sábado, 20 de abril de 2013

Beatificación de 500 mártires españoles





MADRID, 20 Abr. 13 / 12:26 am (ACI/Europa Press).-

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, será el representante del Papa Francisco en la Beatificación de los 500 mártires españoles que murieron en la persecución religiosa de los años 30 del siglo XX, y que tendrá lugar el 13 de octubre en Tarragona.

Así lo ha adelantado el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Juan Antonio Martínez Camino, que ha señalado que el Cardenal Amato será el "delegado del Santo Padre" para esta beatificación pues, desde 2005, no es necesario que sea el mismo Papa quien presida estos actos ni que se celebren en Roma (Italia).

Sobre la posibilidad de que acuda Francisco en persona, Mons. Martínez Camino ha indicado que "hay que darle un respiro" y ha informado de que la CEE no ha enviado una invitación formal al Papa Francisco para que visite España, aunque "hay previsiones para hacerla", pero ha precisado que algunos obispos sí que han enviado una invitación particular.

En el mensaje de los obispos con motivo de esta beatificación --que tendrá su propia página web 'www.beatificacion2013.com'--, los prelados indican que, al celebrar la memoria de estos mártires, la Iglesia desea ser "sembradora de humanidad y reconciliación" en una sociedad "azotada por la crisis religiosa, moral, social y económica, en la que crecen las tensiones y los enfrentamientos".

Además, proponen a los mártires como ejemplo para "apartarse de los ídolos de la ambición egoísta y de la codicia que corrompen la vida de las personas y de los pueblos" y "acercarse a la libertad espiritual que permite querer el bien común y la justicia aun a costa de su aparente inutilidad inmediata".

En este sentido, recuerdan que "el testimonio de miles de mártires y santos ha sido más fuerte que las insidias y violencias de los falsos profetas de la irreligiosidad y del ateísmo" y citan al Concilio Vaticano II para apuntar que la mejor respuesta al secularismo y al ateísmo contemporáneos es "el testimonio de una fe viva y madura" como la de estos mártires.

"El siglo XX ha sido llamado con razón 'el siglo de los mártires'", apuntan los obispos. En esta línea, precisan que desde 1987, cuando tuvo lugar la primera beatificación de los primeros de ellos -las carmelitas descalzas de Guadalajara-, han sido beatificados 1.001 mártires, de los cuales once han sido también canonizados.

"La Iglesia -remarcan- reconoce ahora solemnemente a este nuevo grupo como mártires de Cristo. Según el lema de esta fiesta, ellos fueron 'firmes y valientes testigos de la fe'".

Bienaventuranzas del Político







Por el siervo de Dios, cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuân 
(1928-2002)

1. Bienaventurado el político que tiene un elevado conocimiento y una profunda conciencia de su papel.

El Concilio Vaticano II definió la política «arte noble y difícil» (Gaudium et spes, 73). A más de treinta años de distancia y en pleno fenómeno de globalización, tal afirmación encuentra confirmación al considerar que, a la debilidad y a la fragilidad de los mecanismos económicos de dimensiones planetarias se puede responder sólo con la fuerza de la política, esto es, con una arquitectura política global que sea fuerte y esté fundada en valores globalmente compartidos.

2. Bienaventurado el político cuya persona refleja la credibilidad.

En nuestros días, los escándalos en el mundo de la política, ligadas sobre todo al elevado coste de las elecciones, se multiplican haciendo perder credibilidad a sus protagonistas. Para volcar esta situación, es necesaria una respuesta fuerte, una respuesta que implique reforma y purificación a fin de rehabilitar la figura del político.

3. Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.

Para vivir esta bienaventuranza, que el político mire su conciencia y se pregunte: ¿estoy trabajando para el pueblo o para mí? ¿Estoy trabajando por la patria, por la cultura? ¿Estoy trabajando para honrar la moralidad? ¿Estoy trabajando por la humanidad?

4. Bienaventurado el político que se mantiene fielmente coherente,

con una coherencia constante entre su fe y su vida de persona comprometida en política; con una coherencia firme entre sus palabras y sus acciones; con una coherencia que honra y respeta las promesas electorales.

