martes, 10 de octubre de 2023

OTRA MANIPULACIÓN MÁS

 

 La Fundación Gates publica un estudio «amañado» sobre la necesidad anticonceptiva de la mujer

 

Adelante España, Octubre 10, 2023

 

Así, la Fundación Gates, fundada por Bill Gates, financió un estudio publicado en la revista científica The Lancet que asegura que 162 millones de mujeres poseen una «necesidad insatisfecha de anticoncepción».

 

El objetivo del informe, que se publicó días antes del inventado y ficticio Día Mundial de la Anticoncepción -¿Cómo se puede hacer un día mundial para promocionar la anticoncepción y la muerte?-, fue responder, según estos globalistas, a las demandas «insatisfechas de planificación familiar» y las «necesidades anticonceptivas de las mujeres en edad reproductiva», para denunciar que, según una encuesta «amañada», 162,9 millones de mujeres de todo el mundo quisieron desechar una vida y no pudieron llegar a ello.


Según los resultados de esta pseudo investigación manipulada, África tuvo en 2019, año del estudio, la mayor necesidad insatisfecha de anticoncepción del mundo. Los autores del informe definieron esta situación como proporción de mujeres sexualmente activas y fértiles que «no tienen acceso a métodos anticonceptivos, pero no desean tener un hijo en ese momento o desearían haber podido retrasar o evitar su embarazo más reciente».


En datos, jóvenes de entre 15 y 19 años fueron las que vieron satisfecha la demanda más baja, con apenas un 65 %, seguidas por el grupo de edad de 20 a 24 años cuyo porcentaje es del 72 %.

 

Falsificación y manipulación de la encuesta

Las encuestas fueron creadas con una clara finalidad: demostrar al mundo y sobre todo a las mujeres más jóvenes la importancia y la facilidad de la anticoncepción. En el sondeo, los autores evitan preguntar directamente a las mujeres sobre los anticonceptivos. ¿Cómo lo hicieron? Simplemente, les preguntaron a las féminas no embarazadas si tenían previsto quedarse embarazadas en los próximos dos años. Dado que la mayoría de encuestadas eran jóvenes, dijeron que no. Por este motivo, ya se les clasificó como que tenían una «necesidad insatisfecha de anticoncepción».


Algo parecido ocurrió con las que estaban esperando un hijo. A estas mujeres se les preguntó si habían planeado quedarse embarazadas cuando lo hicieron. En el caso de que la respuesta fuese negativa, se les categorizó, una vez más, como «necesidad insatisfecha de anticoncepción».


Otras encuestas apartaron la opinión de las mujeres. Sólo se basaron en sus intereses, ya que clasificaron todas las fémicas en edad reproductiva con un hijo de dos años o menos, y que no toman anticonceptivos, como que tienen una «necesidad insatisfecha de anticoncepción». En el estudio de 32 páginas, se utiliza un algoritmo que no se basa en preguntar a las mujeres si necesitan anticonceptivos, sino en ciertas características, como la actividad sexual y el estado civil.


Burda manipulación. No querían conocer la realidad. Querían transmitir un mensaje. Y para ello…Nunca dejes que la realidad te estropee una buena historia de manipulación. Y es que el algoritmo «parece diseñado para justificar esfuerzos continuados en el control de la población, que incluyen el aborto, la esterilización y la anticoncepción».

lunes, 9 de octubre de 2023

DOCTRINA SOCIAL CATÓLICA


 

Vida Nueva, 3-10-2023

 

Para el obispo de Bilbao, Joseba Segura, “la Doctrina Social de la Iglesia es un producto de la modernidad con una historia relativamente corta y reciente”. Así lo compartió esta tarde en la Universidad Pontificia Comillas, durante la ponencia de apertura de las XX Jornadas de Teología, organizadas por el centro de formación de los jesuitas. El prelado vasco fue el responsable de abrir este foro de reflexión que entre hoy y mañana acoge la universidad, que en esta edición ahonda en la encíclica de Juan XXIII ‘Pacem in Terris’, al cumplirse 60 años de su publicación.

 

Segura subrayó ante los presentes “la irreductible pluralidad del pensamiento social católico”, que ha traído consigo no pocos roces en el seno de la Iglesia. “¿Existe realmente una unidad en el pensamiento social católico donde unos y otros tienen convicciones de fe legítimas para votar a uno u otro partido?”, se preguntó el pastor.

