arzobispo de Ferrara advierte sobre lo que llama el “catolaicismo”
Aica,  4 Ago 2015
  
El arzobispo de Ferrara, monseñor Luigi Negri, lamenta que muchos católicos dejen que la prensa hostil sea la que defina su modelo de iglesia y le cuente la historia de la Iglesia, porque “es suicida dejar que esa prensa que quiere destruir a la Iglesia sea la que defina el modelo eclesial”.

“Un fenómeno muy grave -señala el arzobispo- existe en la Iglesia de nuestro tiempo: la cesión total a la mentalidad catolaicista, también porque estamos aceptando que sean los medios de comunicación laicistas los que definan la imagen de la Iglesia, del sacerdote, de una auténtica pastoral”.

No minimiza la verdad monseñor Negri, ni siquiera en esos días de fiesta que lo vieron celebrar con una solemne misa pontifical el décimo aniversario de su ordenación episcopal. Diez años son un soplo, pero si miramos atrás no podemos dejar de reconocer que mucho cambió en estos diez años en la Iglesia, en Italia, en el mundo.

Pobreza cultural. La relación entre fe y cultura ha estado en el centro de la reflexión de don Giussani y de Juan Pablo II. Hay una frase de San Juan Pablo II que confirma y dilata el magisterio de Giussani sobre fe y cultura: “La fe que no se convierte en cultura no ha sido verdaderamente recibida, plenamente vivida, humanamente repensada”.

“Desde este punto de vista percibo una gravísima incomodidad que es la irrupción, en el contexto de la cultura católica, de una especie de catolaicismo: un catolicismo que intenta convivir con el laicismo como forma sustancialmente de rechazo de la tradición cristiana, de la presencia cristiana.

“Ejemplo: la historia de la Iglesia, que es leída e interpretada casi universalmente, también en el mundo católico, como una historia de la que hay que liberarse, más llena de sombras y de horrores, de culpas e incomprensiones que de luces. Se trata de algo totalmente irreal; a duras penas se salvan los santos, pero se los ve bajo una acepción moralista y pietista que no es un honor a los santos, sino que demuestra la mezquindad intelectual con la que se ve la historia de la Iglesia.

“Voy a dar un ejemplo. Desde hace algunos años en la misa rezo cada día por Antoine Eleonore Leon Leclerc de Juinier, que fue obispo de París desde 1782 hasta cuando, para no doblegarse a Napoleón, dimitió como arzobispo. Fue a la asamblea constituyente cuando ésta decretó la confiscación de todos los bienes de la Iglesia.

“Este obispo dijo algo muy simple: ‘Tomen todo el dinero, tienen la arrogancia para hacerlo y la ley les da esa posibilidad. Pero yo les anticipo lo que sucederá: al cabo de algunos meses se dividirán entre ustedes todo ese dinero a un precio bajísimo y los pobres se quedarán sin ningún recurso porque desde hace siglos la Iglesia francesa usó su dinero, sus bienes, para una sola cosa: hacer que la pobreza de los pobres sea menos dura".

“Hoy ¿hay alguien, aun a nivel eclesiástico, que no sólo conoce este hecho sino que se sentiría profundamente en sintonía con este hombre porque en él se ha expresado una conciencia auténtica y crítica de la historia de la Iglesia? No es aceptable que eclesiásticos, hombres de cultura católicos, tengan de entrada una actitud destructiva hacia la Iglesia y su historia, de la que salvan a duras penas la Iglesia de hoy, como si la Iglesia de hoy hubiera nacido o naciera repentinamente sin ninguna conexión vital, existencial con el flujo de la tradición, que empieza con Jesús y sus amigos y llega inexorablemente hasta nosotros, hoy.

“No se puede pensar, ya no se puede soportar, que los medios de comunicación anticatólicos y laicistas sean puestos en la condición de entrar masiva y opresivamente en la vida de la Iglesia hasta el punto de que sean ellos quienes fijen la imagen de los sacerdotes de primera categoría, contrapuesta al pobre clero que ha vivido la existencia según las circunstancias concretas de su propia vida, obedeciendo a sus pastores e intentando incrementar la vida del pueblo que guiaban. Es una posición suicida aceptar que el modelo de la vida eclesial sea formulado según la posición de quienes hasta ahora -y aún ahora– quieren destruir la Iglesia.

“En diez años muchas cosas cambiaron en el mundo: hoy la persecución de los cristianos es un fenómeno sin precedentes. Sin embargo, desde que hice poner en la fachada principal de la casa episcopal el signo del Nazareno, casi cada día cientos de turistas se detienen, preguntan, la mayoría no sabe siquiera qué significa. Esta persecución nos recuerda que nosotros vivimos dentro de una confrontación escatológica entre la cultura de la vida –el acontecimiento de Cristo- y la cultura de la muerte que es la nada y que se convierte en alternativa a Dios.

“Estas son las proporciones de la confrontación en la que vivimos, debemos ser conscientes de que la dimensión del martirio muerde nuestra cotidianidad. Debemos saber que lo que está en juego es una adhesión a Cristo que nos pone frente al mundo como gente que puede ser eliminada de un momento a otro.

Por último el arzobispo de Ferrara se refirió a la emergencia educativa, de la que tanto se habla. “Hoy, la emergencia educativa demuestra que se ha perdido el tiempo porque no se tuvo el valor de enfrentarse a la necesidad de hacer que la Iglesia fuera como había pedido Juan Pablo II en la Novo Millennio ineunte: ámbitos de escuela de comunión, por lo tanto, de cultura.


“Ahora, la ley de género es una lepra que se está difundiendo en los corazones y en esto tiene totalmente razón el papa Francisco. La cuestión de la emergencia educativa ha llegado a tales niveles que o nos despertamos ahora o ya no nos despertamos, es decir, estamos muertos”.+