5. Bienaventurado el político que realiza la unidad y, haciendo a Jesús punto de apoyo de aquélla, la defiende.

Ello, porque la división es autodestrucción. Se dice en Francia: «los católicos franceses jamás se han puesto en pié a la vez, más que en el momento del Evangelio». ¡Me parece que este refrán se puede aplicar también a los católicos de otros países!

6. Bienaventurado el político que está comprometido en la realización de un cambio radical,

y lo hace luchando contra la perversión intelectual; lo hace sin llamar bueno a lo que es malo; no relega la religión a lo privado; establece las prioridades de sus elecciones basándose en su fe; tiene una carta magna: el Evangelio.

7. Bienaventurado el político que sabe escuchar,

que sabe escuchar al pueblo, antes, durante y después de las elecciones; que sabe escuchar la propia conciencia; que sabe escuchar a Dios en la oración. Su actividad brindará certeza, seguridad y eficacia.

8. Bienaventurado el político que no tiene miedo.

Que no tiene miedo, ante todo, de la verdad: «¡la verdad –dice Juan Pablo II-- no necesita de votos!». Es de sí mismo, más bien, de quien deberá tener miedo. El vigésimo presidente de los Estados Unidos, James Garfield, solía decir: «Garfield tiene miedo de Garfield». Que no tema, el político, los medios de comunicación. ¡En el momento del juicio él tendrá que responder a Dios, no a los medios!

viernes, 19 de abril de 2013

Partido socialista español califica al cristianismo como una confesión intolerable




AICA, 19 Abr 2013

Como respuesta al discurso pronunciado el lunes por el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal Rouco Varela, la portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez, amenazó con la denuncia de los Acuerdos de 1979 entre el Estado español y el Vaticano, al tiempo que acusó al Gobierno de “ceder” ante lo que considera el “chantaje” de la Iglesia Católica a la hora de reformar la ley del aborto. 
“No debe aprobarse la modificación del aborto, afirmó la portavoz socialista, siguiendo los dictados de una confesión religiosa intolerable y si hubo compromisos anteriores, indudablemente, abordaremos una reflexión a la revisión de estos acuerdos”

En rueda de prensa, Rodríguez criticó que la Iglesia haya recordado al Gobierno “que tiene algunos compromisos con ellos”, suscritos en el Concordato de la Santa Sede y el Ejecutivo, razón por la que defendió el término ‘chantaje’ para utilizarlo como recordatorio” de su contenido, con olvido de que se trata de un acuerdo internacional que vincula a todos los gobiernos, sean del color que sean.

Como informó AICA el lunes 15, el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal Antonio María Rouco Varela, recordó al Gobierno que “persiste la desprotección legal del derecho a la vida de los que van a nacer y persiste una legislación sobre el matrimonio gravemente injusta” así como la ausencia de protección adecuada para la familia y la natalidad, en especial, para las familias numerosas.

Igualmente, el cardenal Rouco destacó en su discurso de apertura de la Asamblea de la CEE que “la calidad de la enseñanza sigue dejando mucho que desear, siendo así que de ella depende en tan gran medida el futuro de la sociedad”. Para el cardenal, “los pasos dados en estos meses hacia la resolución de estos graves problemas resultan todavía insuficientes”.

En su declaración, señala la agencia Análisis Digital, la portavoz socialista, curiosamente, quiso olvidar que el Partido Popular se había comprometido en su programa electoral a reformar la ley heredada de la anterior legislatura socialista por considerar que iba en contra del espíritu y la letra de la doctrina sentada por el Tribunal Constitucional cuando abordó en 1985 la ley que entonces propuso el PSOE que condicionaba el aborto a tres supuestos concretos.

Igualmente, la señora Rodríguez, destacada por su pasión abortista, señaló que la reforma del aborto en la que trabaja el Gobierno –y de la el ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, señaló que iba a suprimir el aborto eugenésico en caso de malformación– existe una voluntad para coartar la libertad de las mujeres.


miércoles, 17 de abril de 2013

Concepción católica de la política y semblanzas de estadistas cristianos




El Centro de Estudios Anacleto González Flores dictará un ciclo de conferencias durante el año en el que profundizará sobre la noción cristiana de la política y expondrá la vida de referentes insertos en el ambiente.

Las charlas, a cargo del doctor Rafael Breide Obeid y el padre Alfredo Sáenz SJ, comenzarán el miércoles 24 de abril con la disertación "La política a la luz de las Sagradas Escrituras" y una alocución sobre "Cristo Rey: la Realeza Social de Jesucristo".