 

Para intentar responderse, el obispos relató que “lo que puede ayudarnos a entender lo que tenemos común es entender el pensamiento social católico es entenderlo como un paraguas: de una u otra forma todos los pensamientos presentes en la Iglesia quieren desarrollar el deseo de la divinidad de crear y sostener las comunidades humanas, enriquecer la vida comunitaria”. “A algunos estos les puede parecer poco, porque para unos la dimensión comunitaria se reduce a la defensa de la familia y otros incluyen la integración de los últimos”, apostilló después, para sentenciar, con una mirada esperanzadora que “podemos llegar a muchos acuerdos con subrayados diferentes”.

 

Con esta premisa, Segura defendió que “la Doctrina Social Católica ha sido muy consistente, pero eso no significa que haya mantenido los mismos postulados y no haya habido cambios”. A la par, enfatizó que “hay que preservar la autoridad del Papa en esta materia, sea el que sea, aunque sus propuestas puedan ser cuestionadas y cuestionables”.

 

Pluralismo eclesial

A la hora de desarrollar la Doctrina Social, el obispo recomendó desarrollarla desde “un pluralismo eclesial” que se sustente y sustente la comunión. “La Iglesia está inoculada contra el sectarismo”, valoró, a pesar de los enfrentamientos que se pueden dar entre los propios católicos. Para Segura es que, más allá de la autoridad o del protagonismo de unos y otros, hay un margen amplio de libertad para cada católico y para la comunidad.

 

Por otro lado, también puso sobre la mesa algunas de las dificultades que hoy tiene el pensamiento social para abrirse paso: “Hay una esquizofrenia entre lo que se valora y se dice de lo bueno que es la Doctrina Social de la Iglesia y esas mismas instituciones tienen poco interés en aterrizarlo”.

Así, como ejemplo, Segura compartió la gestión financiera de congregaciones y diócesis que todavía hoy no tienen en cuenta las inversiones éticas en su toma de decisiones. De la misma manera, cuestionó la formación en materia económica que se da en algunos centros católicos, donde el pensamiento social católico sería “solamente un barniz”.

 

También mostró su preocupación a que la Doctrina Social esté “abierta a interpretaciones contradictorias” por el nivel de abstracción de determinadas cuestiones, así como el riesgo de que los planteamientos que se hagan pierdan “la perspectiva transnacional”. En esta misma línea, llamó a dar un salto en materia teológica: “Tenemos que superar la distinción entre moral personal y social, que para mí está trasnochada”.

 

Secularización y anticlericalismo

Durante su intervención, el obispo de Bilbao, también reflexionó sobre la creciente secularización y cierto anticlericalismo presente en la sociedad, haciendo hincapié en cómo el clima mediático influye en una conceptualización errada de la Iglesia, como ha sucedido con la crisis de la pederastia, a la que se una parte de verdad para llevar a generalizaciones peligrosas.

 

Junto a Segura, en la sesión inaugural, intervinieron el rector de la Universidad Pontificia Comillas, Enrique Sanz, y el decano de la facultad de Teología y Derecho Canónico, Francisco Ramírez Fueyo. Durante su alocución, Ramírez Fueyo defendió “la relevancia del pensar teológico para sociedad, la política y la economía”. A la par, al repasar el magisterio papal, des Roncalli a Bergoglio, evidenció que “el magisterio del Papa Francisco ha encontrado en el sector católica serias reservas y rechazos explícitos”.

domingo, 8 de octubre de 2023

LA ADMINISTRACIÓN BIDEN

 


 envía una subvención de 16 millones de dólares a la multinacional del aborto Planned Parenthood

 

(LifeNews/InfoCatólica) 7-10-23

 

 

El dinero procedía del Plan de Rescate Americano 2021, un proyecto de ley de gastos de 1,9 billones de dólares supuestamente destinado a ayudar a la recuperación de la nación del COVID. De ese paquete, el Departamento de Salud y Servicios Humanos envió 16 millones de dólares a Planned Parenthood de todo el país. El dinero fue entregado a Planned Parenthood de Texas en enero de 2022 como parte de un esfuerzo para socavar la Ley de Texas sobre el Latido del Corazón, que entró en vigor en septiembre de 2021.