El cronograma prevé para el miércoles 29 de mayo adentrarse en "El orden político" y la figura de "San Vladimir". 
Durante el año, se trabajará también sobre:
 "La cosmología y la política", 
"Las realizaciones del hombre con la naturaleza y su trascendencia en el orden jurídico", 
"Los actores y las etapas de la política", 
"El Príncipe en Maquiavelo - Rivadeneira - Fanelón" 
y el "Anticristo: recapitulador del mal; el poder secular anticristiano".

Asimismo, se recupera el testimonio de vida cristiana de san Luis Rey, san Fernando, Isabel la Católica, Hernandarias, Gabriel García Moreno y Antonio de Oliveira Salazar.

Las jornadas, organizadas por la Fundación Gladius, se desarrollarán de 19 a 21 en el colegio San Pablo (Pacheco de Melo 2300). 
Consultas: fundaciongladius@fibertel.com.ar; (011) 4393-0217.

AICA

lunes, 15 de abril de 2013

Homilía del Santo Padre





Basílica de San Pablo Extramuros
III Domingo de Pascua, 14 de abril de 2013




Queridos Hermanos y Hermanas:

Me alegra celebrar la Eucaristía con ustedes en esta Basílica. Saludo al Arcipreste, el Cardenal James Harvey, y le agradezco las palabras que me ha dirigido; junto a él, saludo y doy las gracias a las diversas instituciones que forman parte de esta Basílica, y a todos vosotros. Estamos sobre la tumba de san Pablo, un humilde y gran Apóstol del Señor, que lo ha anunciado con la palabra, ha dado testimonio de él con el martirio y lo ha adorado con todo el corazón. Estos son precisamente los tres verbos sobre los que quisiera reflexionar a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado: anunciar, dar testimonio, adorar.

1. En la Primera Lectura llama la atención la fuerza de Pedro y los demás Apóstoles. Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir enseñando en el nombre de Jesús, de no anunciar más su mensaje, ellos responden claramente: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Apóstoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jesús. Y nosotros, ¿somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? ¿Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio.

2. Pero demos un paso más: el anuncio de Pedro y de los Apóstoles no consiste sólo en palabras, sino que la fidelidad a Cristo entra en su vida, que queda transformada, recibe una nueva dirección, y es precisamente con su vida con la que dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo. En el Evangelio, Jesús pide a Pedro por tres veces que apaciente su grey, y que la apaciente con su amor, y le anuncia: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21,18). 

Esta es una palabra dirigida a nosotros, los Pastores: no se puede apacentar el rebaño de Dios si no se acepta ser llevados por la voluntad de Dios incluso donde no queremos, si no hay disponibilidad para dar testimonio de Cristo con la entrega de nosotros mismos, sin reservas, sin cálculos, a veces a costa incluso de nuestra vida. Pero esto vale para todos: el Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno debería preguntarse: ¿Cómo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? ¿Tengo el valor de Pedro y los otros Apóstoles de pensar, decidir y vivir como cristiano, obedeciendo a Dios? 
Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad. Hay santos del cada día, los santos «ocultos», una especie de «clase media de la santidad», como decía un escritor francés, esa «clase media de la santidad» de la que todos podemos formar parte. Pero en diversas partes del mundo hay también quien sufre, como Pedro y los Apóstoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega la propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un testimonio marcado con el precio de su sangre. 

Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras. Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.

3. Pero todo esto solamente es posible si reconocemos a Jesucristo, porque es él quien nos ha llamado, nos ha invitado a recorrer su camino, nos ha elegido. Anunciar y dar testimonio es posible únicamente si estamos junto a él, justamente como Pedro, Juan y los otros discípulos estaban en torno a Jesús resucitado, como dice el pasaje del Evangelio de hoy; hay una cercanía cotidiana con él, y ellos saben muy bien quién es, lo conocen. 

El Evangelista subraya que «ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor» (Jn 21,12). Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relación intensa con Jesús, una intimidad de diálogo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como «el Señor». ¡Adorarlo! El pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado nos habla de la adoración: miríadas de ángeles, todas las creaturas, los vivientes, los ancianos, se postran en adoración ante el Trono de Dios y el Cordero inmolado, que es Cristo, a quien se debe alabanza, honor y gloria (cf. Ap 5,11-14). 