 

Una de las subvenciones se concedió a Planned Parenthood Greater Texas, que tiene sedes en Austin, Dallas, Fort Worth y Waco. El dinero se destinó a «Proporcionar servicios de planificación familiar del Título X en el oeste de Texas tras la SB 8 [la Ley Heartbeat de Texas]».

 

La otra subvención fue a parar a Planned Parenthood South Texas, que abarca cinco localidades de San Antonio y dos del Valle del Río Grande. Este dinero estaba destinado a apoyar los servicios de anticoncepción, incluidos los anticonceptivos con propiedades abortivas.

 

Es importante señalar que, debido a la Enmienda Hyde, los fondos de los contribuyentes federales tienen prohibido financiar la mayoría de los abortos desde 1977. Aunque estos fondos de los contribuyentes no pueden utilizarse para pagar directamente abortos electivos, la afluencia de dinero podría permitir a Planned Parenthood reasignar su presupuesto y destinar una mayor parte de sus otros fondos a gastos relacionados con el aborto.

 

Además del dinero del American Rescue Plan, Planned Parenthood Greater Texas ha recibido 4,6 millones de dólares en fondos del Título X desde 2022. Esto significa que reciben millones de dólares de los contribuyentes, incluso después de la anulación de Roe v. Wade.

 

El aborto electivo quedó prohibido en Texas desde el momento de la fecundación en junio de 2022 tras la decisión del Tribunal Supremo de EE.UU. en el caso Dobbs v. Jackson Women's Health Organization, que volvió a poner en vigor las leyes estatales anteriores a Roe. Sin embargo, las Planned Parenthoods de Texas siguen abiertas y operando como agencias de viajes abortivas, enviando a mujeres a otros estados para recibir abortos. Nuestros impuestos están financiando estas acciones contra la vida.

 

Con las agencias gubernamentales bajo la administración de Biden desembolsando millones de dólares a organizaciones abortistas, la batalla para proteger la Vida está lejos de terminar. Ahora debemos responsabilizar a los individuos y organizaciones dentro de Texas que están ayudando ilegalmente a las mujeres a obtener abortos y trabajando incansablemente para eludir nuestras leyes que salvan la Vida.

miércoles, 4 de octubre de 2023

JUSTICIA SOCIAL


 

Germán Masserdotti

 

La Prensa, 02.10.2023

 

Recientemente, en la Cámara de Diputados de la Nación, se afirmó: “El Estado es una organización criminal, violenta, que vive de una fuente coactiva llamada impuestos. Los impuestos son un robo”. Es explicable que el liberalismo, cual un adolescente con acné resultado de una “revolución hormonal”, se fastidie ante la justicia social. Veamos por qué.

 

El bien común político. La realidad –y la noción– central de la filosofía social es la de bien común. Es la causa final de la vida social en sus diferentes grados. En cuanto a la definición de bien común político, puede afirmarse que es la “paz y seguridad de las cuales las familias y cada uno de los individuos puedan disfrutar en el ejercicio de sus derechos, y al mismo tiempo en la mayor abundancia de bienes espirituales y temporales que sea posible en esta vida mortal mediante la concorde colaboración activa de todos los ciudadanos” (Pío XI, Divini Ilius Magistri, 36).

Como observa fr. Arthur F. Utz, O. P., el bien común es “un valor común, esto es, un ideal humano común”. Se trata de un valor que “a la vez es norma jurídica, es decir, un principio de organización, según el cual se distribuyen respectivamente los deberes de cada uno de los miembros individuales de la sociedad”. Es decir, ante esta doctrina de “lo común”, el individualismo liberal se estrella porque responde a otra lógica que es la del propio interés incluso a costa de eso “común” en lo cual no cree.

 

LA JUSTICIA Y SUS TIPOS

 

Teniendo presente que la justicia, como virtud, es dar a cada uno lo suyo, según la clasificación tradicional hay tres tipos de justicia: la legal o general y la particular que se subdivide en conmutativa y distributiva. La justicia legal o general consiste en esa inclinación de la voluntad humana de dar a la comunidad todo lo que le pertenece. En primer lugar, esa comunidad es la política. La justicia distributiva consiste en aquella que obliga a repartir los bienes y las cargas proporcionalmente entre los miembros de la comunidad. En virtud de este tipo de justicia se justifica la política tributaria diseñada por los estados. Por último, la justicia conmutativa consiste en inclinar al hombre a dar a sus semejantes, iguales en derechos, lo que les pertenece.

 

La justicia social ¿es un “nuevo tipo” de justicia? Como precisa fr. Eberhard Welty. O. P., la justicia social “no es una nueva e independiente especie de justicia sino una nueva expresión que comprende conjuntamente la justicia legal y la distributiva”.

 

Como ilustrativo de esta definición, el autor alemán cita un texto de la Carta Encíclica Quadragesimo Anno (1931) de Pío XI: “Las instituciones públicas deben conformar toda la sociedad humana a las exigencias del bien común, o sea, a la norma de la justicia social, con lo cual ese importantísimo sector de la vida social que es la economía no podrá menos de encuadrarse dentro de un orden recto y sano” (QA, 110). Lo que se dice del orden económico, evidentemente, puede ampliarse a otros.

 

¿Qué comprende la justicia social? Ella comprende –señala, nuevamente, fr. Eberhard Welty, O. P.– “tanto lo que deben los miembros al bien común como lo que la comunidad debe a los particulares por razón del bien común; por eso se llama muy justamente justicia del bien común”.

 

Claro está, entonces, que la justicia social reviste un contundente sentido político dado que se vincula con el bien común como su fuente.

 

Dicho esto, y a modo de conclusión, puede afirmarse que el liberalismo no puede ofrecer una propuesta auténticamente política en la misma medida en que desconoce la realidad de un bien común político.

 

Este bien común político es el nervio de la justicia social. Por eso, mientras el liberalismo no madure, al punto de dejar ser tal, seguirá sufriendo de acné cual otro adolescente que no supo aprender de la realidad de las cosas: la vida de los grupos sociales, incluida la comunidad política, gira en torno a un bien común del que participan no meros individuos sino seres sociales por naturaleza entre lo que debe regir la justicia social.

 

 

domingo, 1 de octubre de 2023

EL ORDEN SOCIAL CRISTIANO

 

1. DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA


118. El principio capital, sin duda alguna, de esta doctrina afirma que el hombre en necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales; el hombre, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza y ha sido elevado a un orden sobrenatural. (Mater et Magistra, n. 219)

 

119. También en la vida económico-social deben respetarse y promoverse la dignidad de la persona humana, su entera vocación y el bien de toda la sociedad. Porque el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social. (Gaudium et Spes, n. 63)

 

120. El hombre en su realidad singular (porque es "persona") tiene una historia propia de su vida y sobre todo una historia propia de su alma. El hombre, conforme a la apertura interior de su espíritu y al mismo tiempo a tantas y tan diversas necesidades de su cuerpo y de su existencia temporal, escribe esta historia suya personal por medio de numerosos lazos, contactos, situaciones, estructuras sociales que lo unen a otros hombres; y esto lo hace desde el primer momento de su existencia sobre la tierra, desde el momento de su concepción y de su nacimiento. El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social-en el ámbito de la propia familia, en el ámbito de la sociedad y de contextos tan diversos, en el ámbito de la propia nación, o pueblo (y posiblemente sólo aún del clan o tribu), en el ámbito de toda la humanidad- este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión, él es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo vía que inmutablemente conduce a través del misterio de la Encarnación y de la Redención. (Redemptor Hominis, n. 14)

 

121. Fundamento y fin del orden social es la persona humana, como sujeto de derechos inalienables, que no recibe desde fuera sino que brotan de su misma naturaleza; nada ni nadie puede destruirlos; ninguna constricción externa puede anularlos, porque tienen su raíz en lo que es más profundamente humano. De modo análogo, la persona no se agota en los condicionamientos sociales, culturales e históricos, pues es propio del hombre, que tiene un alma espiritual, tender hacia un fin que trasciende las condiciones mudables de su existencia. Ninguna potestad humana puede oponerse a la realización del hombre como persona. (Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1988, n. 1)

 

2. EL BIEN COMÚN


167. Por bien común, es preciso entender "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (GS, n. 26). El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales: Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a ... actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa" (GS, n. 26). En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva. (CIC, nn. 1906-1909)

 

168. La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común-esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección-se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuanta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuanta el bien común de toda la familia humana. Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa. El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad. El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad. (Gaudium et Spes, n. 26)

 

169. La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. "En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa" (PT, n. 51). (CIC, n. 1903)