Quisiera que nos hiciéramos todos una pregunta: Tú, yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a él también para adorarlo? Pero, entonces, ¿qué quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con él, a pararse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas. Cada uno de nosotros, en la propia vida, de manera consciente y tal vez a veces sin darse cuenta, tiene un orden muy preciso de las cosas consideradas más o menos importantes. Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer – pero no simplemente de palabra – que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia.

Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el carrerismo, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el corazón de cada uno, y que respondiéramos a ella con sinceridad: ¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida.

Queridos hermanos y hermanas, el Señor nos llama cada día a seguirlo con valentía y fidelidad; nos ha concedido el gran don de elegirnos como discípulos suyos; nos invita a proclamarlo con gozo como el Resucitado, pero nos pide que lo hagamos con la palabra y el testimonio de nuestra vida en lo cotidiano. El Señor es el único, el único Dios de nuestra vida, y nos invita a despojarnos de tantos ídolos y a adorarle sólo a él. Anunciar, dar testimonio, adorar. Que la Santísima Virgen María y el Apóstol Pablo nos ayuden en este camino, e intercedan por nosotros.

Así sea.

sábado, 13 de abril de 2013

El Papa y el gobierno de la Iglesia






Ofrecemos a continuación el comunicado emitido hoy por la Secretaría de Estado:

“El Santo Padre Francisco, siguiendo una sugerencia surgida en el curso de las Congregaciones generales precedentes al cónclave, ha constituido un grupo de cardenales para aconsejarlo en el gobierno de la Iglesia universal y para estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica “Pastor bonus” sobre la Curia romana.

Dicho grupo está compuesto por:

-Cardenal Giuseppe Bertello, Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

-Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo emérito de Santiago de Chile (Chile)

-Cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India).

-Cardenal Reinhard Marx, arzobispo de München und Freising (Alemania).

-Cardenal Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa (República Democrática del Congo).

-Cardenal Sean Patrick O'Malley, O.F.M. Cap., arzobispo de Boston (EE.UU)

-Cardenal George Pell, arzobispo de Sydney (Australia).

-Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, S.D.B., arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), con funciones di coordinador.

-Monseñor Marcello Semeraro, obispo de Albano (Italia) con funciones de secretario.

La primera reunión colectiva del grupo se ha fijado del 1 al 3 de octubre de 2013. Su Santidad está desde ahora en contacto con los mencionados cardenales.

Ciudad del Vaticano, 13 abril 2013 (VIS).-

jueves, 11 de abril de 2013

Los cristianos y la política



John Henry Newman, Los arrianos del siglo IV


 “Los cristianos se apartan de su deber… no cuando actúan como miembros de una comunidad, sino cuando lo hacen por fines temporales o de manera ilegal; no cuando adoptan la actitud de un partido, sino cuando se disgregan en muchos. Si los creyentes de la Iglesia primitiva no interfirieron en los actos del gobierno civil, fue simplemente porque no disponían de derechos civiles que les permitiesen legalmente hacerlo. Pero donde tienen derechos la situación es distinta, y la existencia de un espíritu mundano debe descubrirse no en que se usen estos derechos, sino en que se usen para fines distintos de los fines para los que fueron concedidos.
Sin duda pueden existir justamente diferencias de opinión al juzgar el modo de ejercerlos en un caso particular, pero el principio mismo, el deber de usar sus derechos civiles en servicio de la religión, es evidente. Y puesto que hay una idea popular falsa, según la cual a los cristianos, en cuanto tales, y especialmente al clero, no les conciernen los asuntos temporales, es conveniente aprovechar cualquier oportunidad para desmentir formalmente esa posición, y para reclamar su demostración.
En realidad, la Iglesia fue instituida con el propósito expreso de intervenir o (como diría un hombre irreligioso) entrometerse en el mundo. Es un deber evidente de sus miembros no sólo asociarse internamente, sino también desarrollar esa unión interna en una guerra externa contra el espíritu del mal, ya sea en las cortes de los reyes o entre la multitud mezclada. Y, si no pueden hacer otra cosa, al menos pueden padecer por la verdad, y recordárselo a los hombres, infligiéndoles la tarea de perseguirlos.”