 

170. Ahora bien, si se examinan con atención, por una parte, el contenido intrínseco del bien común, y por otra, la naturaleza y el ejercicio de la autoridad pública, todos habrán de reconocer que entre ambos existe una imprescindible conexión. Porque el orden moral, de la misma manera que exige una autoridad pública para promover el bien común en la sociedad civil, así también requiere que dicha autoridad pueda lograrlo efectivamente. De aquí nace que las instituciones civiles-en medio de las cuales la autoridad pública se desenvuelve, actúa y obtiene su fin-deben poseer una forma y eficacia tales, que puedan alcanzar el bien común por las vías y los procedimientos más adecuados a las distintas situaciones de la realidad. (Pacem in Terris, n. 136)

 

171. Por lo que concierne al primer aspecto, han de considerarse como exigencias del bien común nacional: facilitar trabajo al mayor número posible de obreros; evitar que se constituyan, dentro de la nación e incluso entre los propios trabajadores, categorías sociales privilegiadas; mantener una adecuada proporción entre salario y precios; hacer accesibles al mayor número de ciudadanos los bienes materiales y los beneficios de la cultura; suprimir o limitar al menos las desigualdades entre los distintos sectores de la economía-agricultura, industria y servicios-equilibrar adecuadamente el incre- mento económico con el aumento de los servicios generales necesarios, principalmente por obra de la autoridad pública; ajustar, dentro de lo posible, las estructuras de la producción a los progresos de las ciencias y de la técnica; lograr, en fin, que el mejoramiento en el nivel de vida no sólo sirva a la generación presente, sino que prepare también un mejor porvenir a las futuras generaciones. Son, por otra parte, exigencias del bien común internacional: evitar toda forma de competencia desleal entre los diversos países en materia de expansión económica; favorecer la concordia y la colaboración amistosa y eficaz entre las distintas economías nacionales, y, por último, cooperar eficazmente al desarrollo económico de las comunidades políticas más pobres. (Mater et Magistra, nn. 79-80)

 

172. En la época actual se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aquí que la misión principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo poder público. (Pacem in Terris, n. 60)

 

173. Para dar cima a esta tarea con mayor facilidad, se requiere, sin embargo, que los gobernantes profesen un sano concepto del bien común. Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección. Juzgamos además necesario que los organismos o cuerpos y las múltiples asociaciones privadas, que integran principalmente este incremento de las relaciones sociales, sean en realidad autónomos y tiendan a sus fines específicos con relaciones de leal colaboración mutua y de subordinación a las exigencias del bien común. Es igualmente necesario que dichos organismos tengan la forma externa y la sustancia interna de auténticas comunidades, lo cual sólo podrá lograrse cuando sus respectivos miembros sean considerados en ellos como personas y llamados a participar activamente en las tareas comunes. En el progreso creciente que las relaciones sociales presentan en nuestros días, el recto orden del Estado se conseguirá con tanta mayor facilidad cuanto mayor sea el equilibrio que se observe entre estos dos elementos: de una parte, el poder de que están dotados así los ciudadanos como los grupos privados para regirse con autonomía, salvando la colaboración mutua de todos en las obras; y de otra parte, la acción del Estado que coordine y fomente a tiempo la iniciativa privada. (Mater et Magistra, nn. 65-66)

 

174. El bien común también demanda que las autoridades civiles deben de hacer verdaderos esfuerzos para crear una situación donde los ciudadanos individuales puedan ejercitar sus derechos y cumplir con sus deberes fácilmente. Porque, la experiencia nos ha enseñado que si estas autoridades no tomen acción adecuada en relación a los asuntos económicas, políticas, y culturales, el desequilibrio entre los ciudadanos suele ser cada vez más definido sobre todo en el mundo, y como resulta los derechos humanos quedan totalmente ineficaces.... (Pacem in Terris, n. 63)

 

3. SOLIDARIDAD


126. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel afán de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado. Tales "actitudes y estructuras de pecado" solamente se vencen con la ayuda de la gracia divina mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del prójimo que está dispuesto a "perderse", en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a "servirlo" en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10, 40-42; 20, 25; Mc 10, 42-45; Lc 22, 25-27). (Sollicitudo Rei Socialis, n. 38)

 

127. En el espíritu de la solidaridad y mediante los instrumentos del diálogo aprendemos a:

- respetar a todo ser humano;

- respetar los auténticos valores y las culturas de los demás;

- respetar la legítima autonomía y la autodeterminación de los demás;

- mirar más allá de nosotros mismos para entender y apoyar lo bueno de los demás;

- contribuir con nuestros propios recursos a la solidaridad social en favor del desarrollo y crecimiento que se derivan de la equidad y la justicia;

- construir unas estructuras que aseguren la solidaridad social y el diálogo como rasgos del mundo en que vivimos.

(Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1986, n. 5)

 

128. El deber de solidaridad de las personas es también el de los pueblos: "Los pueblos ya desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vía de desarrollo" (GS, n. 86). Se debe poner en práctica esta enseñanza conciliar. Si es normal que una población sea el primer beneficiario de los dones otorgados por la Providencia como fruto de su trabajo, no puede ningún pueblo, sin embargo, pretender reservar sus riquezas para su uso exclusivo. Cada pueblo debe producir más y mejor, a la vez para dar a sus súbditos un nivel de vida verdaderamente humano y para contribuir también al desarrollo solidario de la humanidad. Ante la creciente indigencia de los países subdesarrollados, se debe considerar como normal el que un país desarrollado consagre una parte de su producción a satisfacer las necesidades de aquéllos; igualmente normal que forme educadores, ingenieros, técnicos, sabios que pongan su ciencia y su competencia al servicio de ellos. (Populorum Progressio, n. 48)

 

129. Para superar la mentalidad individualista, hoy día tan difundida, se requiere un compromiso concreto de solidaridad y caridad, que comienza dentro de la familia con la mutua ayuda de los esposos y, luego, con las atenciones que las generaciones se prestan entre sí. De este modo la familia se cualifica como comunidad de trabajo y de solidaridad. (Centesimus Annus, n. 49)

 

130. En esta marcha, todos somos solidarios. A todos hemos querido Nos recordar la amplitud del drama y la urgencia de la obra que hay que llevar a cabo. La hora de la acción ha sonado ya; la supervivencia de tantos niños inocentes, el acceso a una condición humana de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilización, están en juego. Todos los hombres y todos los pueblos deben asumir sus responsabilidades. (Populorum Progressio, n. 80)

 

131. El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es válido sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas. Los que cuentan más, al disponer de una porción mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse responsables de los más débiles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Estos, por su parte, en la misma línea de solidaridad, no deben adoptar una actitud meramente pasiva o destructiva del tejido social y, aunque reivindicando sus legítimos derechos, han de realizar lo que les corresponde, para el bien de todos. Por su parte, los grupos intermedios no han de insistir egoísticamente en sus intereses particulares, sino que deben respetar los intereses de los demás. (Sollicitudo Rei Socialis, n. 39)

 

132. De esta manera el principio que hoy llamamos de solidaridad y cuya validez, ya sea en el orden interno de cada nación, ya sea en el orden internacional, he recordado en la Sollicitudo Rei Socialis (cf. SRS, nn. 38-40), se demuestra como uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política. León XIII lo enuncia varias veces con el nombre de "amistad", que encontramos ya en la filosofía griega; por Pío XI es designado con la expresión no menos significativa de "caridad social", mientras que Pablo VI, ampliando el concepto, de conformidad con las actuales y múltiples dimensiones de la cuestión social, hablaba de "civilización del amor" (cf. RN, n. 25; QA, n. 3; Pablo VI, Homilía para la Clausura del Año Santo, 1975). (Centesimus Annus, n. 10)

 

133. La solidaridad nos ayuda a ver al "otro"-persona, pueblo o nación-no como un instrumento cualquiera para explotar a poco coste su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un "semejante" nuestro, una "ayuda" (cf. Gn 2, 18-20), para hacerlo partícipe como nosotros, del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios. (Sollicitudo Rei Socialis, n. 39)

 

4. SUBSIDIARIEDAD


134. La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, "una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común" (CA, n. 48; cf. QA, nn. 184-186). Dios no ha querido retener para El solo el ejercicio de todos los poderes. Entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabiduría de los que gobiernan las comunidades humanas. Estos deben comportarse como ministros de la providencia divina. El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional. (CIC, nn. 1883-1885)

 

135. Además, así como en cada Estado es preciso que las relaciones que median entre la autoridad pública y los ciudadanos, las familias y los grupos intermedios, se regulen y gobiernen por el principio de la acción subsidiaria, es justo que las relaciones entre la autoridad pública mundial y las autoridades públicas de cada nación se regulen y rijan por el mismo principio. Esto significa que la misión propia de esta autoridad mundial es examinar y resolver los problemas relacionados con el bien común universal en el orden económico, social, político o cultural, ya que estos problemas, por su extrema gravedad, amplitud extraordinaria y urgencia inmediata, presentan dificultades superiores a las que pueden resolver satisfactoriamente los gobernantes de cada nación. Es decir, no corresponde a esta autoridad mundial limitar la esfera de acción o invadir la competencia propia de la autoridad pública de cada Estado. Por el contrario, la autoridad mundial debe procurar que en todo el mundo se cree un ambiente dentro del cual no sólo los poderes públicos de cada nación, sino también los individuos y los grupos intermedios, puedan con mayor seguridad realizar sus funciones, cumplir sus deberes y defender sus derechos. (Pacem in Terris, nn. 140-141)

 

136. Como tesis inicial, hay que establecer que la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras para procurar sus intereses comunes. (Mater et Magistra, n. 51)

 

137. Pero manténgase siempre a salvo el principio de que la intervención de las autoridades públicas en el campo económico, por dilatada y profunda que sea, no sólo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansión de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, incólumes los derechos esenciales de la persona humana. Entre éstos hay que incluir el derecho y la obligación que a cada persona corres- ponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutención y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas económicos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producción. (Mater et Magistra, n. 55)

 

138. A este respecto, la Rerum Novarum señala la vía de las justas reformas, que devuelven al trabajo su dignidad de libre actividad del hombre. Son reformas que suponen, por parte de la sociedad y del Estado, asumirse las responsabilidades en orden a defender al trabajador contra el íncubo del desempleo. Históricamente esto se ha logrado de dos modos convergentes: con políticas económicas, dirigidas a asegurar el crecimiento equilibrado y la condición de pleno empleo; con seguros contra el desempleo obrero y con políticas de cualificación profesional, capaces de facilitar a los trabajadores el paso de sectores en crisis a otros en desarrollo.... Para conseguir estos fines el Estado debe participar directa o indirectamente. Indirect- amente y según el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio do la actividad económica, encauzada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente y según el principio de solidaridad, poniendo, en defensa do los más débiles, algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo, y asegurando en todo caso un mínimo vital al trabajador en paro. (Centesimus Annus, n. 15)

 

5. PARTICIPACIÓN


139. La doble aspiración hacia la igualdad y la participación trata de promover un tipo de sociedad democrática. Diversos modelos han sido propuestos; algunos de ellos han sido ya experimentados; ninguno satisface completamente, y la búsqueda queda abierta entre las tendencias ideológicas y pragmáticas. El cristiano tiene la obligación de participar en esta búsqueda, al igual que en la organización y en la vida políticas. El hombre, ser social, construye su destino a través de una serie de agrupaciones particulares que requieren, para su perfeccionamiento y como condición necesaria para su desarrollo, una sociedad más vasta, de carácter universal, la sociedad política. Toda actividad particular debe colocarse en esta sociedad ampliada, y adquiere con ello la dimensión del bien común. (Octogesima Adveniens, n. 24)

 

140. Es esencial que todo hombre tenga un sentido de participación, de tomar parte en las decisiones y en los esfuerzos que forjan el destino del mundo. En el pasado la violencia y la injusticia han arraigado frecuentemente en el sentimiento que la gente tiene de estar privada del derecho a forjar sus propias vidas. No se podrán evitar nuevas violencias e injusticias allí donde se niegue el derecho básico a participar en las decisiones de la sociedad. (Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1985, n. 9)

 

141. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas. Además, es preciso que se ayude a estos hombres necesitados a conseguir los conocimientos, a entrar en el círculo de las interrelaciones, a desarrollar sus aptitudes para poder valorar mejor sus capacidades y recursos. (Centesimus Annus, n. 34)

 

142. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio. Para que la cooperación ciudadana responsable pueda lograr resultados felices en el curso diario de la vida pública, es necesario un orden jurídico positivo que establezca la adecuada división de las funciones institucionales de la autoridad política, así como también la protección eficaz e independiente de los derechos. Reconózcanse, respétense y promuévanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio, no menos que los deberes cívicos de cada uno. Entre estos últimos es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común. Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su legítima y constructiva acción, que más bien deben promover con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad política todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales. (Gaudium et Spes, n. 75)

 

143. Cada ciudadano tiene el derecho a participar en la vida de la propia comunidad. Esta es una convicción generalmente compartida hoy en día. No obstante, este derecho se desvanece cuando el proceso democrático pierde su eficacia a causa del favoritismo y los fenómenos de corrupción, los cuales no solamente impiden la legítima participación en la gestión del poder, sino que obstaculizan el acceso mismo a un disfrute equitativo de los bienes y servicios comunes. (Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1999, n. 6)

 

144. Al mismo tiempo que el progreso científico y técnico continúa transformando el marco territorial del hombre, sus modos de conocimiento, de trabajo, de consumo y de relaciones, se manifiesta siempre en estos contextos nuevos una doble aspiración más viva a medida que se desarrolla su información y su educación: aspiración a la igualdad, aspiración a la participación; formas ambas de la dignidad del hombre y de su libertad. (Octogesima Adveniens, n. 22)

 

145. Añádese a lo dicho que con la dignidad de la persona humana concuerda el derecho a tomar parte activa en la vida pública y contribuir al bien común. Pues, como dice nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII, "el hombre, como tal, lejos de ser objeto y elemento puramente pasivo de la vida social, es, por el contrario, y debe ser y permanecer su sujeto, fundamento y fin" (Mensaje por radio en la Víspera de Navidad, 1944). (Pacem in Terris, n. 26)

 

6. EL DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES

 

171 Entre las múltiples implicaciones del bien común, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes: «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad».360 Este principio se basa en el hecho que « el origen primigenio de todo lo que es un bien es el acto mismo de Dios que ha creado al mundo y al hombre, y que ha dado a éste la tierra para que la domine con su trabajo y goce de sus frutos (cf. Gn 1,28-29). Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno. He ahí, pues, la raíz primera del destino universal de los bienes de la tierra. Ésta, por su misma fecundidad y capacidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios para el sustento de la vida humana ».361 La persona, en efecto, no puede prescindir de los bienes materiales que responden a sus necesidades primarias y constituyen las condiciones básicas para su existencia; estos bienes le son absolutamente indispensables para alimentarse y crecer, para comunicarse, para asociarse y para poder conseguir las más altas finalidades a que está llamada.362

 

172 El principio del destino universal de los bienes de la tierra está en la base del derecho universal al uso de los bienes. Todo hombre debe tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo: el principio del uso común de los bienes, es el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social » 363 y « principio peculiar de la doctrina social cristiana ».364 Por esta razón la Iglesia considera un deber precisar su naturaleza y sus características. Se trata ante todo de un derecho natural, inscrito en la naturaleza del hombre, y no sólo de un derecho positivo, ligado a la contingencia histórica; además este derecho es « originario ».365 Es inherente a la persona concreta, a toda persona, y es prioritario respecto a cualquier intervención humana sobre los bienes, a cualquier ordenamiento jurídico de los mismos, a cualquier sistema y método socioeconómico: « Todos los demás derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello [destino universal de los bienes] están subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realización, y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primera ».366

 

176 Mediante el trabajo, el hombre, usando su inteligencia, logra dominar la tierra y hacerla su digna morada: « De este modo se apropia una parte de la tierra, la que se ha conquistado con su trabajo: he ahí el origen de la propiedad individual ».368 La propiedad privada y las otras formas de dominio privado de los bienes « aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar y deben ser considerados como ampliación de la libertad humana (...) al estimular el ejercicio de la tarea y de la responsabilidad, constituyen una de las condiciones de las libertades civiles ».369 La propiedad privada es un elemento esencial de una política económica auténticamente social y democrática y es garantía de un recto orden social. La doctrina social postula que la propiedad de los bienes sea accesible a todos por igual,370 de manera que todos se conviertan, al menos en cierta medida, en propietarios, y excluye el recurso a formas de « posesión indivisa para todos ».371

 

c) Destino universal de los bienes y opción preferencial por los pobres

 

182 El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este propósito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres: 384 « Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. Pero hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor ».385

 

 (Agenda Social, del Consejo Justicia y Paz, 2000; y Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2004)